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domingo, 23 de septiembre de 2018

Liebig

de Christian Ercolano. Argentina, 2016. 68’.
23 de septiembre de 2018. Casa de la Cultura, I Festival Internacional de Cine sobre Patrimonio Industrial y Paisajes Culturales, Avilés.

La vida en Liebig mucho después de que la industria de conservas cárnicas que le dio nombre dejara ese lugar. Un pueblo argentino hecho a la medida de aquella fábrica inglesa. Unos ancianos que recuerdan y veneran aquellos tiempos felices. Y un lugar varado en la memoria a orillas del río Uruguay.

Aquí sería la Real Compañía Asturiana de Minas y después Asturiana de Zinc. Lo que vemos en la pantalla y lo que aún queda en Arnao son ejemplos de aquellas lejanas utopías paternalistas que tenían su corazón en una fábrica. Las palabras de estos venerables argentinos me resultan deliciosas por lo que dicen y por cómo lo dicen. Pero también muy próximas porque algunos somos hijos de aquella generación heroica que vivió con orgullo (como el protagonista brasileño de Construindo pontes) aquellos tiempos felices en los que sentían que el trabajo no alienaba sino que la fábrica y sus aledaños ponían esperanza en sus vidas y alegría para vivir. Entre la ironía y la nostalgía se sitúa la caligrafía fílmica de una película que encaja perfectamente en las intenciones de este festival. Antes de que se proyectara Liebig hemos visto dos cortometrajes danzantes. El primero, más discreto, fue Mon patriimonie tu t'animes à thiers de Lisa Robert y Clotilde Amprimoz. El segundo, magnífico, se titulaba Time subjectives in objective time de Kati Kallio y muestra como, en lo que se enciende y se apaga una cerilla, una cámara y tres bailarines pueden recorrer lugares de una industria abandonada especialmente propicios para la poesía. Así que han sido dos jornadas estupendas en las que hemos visto películas interesantes sobre las hibridaciones entre la industria, la cultura y la naturaleza (también humana). Gracias INCUNA por esta iniciativa y mucho ánimo para ir preparando la segunda edición del festival.

Construindo pontes

de Heloisa Passos. Brasil, 2017. 72’.
23 de septiembre de 2018. Casa de la Cultura, I Festival Internacional de Cine sobre Patrimonio Industrial y Paisajes Culturales, Avilés. V.O.S.

La directora quiere hacer una película sobre su padre y con su padre. Él tiene buenos recuerdos de los tiempos de la dictadura en los que era un ingeniero que dirigía grandes obras públicas y sentía que su trabajo formada parte de un proyecto ilusionante para Brasil. Ella reniega de todo aquello y, a diferencia de su padre, no puede soportar lo que esta pasando con Lula y con Dilma Rousseff. Las tensas conversaciones en casa son muy distintas a las del final de la película, cuando los dos viajan para filmar algunos de los puentes que él construyó.

Una película que empieza explicando lo que significa en guaraní Itaipú y nos muestra viejas imágenes de las siete cascadas que quedaron sumergidas bajo sus aguas ya me tiene ganado desde el primer minuto. Pero no me pierde mi cariño por esos lugares. Heloisa Passos ha conseguido componer un documental delicioso y equilibradísimo exponiéndose mucho ante nosotros. Ella es progresista y su padre derechoso. Ella es artista y él no entiende más progreso que el económico. Sin embargo, es ella la que queda malparada cuando discute agriamente con ese hombre mayor que siempre se muestra flemático. Así que hay mucho riesgo, mucha honestidad y mucho buen hacer en esta estupenda película que nos habla de puentes, de obras, de paisajes y de política. Pero también de la obra que es cualquier vida, de la política que siempre impregna a cualquier familia y de la necesidad de reconstruir puentes entre generaciones. Con un final triple y un epílogo perfecto Construindo pontes es una joya que por si sola ya justifica un festival. Remember, thou art clay de David Heinemann y Elvina Nevardauskaite fue el corto lituano que precedió a esta estupenda proyección. Apenas nueve minutos con una serie de imágenes en clave poética en la que el barro es metáfora además de materia.

