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domingo, 18 de octubre de 2026

Kakeru

de Hirokazu Koreeda. Japón, 2026. 126’.
18 de octubre de 2026. Cines Los Prados, Oviedo.

Hace dos años que Kakeru murió en un accidente. La posibilidad de volver a tenerlo en casa en versión humanoide hace que sus padres se decidan a visitar la empresa que les creará otro Kakeru. Desde el primer momento parece haber continuidad entre el niño sintético y el hijo fallecido. Pero la madre y al padre se plantearán dilemas existenciales. Como los de ese niño que aspirará a una vida silvestre.  

Kakeru no tiene nada que ver con la ciencia ficción ni con las distopías en el sentido inquietante del término. En esto se parece menos a películas de humanoides (al estilo de Un amigo para Frank, Ex_Machina, Despidiendo a Yang, Del inconveniente de haber nacido o  Singular) que a Her la magnífica película de Spike Jonze sobre el amor en los tiempos de la inteligencia artificial. De hecho, la poética despedida final del niño hacia un mundo felizmente feral recuerda a la de Samantha susurrando a Theodore que se va con los enjambres digitales. La ausencia de fascinación tecnológica prospectiva y su cadencia sosegada pueden hacer que Kakeru defraude a quienes esperen ovejas eléctricas y no esa oveja en la caja (el título original de la película) que depende de la imaginación de quien la recibe. Y es que, además de la referencia expresa al pasaje de El Principito, Kakeru rima sobre todo con la propia trayectoria de Koreeda y su variado retablo sobre la familia. Hay ecos de Nadie sabe en esos niños perdidos que allí abandonaban la casa y aquí buscan un paraíso en el bosque. También los hay de Un asunto de familia sobre aquella que era extrañamente feliz en ese rincón entre edificios en el que enterraron a la abuela, tan simétrico de la pequeña colina en la que la madre arquitecta de Kakeru proyecta una vivienda para otra familia a la que no acompañará la abuela. También hay parentescos generacionales y paisajísticos con el japonesísimo hogar de Still Life. De modo que Kakeru hay que contemplarla como un ejercicio paciente de sutilezas sobre el duelo y el amor, sobre la pena y la culpa, sobre la continuidad entre el pasado y el futuro. Pero también como un pequeño tratado sobre el agua, la madera, la arquitectura y los árboles (con rizomas poéticos que unen al olivo y al cedro de esta historia con el Ginkgo Biloba de Silent Friend). Así que en la misma semana en que el pirado más rico del mundo ha creado un coche volador, podemos disfrutar del sosiego reflexivo con que el maestro Koreeda defiende que entre la distopía y la utopía sigue habiendo espacio para la antropía.

sábado, 26 de septiembre de 2026

De repente

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2026. 196’.
26 de septiembre de 2026. Teatro Principal, 74º Festival de San Sebastián (Sección Perlak). V.O.S.

Marie-Lou Fontaine dirige una residencia de ancianos en París y se enfrenta a las inercias institucionales intentando llevar adelante una filosofía del cuidado llamada Humanitud. Consiste en cuatro reglas básicas: captar y mantener la mirada desde cerca, tocar a la persona mientras se le habla y se le escucha y, por último, fomentar que recupere la verticalidad y vuelva a caminar. Un feliz azar le hace conocer a Mari Morisaki, una directora de teatro japonesa que está representando en París una obra sobre la antipsiquiatría. Marie-Lou se formó como antropóloga y Mari estudió filosofía. Las dos sintonizan plenamente en un momento muy distinto de sus vidas. Y es que Mari tiene un cáncer terminal y le queda poco tiempo de vida.   
 
