de Christopher Nolan. Reino Unido, 2026. 176’.
17 de mayo de 2026. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.
Tras la cruenta guerra de Troya que, con el famoso caballo, él ayudó a ganar, Odiseo regresa con sus hombres a Ítaca. Allí le esperan Penélope y Telémaco asediados por los numerosos pretendientes al trono, empeñados todos en que Odiseo nunca volverá.
Christopher Nolan lo ha conseguido. Quienes no sepan si el tal Odiseo tenía algo que ver con Ulises, si era un personaje griego, romano o galáctico y hayan acudido provistos de suficientes palomitas para tres horas no saldrán menos satisfechos que los que oyeron hablar de los aedos, las musas y los cantos antes de que Nolan empezara a filmar esta majestuosa y cautivadora película. Seguramente se disfrutará más en salas Imax en las que sea posible la proyección en 70 milímetros (y también si la versión original no fuera en inglés sino, por ejemplo, en griego -aunque fuera moderno-), pero con el cuidado del relato, el manejo de los tiempos y la espectacularidad de las imágenes no serán menos los públicos que salgan encantados de las salas que los que disfrutaron lo indecible viendo Oppenheimer. De hecho, las tres horas de La Odisea se hacen cortas y en el tramo final de la llegada de Ulises a Ítaca uno piensa que la cosa va demasiado rápida y que Nolan podría haberse permitido media hora más, para contarnos esa parte con el sosiego y el detalle con lo que lo hizo Uberto Pasolini en El regreso de Ulises. Eso sí, además de momentos tan espectaculares y fascinantes como el de los encuentros con Polifemo, Circe, Calipso o la tormenta de Poseidón, Nolan nos muestra la destrucción de Troya desde el punto de vista de un Odiseo que parece sentir ante la guerra tanto asco como el que debería sentir un soldado israelí decente entrando en Gaza. Y no le viene nada mal ese contrapunto moral a una historia tan épica como esta.

