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martes, 20 de diciembre de 2022

As bestas

de Rodrigo Sorogoyen. España, 2022. 137.
20 de diciembre de 2022. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

En una zona remota de los Ancares viven Antoine y Olga, una pareja francesa que ha decidido dedicarse a cuidar de sus huertos. Ellos se oponen a la instalación de generadores eólicos en sus tierras, lo que hace que la relación con algunos vecinos sea muy complicada. Especialmente con los hermanos Anta que le hacen la vida imposible a Antoine. Literalmente.

Paísajes bellísimos en otoño y paisanajes difíciles en la madurez. Inspirándose en una historia real, Rodrigo Sorogoyen ha filmado el devenir de un conflicto que tiene aires de tragedia clásica. Con la máxima contención formal incluye escenas de bellísima simetría como el preámbulo con los lugareños sometiendo a las bestias (que recuerda las hermosas fotografías de Cristina García Rodero) y esas dos bestias reduciendo al forastero en el momento más dramático de la historia. También hay simetrías muy sugerentes en las soledades que esperan a esas mujeres o entre la presión de la hija a la madre en el diálogo de la cocina y la que sufre el advenedizo por parte de los oriundos. Pero Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen tiene el buen tino de evitar cualquier maniqueísmo en esta historia al hacer que el arisco personaje que clava magníficamente Luis Zahera tenga también una salvaje finura retórica que permite comprender sus motivaciones en la pugna con el buen francés que interpreta el siempre estupendo Denis Ménochet. A su lado, el personaje de una contenidísima y perfecta Marina Foïs tendrá todo el protagonismo en el tramo final de la película. As bestas es una joya que nos vuelve a recordar que Sorogoyen es uno de nuestros grandes directores. Y se une a esa curiosa serie de películas recientes (Suro, Cerdita, Secaderos, Alcarràs...) que se desarrollan en entornos rurales poco complacientes con aquella moda naif del regreso romántico a los pueblos.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Madre

de Rodrigo Sorogoyen. España, 2019. 129.
25 de noviembre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Hace diez años Elena perdió a Iván. Lo sabemos por esa desgarradora conversación telefónica que la madre mantiene con el niño perdido en una playa francesa. Desde entonces ella vive allí. Y busca en los rostros de los adolescentes que se encuentra en la arena algo que le recuerde a aquel hijo. Lo encontrará en un chico parisino con el que mantendrá una relación singular.

El primer plano secuencia es el sobrecogedor cortometraje con el que Rodrigo Sorogoyen obtuvo hace dos años un Goya y mereció conseguir también un Oscar. Solo por encontrarlo ahora como preámbulo en esta espléndida película ya ha merecido la pena venir a verla. Pero la historia continúa diez años después con el personaje doliente que interpreta una Marta Nieto impresionante acompañada magníficamente por el joven Jules Porier y por ese Àlex Brendemühl al que siempre da gusto ver. Madre es un verdadero ensayo sobre el duelo y el amor. O mejor dicho, sobre el consuelo y los amores. Una joya bilingüe que me confirma, no solo que Sorogoyen es un director sobresaliente, sino que, siendo impecable en películas tan buenas como Que Dios nos perdone o en Reino, donde se revela como un cineasta imprescindible es en los retratos humanos y en la forma en que sigue los movimientos de los afectos en películas como esta o Stockholm. Seguramente recibirá propuestas para hacer cine espectacular y sin duda hará obras magníficas, pero yo preferiría que hiciera más películas con caligrafías psicológicas y formales tan perfectas como estas.

lunes, 1 de octubre de 2018

El reino

de Rodrigo Sorogoyen. España, 2018. 122.
1 de octubre de 2018. Cines Parqueastur, Corvera.

El líder regional del partido ha sido descubierto. Es un nodo relevante de las tramas de corrupción política y podría entrar pronto en la cárcel. Intentará evitarlo haciéndose con pruebas de lo mucho que sabe sobre unos manejos que podrían salpicar a muchos. O a todos. 

El director de Stockholm y Que Dios nos perdone ha vuelto a hacerlo. El reino es otra película magnífica con la que Rodrigo Sorogoyen ha decidido poner la mirada sobre una corrupción sistémica y bien reconocible. Aquí está ficcionada, pero viene a ser la misma que, con transcripciones literales de los interrogarios del juez Ruz a Bárcenas, nos mostró aquella obra de teatro magistral (Ruz-Barcenas) y aquella película imprescindible (B) protagonizadas nada menos que por el gran Pedro Casablanc. Aquí nuestro héroe corrupto está encarnado por ese actor impresionante llamado Antonio de la Torre que ya no interpretará nunca a ningún personaje que no convierta en inolvidable. A su lado están también magníficos todos los demás, pero especialmente el maestro José María Pou, en el papel del patriarca de ese reino, y la siempre cautivadora Bárbara Lennie que está estupenda en toda la película pero que, con ese magnífico careo final televisado con Antonio de la Torre, parece querer recordarnos lo sublime que fue su duelo teatral con Israel Elejalde en aquella extraordinaria obra que fue La clausura del amor del gran Pascal Rambert. El reino ya sería cine del bueno, impecable y exportable, aunque solo fuera una ficción. Pero a pesar de que Sorogoyen toma precauciones y se cuida de que las referencias a las tramas peperas nunca sean expresas, su película es todo un retrato de las mayores vergüenzas de los últimos años en este país. Incluso se permite pequeños ajustes de cuentas (como el del trasunto de Ana Pastor en la última escena de Bárbara Lennie) que también se agradecen. Así que, otra vez, uno solo desea que la película tenga tanto éxito como merece y que su director pueda hacer muy pronto la siguiente.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Que Dios nos perdone

de Rodrigo Sorogoyen. España, 2016. 125.
3 de noviembre de 2016. Cines Parqueastur, Corvera.

