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martes, 26 de marzo de 2019

La casa de Jack

de Lars von Trier. Dinamarca, 2018. 150’.
26 de marzo de 2019. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Pulsiones sádicas de un neurótico obsesivo que mata a la gente por amor al arte. Al arte de asesinar. Uno a uno va trasladando los cuerpos de sus víctimas en una furgoneta roja hasta una gran cámara frigórifica que tiene en un callejón.

La voz en off y la presencia final del personaje que interpretó Bruno Ganz dan pedigrí de calidad a una película que está más próxima al cine sádico de Tarantino que al apasionado de Pasolini. Tras ver a solas una noche el Anticristo en los añorados Cines Marta creí que el director danés no podría ir más allá en sus desbarres inhumanos. Pero me equivocaba. Con La casa de Jack ha conseguido que esta tarde unos hayan escapado de la sala y otros hayan dejado escapar esas risitas estúpidas que les salen a algunos cuando la tensión se les hace insoportable. Los coqueteos cuasifilonazis, la truculencia obscena y la perreta misógina del director danés no se justifican ni compensan con los momentos bien escritos que el guión también tiene ni con la aparente voluntad reflexiva de altos vuelos estéticos y teológicos con que se pretende barnizar la aspereza de la historia. Así que, aunque la película parece presentarse como cine de culto yo la veo más adecuada para satisfacer la barbarie palomitera (de hecho, ha estado en las salas más comerciales ocupando el espacio del cine más gore). Me temo que, igual que a Tarantino, a von Trier le puede esa querencia por pasarse y por demostrarnos lo bien que se lo pasa el público mientras ve lo que no debería ver. En fin, que me parece mentira que este sádico de querencias existencialistas sea el mismo que dirigió Rompiendo las olas, Bailar en la oscuridad, Dogville o Melancolía.

sábado, 1 de febrero de 2014

Nymphomaniac. Parte 2

de Lars von Trier. Dinamarca, 2013. 117’. 
1 de febrero de 2014. Cines Centro, Gijón.

El relato de la ninfómana sigue hasta el amanecer. El masoquismo terapéutico, la maternidad culpable y la tutela lésbica son algunos de los temas con los que Joe continúa su confesión con Seligman.

La catársis de la mujer ninfómana sigue motivando las reflexiones del hombre célibe.  La iglesia oriental y la iglesia occidental (el pato silencioso), El espejo y La pistola son los tres capítulos de la segunda entrega de esta indagación sobre la condición humana y el sexo. Las confesiones de von Trier siguen estando muy presentes en este relato vital (en femenino) que es a la vez una meditación conceptual (en masculino). Von Trier cuestiona expresamente la mutilación del lenguaje por su uso políticamente correcto y asume riesgos importantes como su matizada reivindicación del mérito de aquellos pedófilos (según él la mayoría) que llevan una vida irreprochable reprimiendo siempre la realización de sus deseos. Incluso cuando su discurso expreso puede parecer más aceptable y feminista (como en el repaso absolutorio que Seligman hace de los pecados de Joe con solo imaginarlos en su versión masculina) un comentario desganado de ella disipa cualquier duda sobre las pretensiones edificantes de von Trier. Es una historia compleja que resume (a veces de forma expresa, como en la escena que recupera el dramático detonante del Anticristo) muchos de los temas que obsesionan al director danés. El fundido en negro final vuelve a ser muy relevante. Porque marca el disonante punto de llegada de un periplo emocional que ha trastocado los roles de quien relata y de quien valora. Los dos parecen querer cruzar al otro lado. Aunque quizá eso que no vemos al final de la película haya sido solo lo que ella sueña cuando él se va. Un buen final para la historia de una noche que ha llegado a nuestras pantallas escindida y con una espera demasiado larga.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Nymphomaniac. Parte 1

de Lars von Trier. Dinamarca, 2013. 117’. 
27 de diciembre de 2013. Cines los Prados, Oviedo.

Una mujer herida yace en un callejón. La encuentra un hombre maduro que la lleva a su casa. Ella le cuenta diversos episodios de su vida. Y de su ninfomanía.

La película duraría más de cinco horas pero, con permiso de von Trier (se dice al inicio), se exhibe en dos partes de dos horas cada una. Las historias que la ninfómana relata a su inesperado confesor se organizan en varios capítulos. La pescadora de caña, Jerome, La señora H., Delirio y La escuela del pequeño órgano, son los de esta primera parte. Tras una hermosa escena preambular con la cámara fascinada por la lluvia en el callejón invernal (que en cierto modo recuerda el sorprendente arranque del Anticristo), las glosas empáticas del escuchante se van intercalando en el desarrollo de esos episodios relativamente independientes pero con nexos relevantes. El pecado, la religión, la música o la literatura marcan más el tono de la película que las escenas de sexo explícito (que las hay). También parece haber pequeños guiños autorreferenciales como el de los incumplimientos del código de las pequeñas ninfómanas (¿una ironía sobre lo que ha quedado de la disciplina Dogma?) o la diferencia entre el antisionismo que defendería el protagonista y el antisemitismo que, según él, le adjudican algunos. La historia casi a dos voces de la iniciación en el tren en La pescadora de caña, la muerte del padre en Delirio o la polivisión sobre la polifonía de La escuela del pequeño órgano son algunos de los momentos que me han parecido más logrados de una película extraña pero atrayente. Antes del fundido en negro (simétrico al que la abre), esta primera parte termina con la protagonista diciendo "no siento nada", algo sorprendente tratándose de una ninfómana. En la segunda parte sabremos qué le pasa.