Tras Happy Hour, La ruleta de la fortuna y la fantasía, Drive My Car y El mal no existe, Hamaguchi nos ofrece una nueva joya, aún más sincera y comprometida. El cuidado, el teatro, la antropología y la filosofía me resultan muy próximos, así que valoro especialmente el riesgo que Hamaguchi asume al apostar por la ternura, la compasión y la crítica de ese mundo dislocado que, en un artículo reciente, he llamado postnormativo. Una francesa que habla japonés y una japonesa que habla francés, en una película que intercambia sin problema las dos lenguas, hacen que llame más la atención la escena de la pizarra en la que Mari escribe en  inglés su lúcida critica del capitalismo contemporáneo. Quizá porque Hamaguchi quiere hacer diáfana esa crítica al público global, quizá porque no quiere primar la cultura de ninguna de esas amigas o quizá, simplemente, porque el inglés es precisamente la lengua de eso que Mari denuncia. Reparar en ello mientras esas mujeres (en tantos sentidos desveladas) fundamentan y reflexionan sobre sus prácticas comprometidas, permite que su compromiso no inspire solo empatía sino también sintonía con mucho de lo que dicen y piensan. De repente es un verdadero regalo para las profesiones del cuidado, un detector de querencias (dis)funcionariales y un estímulo para ponerse manos a la obra. Para sostener la mirada, para entrar en contacto con tacto, para volver a hablar y también a caminar.    

lunes, 12 de enero de 2026

Familia de alquiler

de Hikari. Japón, 2025. 103’.
12 de enero de 2026. Cines Parqueastur, Corvera.

Un actor estadounidense lleva tiempo viviendo en Tokio, pero no le salen buenos papeles. Hasta que un día le ofrecen hacer de americano triste en un funeral aparentemente real. Se lo encarga una empresa que atiende los deseos de personas que necesitan que un actor interprete un papel para mejorar la vida de alguien. El del novio en una boda ficticia con la que la novia quiere tener una coartada para irse a vivir a Canadá. El del padre desconocido de una niña pequeña que necesita no ser huérfana para poder entrar en una escuela. O el del periodista que entrevista a un actor anciano que antes había sido muy famoso. El trabajo no es difícil, pero a veces le genera dilemas. Y también tiene sus riesgos cuando va más allá de lo que le encargan. 
 
Brendan Fraser está estupendo en el papel de ese actor bondadoso incapaz de deslindar la frontera entre la persona y el personaje. Con esta bonita historia, Hiraki ha conseguido hacer mucho más que una película apta para todos los públicos. Hay delicadeza en la forma en que presenta las necesidades afectivas de las distintas edades (la niña, el anciano, la novia o ese hombre con esposa y amante). También hay sutileza al incluir la relación del protagonista con esa encantadora prostituta. Los dilemas que se plantean están resueltos con mucha ternura al final de esta bonita película que, en cierto modo, recuerda a Familia, la ópera prima de Fernando León de Aranoa protagonizada por Juan Luis Galiardo. Con su preciosa estética nipona, Familia de alquiler recuerda a otras joyas sobre los rituales de la muerte. Me refiero a dos películas extraordinarias que vimos en los cines Verdi de Barcelona en julio de 2009: Despedidas de Yōjirō Takita y Still Walking de Hirokazu Kore-Eda. Nada menos.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Antonio Gaudí

de Hiroshi Teshigahara. Japón, 1984. 72’.
17 de agosto de 2025. Cines Embajadores-Foncalada, Oviedo. V.O.S.

Sin palabras. Solo imágenes y música. Con una cadencia perfecta. Filmando el entorno de los edificios de Gaudí, entrando en ellos y seleccionando con el mayor acierto los detalles. Más que una película es una maravilla compartida. O una carta de amor a una ciudad y a un genio.
 
Las imágenes que vemos se filmaron un año después de aquel primer viaje a Barcelona que resultó iniciático para nosotros. Así que la belleza intemporal de la obra de Gaudí, que Teshighara encuadra como nadie, tiene el aliciente de traernos al presente aquel tiempo perdido y nunca olvidado. Para cualquier japonés (o español) que no conociera esa ciudad y a ese arquitecto, esta película debe ser un acicate inexcusable para visitarla. Así que ha sido una delicia encontrarla en este breve ciclo de Cine y Arquitectura que con tanto cuidado ha preparado y presentado Daniel Trapiello González y que hoy ha tenido a Jorge Gorostiza en el coloquio. El éxito de público y el interés de las proyecciones y los diálogos posteriores nos hacen desear que el Colegio de Arquitectos organice cuanto antes el siguiente ciclo. En Avilés seguimos añorando aquel magnífico FICARQ que tuvo su sede hace años en el Centro Niemeyer. Ojalá que iniciativas de ese tipo pudieran recuperarse. Son aún más necesarias en estos tiempos en que algunos quieren reducir el cine a experiencia de consumo efímero y entienden la arquitectura como un derivado tangible de la economía financiera.

viernes, 22 de noviembre de 2024

River Returns

de Masakazu Kaneko. Japón, 2024. 108’.
22 de noviembre de 2024. Centro Municipal Integrado Pumarín. 62º Festival de Cine de Gijón (sección: Retueyos). V.O.S.

