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martes, 29 de abril de 2025

Grand Tour

de Miguel Gomes. Portugal, 2024. 129.
29 de abril de 2025. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

En 1917 Edward trabaja para el gobierno británico en Birmania. Tras siete años de noviazgo, Molly viene para casarse con él. Pero el día en que ella llega a Rangún, él abandona la ciudad y viaja por distintos lugares de Tailandia, Vietnam, Japón, China y Tibet, sintiéndose cada vez más melancólico por huir de ella. Molly, tenaz y divertida, sigue sus pasos en ese periplo. Hasta el final.

En lo formal es (casi) una elegante película en blanco y negro. Pero también podría ser un documental sobre las bellezas del Oriente más extremo con imágenes de lugares por los que (casi) no pasa el tiempo. Grand Tour parece querer evocar con ese título los viajes juveniles de las élites del XVII para descubrir las maravillas renacentistas y barrocas del Sur. Pedro Gomes sitúa en otro 17 a esta pareja que huye (él) y persigue (ella) mientras van encontrando delicias orientales. El horizonte aquí no es ingresar en la edad adulta con el gusto más refinado, sino buscar, o evitar, un encuentro que en el tramo final de la historia recuerda un poco a aquel otro viaje, también por territorios coloniales, que Joseph Conrad imaginó en El corazón de las tinieblas. Más que con la trilogía de Las mil y una noches, Grand Tour tiene bastante que ver con Tabú. Ambas se vertebran en la dualidad (formal y temática) y rememoran lugares exóticos y coloniales, pero mientras que en Tabú presentaba historias y formatos yuxtapuestos, aquí Miguel Gomes los entrevera. Reconozco que su cine es difícil y bastante propicio para la deserción o el tedio, pero debo decir que esta combinatoria poscolonial cada vez me parece más interesante.

domingo, 14 de mayo de 2017

Las mil y una noches: Vol. 3, El embelesado

de Miguel Gomes. Portugal, 2015. 125’.
14 de mayo de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Más historias de Sherezade en versión portuguesa. Al principio con ambientación orientalizante y personajes ficticios en atardeceres costeros y estivales. Después, la historia de los pajareros, unos hombres humildes y rudos que, sin embargo, resultan eruditos y refinados en el trato con los pinzones y sus cantos. También vemos imágenes de una manifestación de policias lisboetas mientras escuchamos el cuento de una china que vino a Portugal. 

Hace casi un año vimos en Madrid las dos primeras partes de esta trilogía. El día de la tercera preferimos optar por el teatro y disfrutar por última vez de aquel lugar extraordinario que fue La pensión de las pulgas. Así que, aprovechando que las tres películas se han proyectado esta semana en el Niemeyer, por fin he podido ver la tercera. El embelesado es menos variada que las dos anteriores. Al comienzo Miguel Gomes dedica más tiempo a esas pseudoficciones orientalizantes que a mi me interesan menos. Luego, la mayor parte de la película la ocupa una especie de documental, entre hiperrealista y poético, sobre los pajareros portugueses. Como el tema me interesa mucho (desde pequeño he tenido y criado canarios) y, aunque mi gusto por lo ornitológico tiene más que ver con prismáticos y telescopios que con redes, liga y jaulas diminutas, reconozco que, aún repugnándome la rapiña que practican, me interesa lo que hacen estos apasionados depredadores de los cantos y hasta encuentro cierta ternura en su afición. Así que comprendo perfectamente por qué apenas éramos una docena los espectadores de hoy (algunos desertaron antes del final), entiendo que Miguel Gomes tenga más reconocimiento de la crítica que del público (la verdad es que sus películas son muy pesadas), pero entre lo mucho que me gusta Portugal, lo bien que llevo las películas entre naturalistas y oníricas y que hoy daba gusto escuchar a los pinzones y ver la delicadeza de estos rústicos pajareros, al final no me quedará mal recuerdo de esta curiosa trilogía tan poco apta para tantos públicos.

sábado, 9 de julio de 2016

Las mil y una noches: Vol. 2, El desolado

de Miguel Gomes. Portugal, 2015. 131’.
9 de julio de 2016. Cines Golem, Madrid. V.O.S.

La voz en off de Sherezade sigue contándole al rey historias portuguesas. La de un fugitivo solitario al que la gente aclama cuando es capturado. La de una juez que analiza la complejidad de los casos que tiene que juzgar ante una audiencia pública al aire libre. La de un perro bondadoso y desmemoriado que entrega todo su amor a sus sucesivos dueños en un barrio periférico.

