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jueves, 12 de febrero de 2026

Madrid, ext.

de Juan  Cavestany, 2025. 93.
12 de febrero de 2026. Centro Niemeyer, Avilés.

Gentes y sitios de Madrid. Paisajes y paisanajes llenos de vida y hermosura, aunque quizá agonizantes. Rótulos pretéritos, tiendas y bares propicios para parroquianos fieles. Sin rastro alguno de imposturas turísticas. Pura vida madrileña, que también podría ser la de cualquier otra ciudad con lugares aún capaces de sobrevivir al paso del tiempo.  

Juan Cavestany estuvo en Avilés en noviembre con Andrés Lima y Albert Boronat  en un interesante coloquio con motivo de las funciones de 1936. De aquella visita surgió la idea de volver para presentar esta película cuyo título prolonga y responde a Madrid, interior, un retrato autofilmado por madrileños confinados. Madrid, ext. es una miscelánea de imágenes fascinantes con un montaje delicioso que convierte en un suspiro esta hora y media de retratos sucesivos sin pretensiones de sistematismo ni de exhaustividad, pero que, sin embargo, levantan acta de lo que todavía es, y sobre todo ha sido, esa ciudad que ahora parece tener más ambiciones globales que valores locales. En el coloquio, Cavestany subrayó muy oportunamente que la música de Guille Galvan no es aquí una banda sonora que acompaña a la película, sino que tiene la misma importancia que las imágenes y en gran medida el montaje ordenó estas para acompañar a la música y no al revés. En esta semana en que José Luis Guerín estrena Historias del buen valle (esa segunda joya tras En construcción sobre la vida urbana barcelonesa), la película de Cavestany nos ofrece una perspectiva formalmente distinta sobre su ciudad, aunque con cierta sintonía con aquellas. El coloquio derivó hacia valoraciones sobre el carácter de Madrid y las presencias o ausencias de lugares y temas de esa ciudad en la película. Hubiera sido interesante haber tratado también aspectos sobre la representación cinematográfica del fenómeno urbano (cuánto seguimos añorando aquel lejano Ficarq que tuvo su sede en esta sala) o lo que suponen estas dos películas en la trayectoria fílmica de un director con trabajos tan singulares y formalmente tan distintos de ellas como Gente en sitios, Esa sensación o Un efecto óptico. De lo que no hay duda es de la brillantez con que afronta su trabajo tanto en el cine como en el teatro. Sea por lo uno o por lo otro, ojalá que Juan Cavestany vuelva pronto por aquí.  

domingo, 28 de marzo de 2021

Un efecto óptico

de Juan Cavestany. Francia, 2020. 80.
28 de marzo de 2021. Cines Los Prados, Oviedo.

Un matrimonio de Burgos va a pasar unos días de vacaciones en Nueva York. La ciudad les resulta muy extraña porque no les parece extraña. A veces sienten que no están allí. Incluso podrían estar dentro de una película. O en sucesivas variaciones de una película sobre un matrimonio de Burgos que va a pasar unos días de vacaciones en Nueva York. 

Gente en sitios, Esa sensación, Madrid, interior... Con Un efecto óptico Juan Cavestany nos ofrece un nueva entrega de ese cine suyo hipersurrealista y cautivador en el que lo cotidiano se hace extraño y la extrañeza se convierte en la mejor perspectiva para contemplar la realidad. Hay que saber hacer muy bien las cosas y tener mucho atrevimiento para parar una película a la mitad, decirle a uno de los personajes que está en una película y volver a empezar. Y hacer eso varias veces en las variaciones con repetición (o en las repeticiones con variación) que protagoniza esa pareja (in)feliz compuesta primorosamente por Carmen Machi y Pepón Nieto a los que de vez en cuando acecha el personaje lobuno de Luis Bermejo. El cine de Juan Cavestany es un género en si mismo, una forma de entender la verosimilitud de las historias como un efecto óptico con el que es posible jugar. Y nadie lo hace como él.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Madrid, interior

de Juan Cavestany. España, 2020. 75’.
12 de diciembre de 2020. X Festival Márgenes. Filmin.