Un padre pasea con su hijo al lado del río y habla con él sobre la inminente construcción de una presa. Muchos años antes, ese mismo lugar fue el escenario de un lejano mito según el cual una chica desapareció en la charca azul tras enamorarse de un joven tornero que pasaba unas semanas en el valle. Los dos tiempos se cruzarán cuando, ante la inminencia de un tifón, el niño del presente se acerque a aquel pasado.
 
Decía Heráclito que aguas distintas  bañan a quienes vuelven al mismo río. Y algo de eso hay en esta pequeña historia poética que a cada cual le habrá hecho pensar en su propio río. El mío se llama Cuerpo de Hombre y en él pesqué de niño cerca de Valdelageve. Contemplados por las garzas, también hemos hecho brincar cantos rodados en los recodos en que sus aguas ceden su nombre al Alagón. Y, últimamente, hemos compartido con los mirlos acuáticos paseos a la vera de las fábricas olvidadas de Béjar. Quizá porque el agua que fluye en medio de la foresta es siempre una experiencia enigmática y gozosa, será difícil que esta película, pequeña y modesta como un cuento ancestral, no haga pensar a cualquiera en sus ríos inolvidables. Por poner una pequeña pega, me han sobrado los minutos finales tras la salida del niño de la gruta (menos es más).  Aunque eso lo compensa ese contador nómada de historias como la que nosotros contemplamos desde la mirada azul de un cormorán.

jueves, 23 de mayo de 2024

Ryūichi Sakamoto I Opus

de Neo Sora. Japón, 2023. 103’.
23 de mayo de 2024. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Ryūichi Sakamoto al piano. Nada más. En blanco y negro. Interpretando piezas tan inolvidables como las de las bandas sonoras de Feliz Navidad Mr. Lawrence, El último emperador o El cielo protector. Un último concierto sin público. Filmado con mucha elegancia por su hijo.

Philip Glass, Peter Greenaway, Alberto Iglesias, Ennio Morricone, Ryūichi Sakamoto... Seguramente, son los compositores de bandas sonoras que más recuerdo. Así que, aunque esta tarde en el Niemeyer también teníamos a Irene Vallejo, me resultaba imprescindible asistir a esta película íntima, contenida y emotiva que fue filmada sabiendo que serviría de homenaje postrero al compositor japonés. Ha sido hora y media larga de música nítida y precisa a cargo de un hombre que parecía sosegadamente feliz mientras la interpretaba. Al final, el piano sigue sonando cuando él ya se ha ido. Y nosotros lo recordamos escuchando su música en esta singular película.

domingo, 14 de abril de 2024

Las hermanas Munekata

de Yasujirō Ozu. Japón, 1950. 112’.
14 de abril de 2024. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.  

Setsuko y Mariko llevan un bar en Tokio. Setsuko viste al modo tradicional y está casada con Mimuro, un hombre taciturno que la maltrata. Mariko es su hermana pequeña. Su carácter es mucho más alegre y viste siempre a la manera occidental. Antes de casarse, Setsuko estuvo enamorada de Hiroshi y, ahora que ha regresado de Francia, su hermana intenta que deje a su marido y se vaya con él.

