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sábado, 28 de octubre de 2023

La cautiva

de Chantal Akerman. Bélgica, 2000. 108’.
28 de octubre de 2023. Cines Braodway, 68º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Memoria y utopía). V.O.S. 

Simon vive con Ariane en su elegante casa parisina. Ella está siempre disponible para él. Pero él la vigila, desconfía cuando queda con sus amigas y vive torturado porque quizá no sabe todo de ella.

Hace unos meses descubrimos el extraordinario cine de Chantal Akerman con la recuperación de Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles. Ahora la Seminci incorpora una nueva sección llamada Memoria y utopía en la que se encuadra la versión restaurada de La cautiva. Viendo estas dos películas compruebo que el cine de Akerman es moroso, elegante y muy sutil. Especialmente en la forma en que desvela la relación entre lo doméstico y lo público, entre lo femenino y lo masculino. Inspirándose en un capítulo de Proust, Akerman coloca a sus personajes en el entorno parisino en el que se deselvuelven con naturalidad las vidas de las exóticas especies aristocráticas. Allí Ariane resulta natural, hermosa y elegante, mientras que Simon, con su traje impecable y con su coche con chofer, parece llevar puesto permanente el superyo agobiante de una masculinidad obtusa. Aunque parezca una rara avis aristocrática, La cautiva puede ser vista fácilmente como un alegato feminista de hondo calado (como quizá lo sea el cine de Chantal Akerman). Ese que se asoma a las pulsiones de control propias de una masculinidad indeseable.

miércoles, 8 de marzo de 2023

Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles

de Chantal Akerman. Bélgica, 1975. 193’.
8 de marzo de 2023. Cines Los Fresnos, Gijón. V.O.S.

Rutinas diarias de una viuda con hijo. De la mañana a la noche se ocupa con diligencia de los oficios domésticos. Y cada tarde, en lo que se cuecen unas patatas para la cena, recibe a un hombre distinto en su dormitorio. Todo es extrañamente rutinario y familiar. Sobre todo para quienes recordamos cómo era la vida cotidiana de las mujeres en 1975.

Ver un 8 de marzo en pantalla grande las tres horas y cuarto de esta joya del naturalismo feminista es un todo un lujo. Chantal Akerman consigue que estas tres jornadas con Jeanne no se hagan largas. De hecho, duran lo necesario para que podamos sentir el desasosiego de la repetición, la ingratitud de los afanes que nunca se acaban y el eterno retorno de las faenas en la cocina, en la sala o en la tienda. Es como un regreso a un pasado que no se ha borrado de la memoria pero que, contemplado con la extrema contención con que lo retrata la cámara de Akerman, nos hace reparar en el enorme valor de los gestos cotidianos. De ir apagando las luces, doblando la ropa, poniendo la mesa o recadando cuidadosamente las cosas para condurarlas (esos verbos maravillosos que tanto bien nos hicieron y que tanto bien nos harían si volviéramos a usarlos hoy). Casi no hay diálogos en estas tres horas largas de cine radicalmente doméstico y femenino. Pero sí un sonido prodigioso que nos hace acompañar de cerca la vida de esta mujer. Chantal Akerman no juzga, cuestiona ni ensalza. Solo retrata el vivir cada día de una mujer belga en los años setenta. Y con ello nos hace partícipes de que el feminismo es simplemente decencia moral. Quien no lo entienda debería ver esta película una y otra vez. Y escuchar atentamente el silencio que llena los trabajos y los días de tantas mujeres.