Demi-vie à Fukushima

de Francesca Scalisi y Mark Olexa. Francia, 2016. 61’.
23 de septiembre de 2018. Casa de la Cultura, I Festival Internacional de Cine sobre Patrimonio Industrial y Paisajes Culturales, Avilés. V.O.S.

Un hombre maduro sigue viviendo en la zona de Fukushima cinco años después. Con él recorremos esos espacios solitarios en los que el tiempo parece detenido y la naturaleza va borrando los vestigios de lo humano.

Un robinsón sin miedo. Eso me parece este hombre que recorre parajes solitarios que me recuerdan, en clave menos poética, los que hace poco retrató en blanco y negro Doris Dörrie en la estupenda Recuerdos desde Fukushima. Las imágenes son sobrias como corresponde a esos desangelados paisajes. El sonido es siempre oportuno y a veces evoca, quizá en la cabeza del protagonista, aquella jornada tremenda en la que el mar se adueñó de todo. Este primer largometraje de la segunda jornada del festival ha estado precedido por la proyección del corto taiwanés Cinema Zone de Cheng Li-Ming, una alegoría algo surrealista sobre una sala de cine abandonada que expresamente recuerda a la película Cinema Paradiso de Guiseppe Tornatore pero que a mi me ha hecho pensar en lo mucho que me gustaría volver ver Serbis, aquella historia sórdida y extraña que dirigió el genial director filipino Brillante Mendoza.

sábado, 22 de septiembre de 2018

La ciudad del Sol

de Rati Oneli. Georgia, 2017. 104’.
22 de septiembre de 2018. Casa de la Cultura, I Festival Internacional de Cine sobre Patrimonio Industrial y Paisajes Culturales, Avilés. V.O.S.

La vida cotidiana de un valle minero en declive. Un teatro, un coro y algunos encuentros son los escasos signos de vida de una población minera de Georgia que debió tener tiempos de esplendor, pero que hoy apenas sobrevive entre las ruinas en un valle intensamente verde.

Industria, cultura y naturaleza. Esas son las palabras que componen el acrónimo INCUNA, el nombre de la asociación de arqueología industrial que organiza la primera edición de este festival que se celebra este fin de semana en Avilés, Gijón y Langreo y en el que se proyectarán dieciséis películas internacionales (cuatro de ellas largomentrajes) sobre la temática. Con irónica referencia al libro de Campanella, La ciudad del Sol es un retrato áspero del vivir cada día en un hermoso valle que debió tener una intensa actividad minera pero que hoy es un lugar olvidado lleno de imágenes subyugantes para quienes saben valorar las reliquias de la arqueología industrial. Con una banda sonora muy oportuna, una contención notable en la manera de poner la cámara sin importunar a los protagonistas y unas imágenes cenitales de singular belleza no me sorprende que esta película obtuviera el premio al mejor largometraje el año pasado en el DocumentaMadrid. Así que no empieza mal la selección de los largos de este festival que hoy comienza en Avilés. Por lo que hace a los cortometrajes (que no lo son tanto: los de hoy duraban entre veinte y treinta y pico minutos) también domina la sobriedad en el estilo. Los que más me han gustado son los tres últimos de la jornada: L'or dans les cendres de Magali Rougat (el retrato postrero de una industria urbana relacionada con la joyería en la que ya solo trabajaba un hombre), Notown de Emmanuelle Bayart y Timo Kirez (un recorrido por Detroit acompañado por las siluetas y las voces de los cineastas) y especialmente  Matria de Álvaro Gago (la intensa jornada de una mujer que trabaja en una conservera gallega en el día del cumpleaños de su nieta). Así que no ha estado nada mal la jornada de hoy. Mañana más.