Una historia de amor, desamor, fraternidad y sororidad. Pero también un retrato de los modos y costumbres en liza en el Japón de posguerra. Con su habitual sencillez y maestría Ozu compone las escenas con elegancia y cuida las transiciones con encuadres de espacios abiertos, urbanos o naturales. Hay mucho equilibrio y hondura en el compasivo retrato sobre las actitudes de las dos hermanas, algo que se hace explícito en los consejos de su padre, que bien pudiera ser un trasunto el propio Ozu y del cariño con que trata a sus personajes. Incluso el de Mimuro, ese marido violento y derrotado que deambula con tristeza silente sin encontrar su lugar. Por la fecha en que Ozu filma este retrato íntimo y sentimental de aquel Japón mutante, Las hermanas Munekata podría formar un díptico magnífico con Vivir, aquella joya sobre la vida, el tiempo y la burocracia que filmó Kurosawa dos años después.

martes, 9 de enero de 2024

El chico y la garza

de Hayao Miyazaki. Japón, 2023. 124’.
9 de enero de 2024. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

La madre de Mahito muere en el incendio de un hospital durante la guerra. Su padre lo lleva a vivir con su nueva mujer y en sus merodeos por los alrededores de la casa Mahito se encuentra con una garza parlante que le dice que su madre sigue viva en otro espacio. Así se interna en una torre abandonada por la que accede a un mundo muy distinto.

La historia es pura fantasía de la que cuesta seguir los detalles. Pero las imágenes de esta animación portentosa son fascinantes. Especialmente las escenas de acción (que no son pocas) y la caracterización de unos seres tan extraños como esa garza que enseña los dientes o esa grey de sirvientas ancianas tan deliciosas. Por lo demás, llama la atención el contraste entre la belleza de los colores, texturas y detalles de los ambientes y la simplicidad, tan nipona, en los trazos de los personajes principales. El título de la película es muy poético y podría hacer creer que se trata de una fábula ideal para públicos infantiles. Sin embargo, la historia tiene una truculencia heroica que podría emparentarla, más bien, con relatos como la Iliada o El paraíso perdido de Milton.

jueves, 23 de noviembre de 2023

El mal no existe

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2023. 106’.
23 de noviembre de 2023. Teatro Jovellanos. 61º Festival de Cine de Gijón (sección: Crossroads). V.O.S.

Takumi vive con su hija en un entorno natural muy bien conservado. Sus vidas y las de su comunidad pueden verse afectadas si se lleva a cabo la idea de instalar allí un glamping (un camping con glamur). Ese invierno un hombre y una mujer tienen una reunión con los vecinos de la zona para presentarles el proyecto. Estos les plantean con mucha educación algunas objeciones importantes. Y los dos forasteros quedarán fascinados por la magia de esas formas de vida y la belleza del lugar.   

El cine de Hamaguchi suele ser urbano e intimista y con alto voltaje emocional. Una suerte de Hong Sang-soo con la poesía de Kore-Eda y el espíritu de Rohmer. La relación entre la niña y su padre y la escena final con los ciervos es fiel al aliento poético de las magníficas  películas que he visto de él (La ruleta de la fortuna y la fantasía, Happy hour y Drive my car). Pero en El mal no existe Hamaguchi se aleja de la ciudad y adopta una perspectiva gozosamente ambientalista con una historia que recuerda un poco a la de Tierra prometida de Gus Van Sant. Algo que se agradece en estos tiempos en que el Black Friday ubicuo, la alta velocidad inminente y el cuento del lobo feroz me hacen encontrar especialmente bellos y propicios los bosques japoneses.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Perfect days

de Wim Wenders. Japón, 2023. 124’.
18 de noviembre de 2023. Cines Ocimax. 61º Festival de Cine de Gijón (sección: Crossroads). V.O.S.

Hirayama lleva una vida feliz como limpiador de retretes en Tokio. Ordenado y diligente disfruta con sus afanes y rutinas, con la belleza de los árboles y con las músicas mañaneras que elige entre las casetes que lleva en su furgoneta. La fidelidad a las costumbres no le impide recibir de buen grado las cosas inesperadas que a veces le depara esa sucesión de días perfectos.   