Dos policías del grupo de homicidios investigan el asesinato de una anciana en el centro de Madrid. Uno vive solo y es tartamudo y huraño. El otro es violento e impulsivo y sufre lo indecible al saber ese verano que su mujer le engaña.  Para los demás el crimen parece obvio, pero ellos descubren que la anciana ha sido violada. Después habrá otros casos parecidos que tampoco recogerá la prensa.

Hace solo dos meses Raúl Arevalo nos sorprendió con su magnífica Tarde para la ira. Ahora Rodrigo Sorogoyen nos ofrece otra buena muestra de ese género emergente que podríamos llamar thriller ibérico (en el que también se podrían incluir otras películas tan estupendas como Magical girl) y que le da mil vueltas a la mayoría de las  películas americanas de crímenes y policías que se proyectan en nuestros cines. El director de la extraordinaria Stockholm nos presenta aquí una historia policial muy truculenta en la que no es más interesante el eje central de la investigación que los retazos sobre los dramas vitales de esos policias. El guión está magníficamente escrito. La cámara se mueve con pertinencia y atrevimiento. La historia fluye sin trampas ni giros innecesarios. Y los actores están todos soberbios. Antonio de la Torre vuelve a bordar un personaje magnético que añade nuevos tonos a esa paleta dramática que con la que ha conseguido trabajos tan magníficos como los de los personajes protagonistas de Caníbal o Tarde para la ira. Roberto Álamo está espectacular en el papel de ese policía colérico pero noble que tanto me recuerda su fenomenal interpretación con Sergio Peris-Mencheta en aquella otra impresionante pareja de policías de Lluvia constante, estrenada en el Palacio Valdés hace poco más de un año.  El camaleónico Javier Pereira también está tremendo e irreconocible en este papel siniestro y extrañamente edípico que  resulta tan diferente del que interpretó en Stockholm. Con protagonistas así el resto de los actores serían meros comparsas en cualquier otra película. Pero no en Que Dios nos perdone. Aquí hasta los que tienen papeles muy breves nos hacen sentir que también serían magníficas otras películas posibles en las que sus personajes fueran los protagonistas. Pero es que, además, al policía tartamudo le encantan los fados y la película se cierra con la voz de Amalia Rodríguez cantando el que le da título. ¿Qué más se puede pedir? Solo dos cosas. Que la película tenga el éxito que merece y que Rodrigo Sorogoyen estrene pronto otra.

sábado, 25 de enero de 2014

Stockholm

de Rodrigo Sorogoyen. España, 2013. 90’.
25 de enero de 2014. Centro Municipal Integrado Pumarín, Gijón.

Él la ve en una fiesta. Ella le mira un instante. Él le dice que se ha enamorado. Ella se va. Él la sigue. Ella no quiere estar con él. Él insiste. Parece loco de amor por ella. Se lo demuestra con simpatía. Y en la azotea de su casa la convence antes del amanecer. Ella despierta. Él ya se ha levantado. Ella quiere quedarse. Y que él se quede con ella. Él tiene que irse. Y quiere que ella también se vaya. La mañana no es como la noche. Él ya no parece enamorado. Pero ella no cede e insiste en quedarse. Él la maltrata. Ella sube a la azotea. Y también le demuestra que está loca por él.

Magnífica. Naturalista. Onírica. Simétrica. Deliciosa. Inquietante. Singular. Todo eso y mucho más es esta más que sobresaliente Stockholm de Rodrigo Sorogoyen. El diálogo preambular entre los dos amigos es ya una cautivadora aproximación a ese mundo veinteañero en versión masculina. Luego, el asedio nocturno de ese depredador simpático parece un espléndido homenaje madrileño al cine de Linklater con un guión perfecto que no se sabe a dónde llevará. Y de repente otra película. En la que el blanco de la mañana y la cortesía fría de él le pone las cosas muy negras a ella. Y a nosotros, que nos sentimos engañados por aquella deliciosa locura de amor que parece haberse  desvanecido y que ahora tememos la locura que todo esto puede provocar. Pero ella no hace lo que se espera. No acepta haber sido engañada. Se rebela y nos muestra la otra cara de la moneda. La prueba de amor de él nos resultó muy grata, pero la de ella nos parecerá terrible. Si la intención de Sorogoyen fuera feminista (quizá también lo es) sus simetrías inversas serían una de las más lúcidas y refinadas denuncias de la desigualdad entre los sexos que se han visto en una pantalla. Pero su película es mucho más que eso. También formalmente. La azotea en la que ella parece mandar en la mañana no solo se opone a la de las vistas nocturnas de las que él se sabe dueño. También a esa calle en que él devora la vida y ella le ofrece la suya. Pero quizá esa mañana blanca y oscura no haya ocurrido. Quizá solo sea una pesadilla de ella. Y quizá la noche también sea solo un sueño de él. Quizá los dos aún deban despertar.