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domingo, 2 de junio de 2024

Puan

de María Alché y Benjamín Naishtat. Argentina, 2023. 111’.
2 de junio de 2024. Cines Embajadores-Foncalada, Oviedo.

El jefe de la Cátedra de Filosofía Política de la UBA acaba de morir. Su sustituto natural en la sede de Puan debería ser Marcelo Pena, su colaborador más cercano. Pero acaba de llegar a Buenos Aires Rafael Sujarchuk, un exitoso colega que viene de Alemania y también aspira al puesto. Así que serán tiempos difíciles para el pobre Pena.

Una comedia sobre la tragedia de un hombre ridículo. Marcelo Subiotto lo interpreta magníficamente. De hecho, fue premiado en San Sebastián por su excelente trabajo con este personaje abrumado. El contraste con el profesor exitoso, que tan bien encarna Leonardo Sbaraglia (con posible ironía sobre su éxito como actor fuera de Argentina), hace de Puan una película muy divertida sobre los entornos universitarios de Buenos Aires. En esto podría ser el contrapunto ligero de El estudiante de Santiago Mitre. Pero Puan tiene más carga de profundidad de lo que parece. Estrenada en tiempos de motosierras, retrata, con comicidad no exenta de amargura, las derivas que está sufriendo la universidad pública Argentina. Ni María Alché (la directora de Familia sumergida) ni Benjamín Naishtat (el director de Rojo) han hecho, ni hacen aquí, un cine banal. Que sonriamos viendo las cuitas de este profesor no reduce el pesimismo melancólico que destila la historia. Frente a los fulgores pretéritos de la cultura porteña, esa conmovedora Niebla del Riachuelo que Marcelo Subiotto entona (casi recita) en la escena final en El Alto es casi una declaración sentimental sobre la triste situación de Argentina en estos tiempos mileicos.

sábado, 10 de agosto de 2019

Rojo

de Benjamín Naishtat. Argentina, 2018. 109.
10 de agosto de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Un abogado  que iba a cenar con su mujer tiene una disputa en un restaurante con un hombre recién llegado. La cosa se complica y a la salida el extraño se pega un tiro delante de él. El abogado lo mete en su coche con intención de llevarlo a un hospital pero luego cambia de opinión y lo abandona en el desierto. Tiempo después, sabrá quién era ese hombre y también algunas cosas que están pasando en su ciudad. Es 1975 y falta poco para el golpe militar.  

El preámbulo con el plano fijo de una casa de la que sale gente portando cosas resulta extraño e inquietante. Así que antes de los créditos iniciales la película ya cautiva. Y lo seguirá haciendo en esa primera escena en el restaurante que tiene tanto de teatral. A partir de ahí se van sucediendo escenas que son como un puzle de circunstancias en torno al personaje que borda un Darío Grandinetti al que, como siempre, da gusto ver. Todo está magníficamente ambientado en los entornos de una clase media provinciana que ya intuía (y deseaba) el golpe militar en Argentina. Así que, bajo la apariencia de una historia contenida de cine negro, Benjamín Naishtat nos ofrece un retrato lleno de alusiones y metáforas (el encuentro y los regalos que intercambian los gringos y el intendente, la pieza de danza que prepara la hija del abogado, el eclipse que todos menos él quieren ver...) sobre las actitudes y las atmósferas de aquel tiempo extraño. Así que el puzle encaja retrospectivamente. Y no solo cuando acaba la película y uno entiende la primera escena y descubre quién era el último tipo que aparece en ella y por qué llevaba esa peluca que tan oportuna simetría simbólica tiene con la que al final portará el personaje de Grandinetti. También porque Rojo no trata solo de un abogado que oculta algo o de un hombre que desaparece, sino de un país y de un tiempo en el que desaparecer u ocultar algo se convirtió en habitual.

viernes, 20 de noviembre de 2015

El movimiento

de Benjamín Naishtat. Argentina, 2015. 70’.
20 de noviembre de 2015. Cines Centro, 53º Festival de Cine de Gijón (sección: llendes). 

Tiempos de peste, anarquía y guerra en Argentina. Territorios abiertos en los que un líder intenta conseguir adeptos para un movimiento con el que pretende salvar a la patria.

El formato cuadrado y la búsqueda pretérita podrían recordar a la interesante Jauja de Lisandro Alonso. Pero, aunque la interpretación y la voz de Pablo Cedrón son poderosas, siento que me faltan claves para entender lo que se me propone en este periplo.