Variaciones con repetición en la vida de un hombre bueno y feliz. Wim Wenders nos cautiva haciéndonos seguir las rutinas diarias de este japonés que apenas habla. Y da gusto contemplar la bondad y la entrega a sus afanes, el empeño por mirar y fotografiar cada día la belleza de los árboles y esa costumbre curiosa de no llevar reloj a diario y ponérselo cuando sustituye las rutinas laborales por las de los fines de semana. Así que con Perfect days Wim Wenders Perfect ha creado una verdadera joya del cine japonés. Poética hasta en los sueños, optimista sin estridencias y con una idea tan sutil como compartible: que la felicidad no está en huir del trabajo y las rutinas, sino en tener despierta y atenta la mirada.

miércoles, 4 de octubre de 2023

Monstruo

de Hirokazu Kore-Eda. Japón, 2023. 126’.
4 de octubre de 2023. Cines Los Prados, Oviedo.

Un niño que no tiene padre. Otro que no tiene madre. Un profesor que llega al colegio y tiene en su clase a los dos. Una directora que regresa a su trabajo. Es abuela y perdió a su nieto.  En su escuela los malos campan a sus anchas. Pero aquellos niños dañados se hacen amigos. Entre un incendio y una tormenta. 

Dos relatos sucesivos y contradictorios. Uno desde el punto de vista de una madre y otro desde el de un profesor.  El tercero completa el puzle con las vivencias de los niños. Ellos son los que sufren, pero también los que aportan la mirada más poética y esperanzada. Como la del maestro Kore-Eda que con este Monstruo se acerca al acoso escolar y va más allá. Él nunca quiere distinguir en sus historias quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si acaso encontrar a los que sufren y no saben por qué y a los que ni siquiera saben que causan dolor. Para él la maldad es colectiva e institucional. Como esas maledicencias y rumores que intoxican los dos primeros relatos. Como esa irrelevancia que según la directora tiene la verdad. Algo que explica los comportamientos irreflexivos de los (dis)funcionarios docentes. Los que salen en esta película y también los que entran cada mañana en muchas aulas y despachos. Ellos y los cachorros testosterónicos que dominan el cotarro en las aulas y en los patios conforman esa masa que acosa, silencia o sigue la corriente. Esos son los únicos a los que Kore-Eda critica en esta película que es pura poesía en la que todo cuadra y todo rima. Desde el incendio espectacular del comienzo hasta esa tormenta final que resulta tan catártica como aquella otra de Después de la tormenta. Fuego y agua. Peces y gatos moribundos. Un vagón abandonado que puede convertirse en un paraíso. Y al final ese epílogo luminoso para estos niños cuyo destino nos conmueve hasta la lágrima. Como los de Nadie sabe. Como la forma de contar las historias que solo Kore-Eda sabe.

viernes, 6 de enero de 2023

Vivir

de Akira Kurosawa. Japón, 1952. 143’.
6 de enero de 2023. Filmin. V.O.S.

Watanabe es el jefe de la oficina municipal de atención al ciudadano, un lugar en el que se acumulan los expedientes y se simula trabajar. Cuando está a punto de jubilarse le diagnostican un cáncer de estómago y se da cuenta de que ha perdido el tiempo. Se quedó viudo joven y la dedicación a su hijo le servía de coartada para tener una vida monótona. Ahora querría aprender a vivir con la intensidad de esa joven que trabaja en su oficina y sabe que la felicidad consiste en compartirla con los demás. Así que Watanabe encuentra su oportunidad en la petición de unas mujeres para que se construya un parque infantil en su barrio.

Una joya en blanco y negro sobre la vida, el tiempo y la burocracia. Las escenas son realistas pero también tienen cierto aliento poético. Para lograrlo, Kurosawa cuida especialmente la composición de cada plano y la gestualidad de sus personajes. Lo hace con el protagonista de la película y con los que solo aparecen durante dos o tres segundos. Vivir plantea problemas existenciales sobre el paso del tiempo y la esencia de la vida, pero también es un alegato contundente contra la burocracia y la inercia de las organizaciones. La ambientación de las escenas en la oficina y en el velatorio son magníficas y la gestualidad en los diálogos corales y los medidos silencios contribuyen a que el guión sea perfecto. Viendo esta película, uno piensa en lo interesante que sería un ciclo en el que durante un mes pudiéramos repasar ordenadamente la filmografía de este gran director japonés. Una programación así podría ser paralela a la atención que merece el cine actual y permitiría que a lo largo del año se pudiera disfrutar de diez o doce retrospectivas inexcusables. Creo que para eso están las salas de cine de los centros culturales. En España hay muchos, pero me temo que ese uso que atiende, cultiva, educa y propicia la cinefilia ciudadana solo se da realmente en las salas de las filmotecas nacionales: la del cine Doré de Madrid o las del Raval en Barcelona. Me temo que de ese centralismo no son solo responsables los gestores culturales nacionales.

martes, 2 de agosto de 2022

Woman of the photographs

de Takeshi Kushida. Japón, 2020. 89’.
2 de agosto de 2022. Cines Van Dyck, Salamanca. V.O.S.

