de Isabel Coixet. España, 2025. 120’.
7 de febrero de 2026. Cines Ocimax, Gijón.
Marta es profesora de Educación Física y Antonio tiene un restaurante muy bien valorado. Al llegar a casa tras un acto social discuten. Es esa noche cuando él decide separarse de ella. Al principio Marta lo lleva mal y no le entra la comida. Pero el motivo no será ese. Descubrir que tiene un cáncer la hará vivir de otra manera.
La emotividad de Mi vida sin mí se mantiene en Tres adioses. Las dos tienen cosas en común, pero son muy distintas. En aquella había desgarro y pena ante un futuro clausurado. Aquí domina la plenitud de tomar conciencia de que el único tiempo que importa es el presente. La forma en que Isabel Coixet repara en el vuelo de los estorninos y retrata la vida en Roma al margen de la turistosis, ya hace muy grata esta película. También la manera en que perfila y consigue que interesen todos los personajes sin restar protagonismo a Marta, el verdadero centro de esta historia. Alba Rohrwacher compone un personaje delicadamente conmovedor en su manera de afrontar el drama. Todos los demás se hacen querer, pero ese profesor de filosofía que interpreta Francesco Carril es una maravilla. En lo formal, Tres adioses tiene también tres tonos magníficamente combinados: el cálido y naturalista que nos muestra la vida de Marta y sus gentes, el de los breves instantes recordados que son como cerrar los ojos y mirar al pasado y el de los fogonazos de intensidad infinita, llena de significados, cuando una noticia trastoca el presente y desbarata el futuro. Tras adioses contiene un drama luminoso, una tristeza balsámica y un canto a esa vida que está mientras pasa.
