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lunes, 4 de diciembre de 2023

Días de vino y rosas

de Blake Edwards. EE.UU., 1962. 117.
4 de diciembre de 2023. Filmin. V.O.S.

Joe es el relaciones públicas de una empresa de San Francisco y Kirsten es la secretaria de uno de sus clientes. Tras un encuentro inicial bastante incómodo, los dos se entienden muy bien y acaban casándose. Por su trabajo, Joe alterna bastante y contagia Kirsten su afición al alcohol.

Jack Lemmon y Lee Remick están magníficos en este drama sobre un amor alcohólico que Blake Edwards dirigió hace ya más de sesenta años. La fotografía y un cuidado de las luces y sombras es realmente magistral en cada plano. Días de vino y rosas nos recuerda que hubo un tiempo en el que se usaba mucho la palabra borracho y en el que Alcohólicos Anónimos era una asociación relevante en España. Quizá la multiplicación de tipos de drogas y la aparición de otras alienaciones virtuales hacen que parezca extraña esta película tan militante contra el alcohol y en la que el tabaco parece casi terapéutico. El jueves veremos en La Gleva de Barcelona el estreno de una versión teatral de esta historia. Será interesante ver cómo se plantea el tema tantos años después.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Rogue One: Una historia de Star Wars

de Gareth Edwards. EE.UU., 2016. 133’.
29 de diciembre de 2016. Cines Ocimax, Gijón. 3D

El Imperio tiene lista un arma muy poderosa. Para diseñarla ha contado con un ingeniero leal a la Resistencia. Tanto que escondió dentro de ella la clave para destruirla. Su hija y un grupo de rebeldes buscarán los planos que lo harán posible.

Estética paleofuturista en escenarios ucrónicos. Narrativas mestizas entre el cine bélico americano y las películas de romanos. Nada nuevo, por tanto, en las maneras de una saga de la que no me interesan ni las cuitas, ni los personajes. Pero sí las imágenes. Sobre todo las de la parte final con vuelos alucinantes y construcciones vertiginosas en escenarios tropicales. Aunque el 3D no es muy llamativo, las imágenes son lo mejor de una película cuya trama entiendo a medias y me importa más bien poco. Y ahora una coda lingüística. Repárese en el título. Siete palabras: tres en castellano y cuatro en inglés. La menos conocida es rogue, que solo es nombre propio cuando uno de los personajes bautiza así a su nave (añadiéndole ese one que la singulariza y le da empaque bélico). En inglés significa pícaro o granuja. Si la gesta fuera en una de las naves de Colón la película podría titularse, por ejemplo, La Pinta: Una historia colombina (Pinta: A Columbus Story). Así que Rogue One: a Star Wars Story quizá se podría haber traducido con un título tan bonito y castizo como La Picarona: una historia de guerras cósmicas. Los angloparlantes lo entienden más o menos así, pero pocos españoles se habrán preocupado por el significado de ese título. Ni falta que hace. Con que esté en inglés parece que ya nos vale. Nos basta con saber que la cosa tiene que ver con esa cadena cuyo primer eslabón no se tituló Star Wars, sino La Guerra de las Galaxias. Qué le vamos a hacer. En el país en el que nació la segunda lengua con más hablantes nativos del mundo parece que cada día nos avergonzamos más de ella y hacemos todo lo posible para que, también aquí,  la sustituya cuanto antes la tercera.

jueves, 20 de junio de 2013

Desayuno con diamantes

de Blake Edwards. EE.UU, 1961. 115’.
19 de junio de 2013. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Holly Golightly es una joven fascinante que tiene como vecino a Paul Varjak, un escritor que solo ha publicado un libro. Ella quiere casarse con algún hombre adinerado y él vive mantenido por una mujer madura. Pero los dos acabarán sabiendo que tienen al lado la felicidad.

Moon River y Audrey Hepburn. Es decir, cine. Verla a ella en pantalla grande (oyéndola en versión original) y disfrutar de esa maravillosa música de Henry Mancini ha sido un placer. Los cincuenta años de la película han merecido esta versión restaurada en 2011 que nos ha permitido disfrutarla como la pudieron ver en su estreno. La elegancia de los personajes (también la de José Luis de Vilallonga en el papel de guaperas brasileño) y los universos de esos apartamentos y de ese Manhattan noble con epicentro en la Quinta con la 57, componen un icono cinematográfico inolvidable. En estas versiones tan impecables el cine clásico aún parece más cine.