Un fotógrafo que nunca habla retoca las fotos que le traen sus clientes. También le interesa fotografiar insectos y observar el comportamiento de su mantis religiosa. A esas aficiones se añade la extraña relación con una mujer que ha encontrado en un bosque. Ella era bailarina y tenía muchos seguidores en las redes sociales. Y volverá a tenerlos con las fotos de su cuerpo herido que le hace ese fotógrafo con el que ahora convive. 

Tras el habitual desierto estival en las salas de cine asturianas (las públicas sin programación hasta el otoño y las privadas sin concesiones al cine menos dependiente) da gusto volver a los Van Dyck de Salamanca para ver películas como esta en la que un fotógrafo silente retoca imágenes de los rostros pero no toca a las personas y una mujer hermosa decide mantener abiertas sus heridas para que no cicatricen. Diálogos mínimos y presencia máxima de las imágenes y los sonidos. El encuentro entre una intimidad amorosa surrealista y el masoquismo de la exhibición virtual podría ser el tema de esta extraña película en la que la singularidad formal resulta quizá más importante que el contenido. Así que en su primera película Takeshi Kushida demuestra tener una mirada original e inquietante que por momentos recuerda a las de Buñuel o Lynch. Nada menos.

sábado, 12 de febrero de 2022

Drive my car

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2021. 179’.
12 de febrero de 2022. Cines Los Prados, Oviedo.

Poco antes de que ella muera, Yusuke Kafuku descubre que su mujer tiene relaciones con otro hombre. Los dos formaban una pareja  perfecta pero ese punto ciego en su memoria condiciona el duelo por su pérdida. Kafuku es un actor y director prestigioso al que, un tiempo después, invitan a dirigir Tio Vania en Hiroshima. Entre los actores candidatos está el joven que se acostaba con ella y, sorprendentemente, decide asignarle el papel protagonista. A Kafuku le gusta repasar los textos mientras viaja en su querido Saab 900, así que pide que le busquen un alojamiento a una hora de distancia de la ciudad. El festival que le contrata le asigna una joven muy seria y eficaz para que conduzca su coche. Es Misaki, una chica que también sufre las consecuencias de una pérdida. Igual que Kafuku tenía cosas que reprochar a un ser querido y en cierto modo se culpa por su muerte. Así que Chèjov y el Saab harán que compartan muchas cosas.

Mi primer coche era rojo, he tenido dos Saab y el que tengo ahora se fabricó en Hiroshima. Así que, conmigo, los azares y simetrías del cine de Hamaguchi parecen extenderse más aca de la pantalla en esta película. Para más sintonía, sus historias son de estirpe rohmeriana y en esta, inspirada en un relato de Murakami, las referencias al teatro son esenciales. Por eso no es de extrañar que me cautive esa reflexión chejoviana sobre la vida que encuentra en el Saab un lugar más propicio que la mesa de ensayos. O que me encante el (relativo) fuera de campo de la memoria trágica de Hiroshima cuando Misaki lleva a Hafuku a ver la gran planta de residuos que será metáfora del proceso catártico que los dos emprenderán sobre sus vidas. También valoro que quien lo propicie sea esa joven conductora (al principio casi silente) que tiene tantos paralelismos con el personaje de Sonia, la sobrina de Vania que interpreta la actriz muda que al final de la obra protagonizará uno de los momentos más hermosos de la película. De modo que las tres horas de Drive my car no se me hacen largas. Sin embargo, debo decir que la historia me da más motivos para pensar que para sentirme conmovido. En esto no la encuentro mejor que esa joya triple de Hamaguchi titulada La ruleta de la fortuna y la fantasía. Quizá, haya sido por verla en versión doblada, por la sintonía preventiva con el Saab y el teatro o por los grandes elogios que está recibiendo. Lo cierto es que me hubiera gustado que Drive my car tuviera también esa emoción sosegada que tanto bien le ha hecho al cine japonés que sigue el magisterio de Ozú. Por ejemplo, la que caracteriza casi siempre a las películas de Kore-Eda.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Happy Hour

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2015. 317’.
7 de noviembre de 2021. Filmin. V.O.S.

