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domingo, 18 de abril de 2021

Cartas mojadas

de Paula Palacios. España, 2020. 81.
18 de abril de 2021. Centro Niemeyer, Avilés.

Migrantes en el Mediterráneo. Entre Turquía y Lesbos, en las cercanías de las costas libias y también en medio del mar. Los trabajos y los días de las gentes de Open Arms haciendo todo lo que pueden con los medios de que disponen. Y el contraste entre la esperanza de quienes vienen y la forma en que son tratados cuando llegan a nuestras ciudades.

Con un tema como ese y las facilidades que se han tenido (poder filmar a bordo del Open Arms y a bordo de una patrullera libia) la película debería ser rotunda, conmovedora y sumamente útil. Sin embargo, hay subrayados musicales innecesarios, una voz pretendidamente poética que nos habla desde el fondo del mar y un montaje que intercala de forma mejorable escenas en las calles de París con lo que está sucediendo en el barco. En todo caso, Cartas mojadas se une a la serie de películas necesarias que intentan levantar acta de esas tragedias que tanto nos conciernen en las ciudades asediadas en Siria, en las aguas del Mediterráneo (o del Atlántico) o en los campos de refugiados de Europa y sus aledaños.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Meseta

de Juan Palacios. España, 2019. 89’.
16 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Rellumes).

Un ortomapa mesetario sirve de preámbulo. Luego bajamos a tierra y acompañamos a un rebaño de ovejas cruzando por debajo de una autovía. Finalmente las recogeremos con los perros antes de que llegue la tormenta. En medio, la vida cotidiana de las gentes de este paisaje ancho y fascinante de la meseta castellana.

Ni una sola vez se dice, ni en la película ni en el estupendo coloquio posterior, la España vacía (y mucho menos esa estupidez de la España vaciada -pobre Sergio del Molino, él no tiene culpa de lo que ha pasado con el título de su libro-). Y eso ya es un gran mérito de Juan Palacios. El otro es saber contar, no una historia, sino un espacio humano. Meseta es un estupendo documental que merece (que los está recibiendo) muchos premios. Sobre todo porque lo que muestra nunca es impostado. Parte de esa inspiración que el director reconoce que procede de esos veranos zamoranos de su infancia (los de la mía fueron, y siguen siendo, salmantinos). Meseta tiene la dosis justa de seriedad y de humor para que lo uno no se convierta en amargura o denuncia redundante y lo otro no banalice el valor de lo mostrado. Es una película que debería interesar a mucha gente. Entiendan o no lo que es o ha sido vivir en la meseta.