Gente en casa. Entre el 24 de marzo y el 24 de abril de 2020. Confinados, aburridos, entretenidos, concentrados, divagantes, afanosos, ensimismados. Los vemos en escenas de una cotidianidad doméstica en la que quedarse en casa resultaba lo más extraño del mundo. De hecho, Juan José Millás se preguntaba cómo sería volver a casa después de tanto tiempo sin salir de ella.

Las anteriores películas de Juan Cavestany fueron Gente en sitios y Esa sensación, ambas estupendas. Y esos títulos resumen muy bien lo que muestra esta obra coral hecha con retales de cotidianidad autofilmada.  Porque lo que hace Madrid, interior es tratar de captar y multiplicar las sensaciones de la gente sitiada. Esas sensaciones que vivimos en esta última primavera tan insólita y tan tremenda. En torno a aquellos tiempos confinados  se han multiplicado últimamente los cortometrajes y han aparecido ya varios documentales. En el festival de Huelva vimos 2020 de Hernán Zin y ayer mismo se inauguró en Barcelona el FCDHBCN con CoroNation de Ai Weiwei. Pero con Madrid, interior Juan Cavestany nos ofrece otra cosa. Instantes íntimos y banales de aquellas circunstancias pandémicas en las que a muchos se nos paró la vida durante unos meses. Así que nada de lo que se muestra es muy singular ni extraordinario. Y quizá por eso resulta tan cautivador.

jueves, 2 de junio de 2016

Esa sensación

de Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando. España, 2015. 79.
2 de junio de 2016. Laboral Cinemateca, Gijón.

Objetos urbanos que enamoran a una mujer. Impertinencias verbales que se contagian entre la gente. Y la fe que descubre un hombre al que espía su hijo.

Tres directores para tres cuasihistorias intercaladas. Las tramas se anudan magníficamente en una urdimbre surrealista. Juan Cavestany ya la había utilizado con total libertad en la cautivadora Gente en sitios. Pero Esa sensación es todo un homenaje a los actos fallidos, a los amores dislocados, a las grietas existenciales que dejan intuir lo que está más allá (o más acá) de la experiencia religiosa, de la sublimación fetichista y de los juegos del lenguaje. Aunque no lo parezca hay mucho orden en esta singular película de apariencia onírica. Por ejemplo, el de esa escalera que, además de consuelo nocturno para esa mujer enamorada, es también metáfora de su itinerario erótico por esos objetos de deseo urbano que pueden ser un peine, una barandilla, un parquímetro, una roca, un puente o toda una ciudad. También tiene mucho sentido la relación entre ese padre que cuando está solo actúa como si Dios lo viera (igual que decía Sir Edwin Lutyens y recordaba Óscar Tusquets) y así se lo explica a un hijo que es precisamente quien lo ve. Y, por supuesto, también es virtuoso el círculo lingüístico conformado por esa gente que dice cosas extrañas y también otras tan lúcidas como que debería haber una palabra que significara a la vez gracias y perdón. Cuando el cine es fascinante uno siente que también le faltan palabras para explicarlo. Así es Esa sensación.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Gente en sitios

de Juan Cavestany. España, 2013. 83. 
14 de diciembre de 2013. Teatro Filarmónica, Oviedo.

Una pareja pide la cena, el camarero toma nota y no deja de escribir. Otra pareja recorre un piso con el vendedor de una agencia, él desaparece y llegan los dueños. Un hombre no sabe andar, otro le enseña. A una mujer le molesta el felpudo de su vecino. Un hombre no sabe beber, otro le enseña. Unos amigos quieren gastarle una broma a una compañera que va hacia su coche. Un hombre llega a una estación equivocada donde otro no le espera. Un hombre no sabe dormir, alguien le enseña.

Decenas de micrometrajes como esos se encadenan sin solución de continuidad en esta película sobre los actos fallidos, sobre los absurdos cotidianos, sobre gente a la que le pasan cosas extrañas en sitios corrientes. Retales filmados como sugerentes esbozos de cortometrajes posibles. Hiperrealismo onírico que recuerda a los sketches hilarantes de José Mota, pero también a la poderosa mirada del primer Buñuel. Una propuesta con momentos inquietantes hecha con nanorrelatos que parecen dispersos, pero también hilvanados con esa extraña lógica que encadena los sueños.