Cuatro amigas de treinta y tantos hacen cosas juntas y planean hacer otras. También comparten y juzgan los cambios en sus vidas. Como sus divorcios y sus efectos emocionales.

Cinco horas de cine rohmeriano en versión japonesa. Aunque, a efectos de proyección (extraña palabra habiéndola visto en Filmin) la película se divida en tres partes, no se trata de una trilogía ni de una serie corta. Es una única historia que fluye sin interrupciones en la que se nos propone un acompañamiento continuo de la vida de esas mujeres. Hamaguchi ha querido dar tiempo al tiempo para que podamos asistir a un taller en el que se trabaja la relación con el cuerpo, a una lectura literaria con coloquio posterior, a conversaciones más o menos incidentales en trenes o autobuses y a diálogos de sobremesa en los que ninguna prisa atenaza. Es el tiempo de las relaciones reales mostradas sin estridencias. Una forma de hacer cine que no busca secuestrar al espectador con los cambios de ritmo propios de las series sino invitarlo a acompañar a estas cuatro mujeres cuando las cosas les van bien y cuando no. Son cinco horas de vida en femenino nipón. Una experiencia única de cine largo sobre las distancias cortas.

sábado, 6 de noviembre de 2021

La ruleta de la fortuna y la fantasía

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2021. 121’.
6 de noviembre de 2021. Cines Los Prados, Oviedo.

Una chica le cuenta en un taxi a una amiga el mágico encuentro que ha tenido con un joven que resultará ser el exnovio de esta. Por encargo de su amante, otra chica se anima a visitar a un antiguo profesor que acaba de publicar una novela con escenas muy eróticas. Y una tercera cree encontrarse fortuitamente con una compañera de estudios a la que no veía desde hace veinte años.

Magia (o algo menos reconfortante), Una puerta abierta de par en par y Una vez más son los títulos de los tres cuentos que nos ofrece Ryûsuke Hamaguchi en esta magnífica película. Son tres joyas con  protagonistas femeninos de las que me cautiva su atmósfera delicadamente rohmeriana. Es fácil encontrar también parentesco con las películas de Hong Sang-soo pero donde en el coreano es tosco, confuso y desaliñado, Ryûsuke Hamaguchi resulta preciso, nítido y delicado. Cada uno de estos tres cuentos sentimentales es ya una película memorable, pero Hamaguchi consigue que entre ellos, más que por los personajes, haya puentes esenciales y sutilmente transitables como la referencia en la primera historia a la posibilidad de un sexo hecho solo con palabras y su ejemplificación en la segunda. O la catástrofe personal que se deriva de un error digital con que se cierra esta segunda historia y la alusión distópica a un mundo sin Internet con que se abre la tercera. No había visto hasta ahora ninguna película de Ryûsuke Hamaguchi pero me parece que ya puedo declararme devoto de su cine.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Voices in the wind

de Nobuhiro Suwa. Japón, 2020. 139’.
26 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: albar). Filmin. V.O.S.

Haru vive con su tía en Hiroshima. Tiene diecisiete años pero aún no ha superado la desaparición de su hermano y de sus padres en el tsunami de 2011. La hospitalización de su tía hace que se decida a emprender un largo viaje hacia su pueblo durante el cual conocerá a varias personas que la ayudan. Quiere llegar a la que fue su casa en Otsuchi, pero también encontrará una cabina de teléfono en la que podrá hablar y llorar a su familia.

