viernes, 17 de julio de 2026

La Odisea

de Christopher Nolan. Reino Unido, 2026. 176’.
17 de mayo de 2026. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Tras la cruenta guerra de Troya que, con el famoso caballo, él ayudó a ganar, Odiseo regresa con sus hombres a Ítaca. Allí le esperan Penélope y Telémaco asediados por los numerosos pretendientes al trono, empeñados todos en que Odiseo nunca volverá.  
 
Christopher Nolan lo ha conseguido. Quienes no sepan si el tal Odiseo tenía algo que ver con Ulises, si era un personaje griego, romano o galáctico y hayan acudido provistos de suficientes palomitas para tres horas no saldrán menos satisfechos que los que oyeron hablar de los aedos, las musas y los cantos antes de que Nolan empezara a filmar esta majestuosa y cautivadora película. Seguramente se disfrutará más en salas Imax en las que sea posible la proyección en 70 milímetros (y también si la versión original no fuera en inglés sino, por ejemplo, en griego -aunque fuera moderno-), pero con el cuidado del relato, el manejo de los tiempos y la espectacularidad de las imágenes no serán menos los públicos que salgan encantados de las salas que los que disfrutaron lo indecible viendo Oppenheimer. De hecho, las tres horas de La Odisea se hacen cortas y en el tramo final de la llegada de Ulises a Ítaca uno piensa que la cosa va demasiado rápida y que Nolan podría haberse permitido media hora más, para contarnos esa parte con el sosiego y el detalle con lo que lo hizo Uberto Pasolini en El regreso de Ulises. Eso sí, además de momentos tan espectaculares y fascinantes como el de los encuentros con Polifemo, Circe, Calipso o la tormenta de Poseidón, Nolan nos muestra la destrucción de Troya desde el punto de vista de un Odiseo que parece sentir ante la guerra tanto asco como el que debería sentir un soldado israelí decente entrando en Gaza. Y no le viene nada mal ese contrapunto moral a una historia tan épica como esta.

jueves, 16 de julio de 2026

Salvaxe, salvaxe

de Emilio Fonseca. España, 2024. 86’.
16 de julio de 2026. Cines Embajadores-Foncalada, Oviedo. V.O.S.

Nada que ver con esos meritorios documentales de naturaleza llenos de imágenes asombrosas y comentarios poéticos. Ni con retratos antropológicos tan polémicos, certeros y complejos como el de Alex Galán en Salvajes, el cuento del lobo. Aquí hay voces pocas humanas, si acaso algún aullido. Son solo imágenes toscas de la presencia (esquiva) y la búsqueda (difícil) de los lobos por las tierras del norte de Portugal. Las descripciones y valoraciones que ayudan a interpretar lo que vemos están solo en algunos subtítulos.  
 
Daba gusto ver esta tarde la sala 1 de los cines Embajadores-Foncalada prácticamente  llena de personas a favor de los lobos. Así que también existe otra Asturias menos testoterónica, victimista y agresiva que esa a la que los medios dan tanta cancha y para la que el peaje del Huerna el lobo, el salmón y la angula (todos en singular) son problemas muy graves con soluciones muy simples: considerar los intereses (o deseos) de ciertos colectivos (automovilistas, pescadores, cazadores o ganaderos) casi tan legítimos e indiscutibles como los derechos humanos. Los que debemos una parte de nuestra educación ambiental y moral a Félix Rodríguez de la Fuente seguimos sin comprender cómo en un territorio con una naturaleza tan fascinante y rica como la de la península ibérica hay personas para las que sus maravillas más singulares son molestias a eliminar. Salvaxe, salvaxe tiene cierta vecindad con un magnífico libro reciente: Entre las hojas escondido, de David Muñoz Mateos. Pensaba en ello mientras veía esta película y escuchaba los interesantes comentarios de Alberto Fernández Gil, de la Estación biológica de Doñana, en el coloquio que siguió a la proyección. De lo que dijo me quedo con dos ideas interesantes: el daño territorial que se hace a las manadas de lobos cuando se imitan sus aullidos y que hay  formas mejores de investigar sobre ellos que poner cámaras y detectores nocturnos.  Según él la supervivencia de la especie, en gran medida, depende de que los humanos no sepamos, ni queramos saber, por dónde andan.