Más cruces toscos entre realidad y ficción. Más historias surrealistas que hablan confusamente de cosas inciertas o ironizan tristemente sobre avatares concretos de gentes portuguesas. Y más historias con animales para entender a los humanos. Así es este segundo volumen de Las mil y una noches de Miguel Gomes. La parte del perrito es la más llevadera de esta larga película que me deja con pocas ganas de terminar de ver esta tarde su trilogía (mejor iremos a La Pensión de las Pulgas a disfrutar con una propuesta de teatro íntimo). Así que sigo sin comprender a esa crítica que encontró una joya en Tabú y una mina en estas pesadas seis horas y pico de Las mil y una noches. Al lado de trabajos tan extraordinarios sobre la realidad portuguesa como el de Joaquim Pinto en E agora? lembra-me, no entiendo qué tiene este director para que en el último palmarés del festival de Sevilla esta película triple pudiera quedar cerca de La academia de las musas de José Luis Guerín, ese verdadero maestro en el arte de tejer con una cámara los hilos que unen a la realidad con la ficción.

viernes, 8 de julio de 2016

Las mil y una noches: Vol. 1, El inquieto

de Miguel Gomes. Portugal, 2015. 125’.
8 de julio de 2016. Cines Golem, Madrid. V.O.S.

Conflictos laborales en los astilleros de Figueira da Foz. Una plaga de insectos que amenaza a las abejas. Un director de cine que se plantea filmar una ficción enmarcada en la crisis portuguesa y echa a correr. Una reunión entre políticos portugueses y la troika europea. Unas vírgenes en un cuento de Sherezade.  Un gallo que canta en la noche y que cuenta, a quien es capaz de entenderlo, una historia de amores infantiles. Una ballena y una sirena varadas en una playa. Y cientos de personas que corren hacia el mar en el primer día del año. Son los primeros cuentos portugueses de Las mil y una noches.

Tras una intensa y grata semana en Aveiro (Seminario Iberomericano CTS y reunión del grupo de educación de la Cátedra Ibérica CTS+I) ayer estuve disfrutando con algunos amigos de una preciosa tarde de verano cerca del farol da barra, en la playa de Costa Nova. Hoy vuelvo al mismo lugar en una pantalla de la calle Martín de los Heros que me muestra imágenes grises de una ballena en la arena y de portugueses que corren hacia el mar como queriendo huir de la crisis invernal que asoló su país hace bien poco. Esas escenas y algunas otras (las del cuento del gallo, las de la reunión de los políticos, las de la incineración de los nidos de insectos...) me parecen poderosas en una película que, en general, me resulta más áspera y confusa que cautivadora. Así que le daré otra oportunidad al director de Tabú y mañana volveré a los Golem para ver el segundo volumen de esta aclamada trilogía.

jueves, 11 de abril de 2013

Tabú

de Miguel Gomes. Portugal, 2012. 118’. B/N
10 de abril de 2013. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.

En un tiempo bien fijado (del 28 de diciembre de 2010 al 3 de enero de 2011) y un espacio definido (el de una Lisboa con poca vida) transcurren los últimos días de Aurora, una anciana solitaria a la que cuida su asistenta Santa y por la que se preocupa su vecina Pilar. En otro tiempo Aurora había vivido en África una intensa historia de amor con Ventura, un anciano al que Pilar localiza y cuya voz da sentido a las imágenes de aquel año en que vivieron una pasión adúltera mientras ella gestaba a su hija.

Un preámbulo poético con cocodrilo simbólico, una primera parte (Paraíso perdido) con parsimonia casi exasperante y una segunda parte (Paraíso) rodada en 16 mm con sonido pero sin voces, componen esta extraña película. Todo lo que cuenta resulta distante. Y no solo en la evocadora segunda parte africana, sino también en los diálogos hieráticos de la primera parte lisboeta. Algunas simetrías entre esas dos partes y esas vidas (la "saudade" del invierno portugués actual frente a la pasión de la primavera africana colonial, la relación tímida entre Pilar y su amigo pintor en la madurez y la relación apasionada entre Aurora y su amante músico en la juventud, la hija que evita a Aurora cuando viene de Canadá y la joven que viene de Polonia y no quiere ir a casa de Pilar…) articulan una película que, con mucho menos acierto que The Artist o Blancanieves, también apuesta por recobrar el cine (medio) mudo. Aunque tiene elementos y guiños que hacen probables las buenas críticas que está recibiendo, Tabú no ha llegado a agradarme ni a interesarme. La encuentro más propicia para una cinefilia analítica (e impostada) que para el disfrute (sincero) de lo que muestra la pantalla.