La cabina tiene algo de pagoda en la que se desarrolla esa conmovedora escena final que, por si sola, justifica las más de dos horas y media de esta película que se pasan en un suspiro. De Nobuhiro Suwa había visto El león duerme esta noche, otra película muy singular que quiere ser como un juego de niños. La historia de Haru y la poética manera en que se nos muestra su periplo hacen de esta película una joya que merecería ser premiada en muchos festivales. Si no supiera quién la ha dirigido, diría que es heredera del mejor Ozú y que bien podría haber sido hecha por Kore-Eda. Nada menos.

martes, 21 de julio de 2020

First love

de Takashi Miike. Japón, 2019. 108’.
21 de julio de 2020. Cines Los Prados, Oviedo.

Un joven boxeador al que le han diagnosticado erróneamente un tumor cerebral  tiene un encuentro imprevisto con una joven que vive secuestrada por una mafia. La intervención del boxeador altera los complejos planes delictivos de varios grupos de chinos y japoneses que compiten por un alijo de drogas y por el dominio de la zona.

Supongo que si Coppola convirtió a las historias sobre la mafia italiana en género de culto y Tarantino consiguió que sonreír ante la violencia más extrema no resulte para muchos un espectáculo vergonzante, los japoneses también tienen derecho a que las matanzas, los mamporros y la sordidez nocturna puedan tener también pedigrí de calidad. Eso han debido pensar algunos festivales y algunos críticos que han puesto por las nubes a una película como esta. Así que he tenido que venir a verla para comprobar, una vez más, que me sigue repugnando este tipo de cine.

miércoles, 15 de julio de 2020

¡Que no pare la cámara!

de Shinichirô Ueda. Japón, 2017. 96’.
15 de julio de 2020. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.

Durante la grabación de una película cutre sobre zombis aparecen unos zombis que atacan a los actores. El director está encantado con la expresividad de las escenas y sigue grabando.

La primera media hora es un magnífico plano secuencia en la que vemos una película dentro de otra película. Pero la que estamos viendo también es otra película, esta vez hecha como programa de televisión en directo. Luego veremos los días previos a su preparación y otra media hora al final en la que veremos cómo se graba en directo esa película sobre un director que está grabando una película de zombis. Así que es una maravilloso encadenamiento fílmico de muñecas rusas (en realidad japonesas) que comienza como bobada de serie B (o C) y avanza como entretenidísima historia que es a la vez una divertida lección sobre la forma en que se hace el cine. Lástima que alguno no haya aguantado la broma de esa sangrienta y cutre (pero magnífica) primera media hora y se haya ido de la sala antes de poder disfrutar con esta película genial que gustaría a muchísimos públicos si las distribuidoras se dieran cuenta de que es una obra deliciosa y muy irónica. En su agilidad y en su injusta marginación comercial me ha recordado también a 7 cajas, la estupenda película paraguaya de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori.

jueves, 2 de mayo de 2019

Cuentos de la luna pálida

de Kenji Mizoguchi. Japón, 1953. 96’.
2 de mayo de 2019. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Dos artesanos del Japón rural del siglo XVI se dejan llevar por su ambición en tiempos de guerra. Los dos abandonan a sus mujeres para cumplir sus sueños. Uno quiere hacerse samurai y lo acaba consiguiendo, pero a su mujer no le quedará más remedio que prostituirse. El otro es alfarero y va a la ciudad para vender sus vasijas. Allí conoce a una princesa que le cautiva y con la que se casa. En realidad se trata de un fastasma que lo aleja de su hogar verdadero al que solo volverá cuando su mujer ya haya muerto.

Cuentos morales de temática muy antigua y lecturas quizá más recientes. Eso me parece este clásico del cine japonés bien restaurado (también aquí ha intervenido Scorsese) que se ve con interés por su ambientación impecable y por momentos tan poéticos como los de la barca entre la niebla o el regreso a la casa de la mujer muerta. Aunque la lección moral de la película de Mizoguchi podría limitarse a la crítica de esa intemporal masculinidad bronca y ambiciosa, la radicalidad con que se sitúa la historia en el mundo tradicional japonés me hace pensar que en 1953 también pudo significar una denuncia metafórica de un extravío más reciente: el de una guerra que sacó a los japoneses de su feliz ensimismamiento.