jueves, 23 de agosto de 2018

Siempre juntos

de Gustavo Pizzi. Brasil, 2018. 95.
23 de agosto de 2018. Cines Groucho, Santander.

Irene es una madre superada. Sobre todo ahora que al mayor de sus hijos lo han fichado para jugar al balonmano en Alemania y que su hermana y su sobrino han venido a vivir con ellos porque su cuñado la maltrata. Los dulces momentos cotidianos en la deteriorada casa familiar, los afanes de su buen marido por conseguir algún negocio que les permita salir adelante y los chapuzones veraniegos de los niños en la casa de la playa apenas la ayudan a levantar el ánimo en este tiempo de espera. Ella teme que el viaje del hijo adolescente sea para siempre.

Los mimbres son estupendos. Hay buenas interpretaciones, una historia bien trabada, momentos infantiles bien filmados y bastante cuidado para evitar que se cuelen los resortes fáciles del sentimentalismo familiar. Sin embargo, aunque las entiendo, no consigo sentir las emociones que debería despertar Siempre juntos. Noto más distanciamiento del que quisiera con una historia que avanza sin sorpresas. Para mi eso suele ser una virtud, pero aquí no me lo parece. Quizá sea por ese doblaje innecesario y distanciador. Creo que si la hubiera visto en versión original las sensaciones habrían sido mejores. Bastante mejores.

lunes, 20 de agosto de 2018

El viaje de Nisha

de Iram Haq. Noruega, 2017. 106’.
21 de agosto de 2018. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.

Nisha es una adolescente noruega de familia pakistaní. Una noche su padre descubre un chico en su habitación y decide enviarla a casa de sus tíos en Pakistán para que aprenda a acomodarse a las formas de vida tradicionales. Ella no se adapta y las cosas salen mal. De vuelta en Noruega sus padres siguen empeñados en dirigir su vida. De hecho, conciertan para ella una boda con un canadiense de otra familia Pakistaní,

El qué dirán. Ese era el título original de esta película. Una expresión que aquí se entendería muy bien pero que alguien decidió sustituir por ese titulo que parece hablar de un viaje importante que, sin embargo, solo ocupa un tercio de la historia. De todas formas, si una película tiene problemas con la verosimilitud, es maniquea y refuerza prejuicios contra los inmigrantes, poner un viaje en su título o aludir a la presión del entorno acaba siendo indiferente. Más en la línea de la tópica y sobrevalorada Mustang de Deniz Gamze Ergüven que de la irónica y mucho más oportuna sobre estos temas La gran enfermedad del amor de Michael Showalter, El viaje de Nisha es una película más que prescindible. Innecesaria.

sábado, 18 de agosto de 2018

El rehén

de Brad Anderon. EE.UU., 2018. 109’.
18 de agosto de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.

En los años setenta Mason Skiles era un diplomático americano que ejercía con habilidad sus dotes de mediador en Beirut. Allí era feliz con su mujer y con un niño palestino al que iban a adoptar. Pero todo cambió para él aquella noche terrible en que los israelíes quisieron llevarse al niño y en la refriega con un comando palestino murió su mujer. Diez años después la CIA le obliga a volver a Beirut para mediar con los secuestradores palestinos de un importante responsable americano que era amigo suyo de aquel tiempo. El niño que se llevaron aquella noche es ahora el joven con el que tiene que negociar.

Bien ambientada en sus dos épocas y con una fotografía muy cuidada, la película de Brad Anderson se sigue con mucho interés tanto por la trama que la enmarca en aquellos terribles años en Beirut como por la interesante historia personal de este negociador nato que es el verdadero protagonista de la historia. De hecho, su amigo el rehén es casi un secundario que guarda cierto paralelismo con ese otro colaborador con el que ahora media en pequeños conflictos locales en su país. Así que no se entiende esa costumbre de los distribuidores españoles de empeorar los títulos originales de las películas. Beirut era el título perfecto pero, si se trataba de personalizar la historia, El negociador o El mediador tenían mucho más sentido que El rehén. De cualquier forma, la llamen como la llamen, la película de Brad Anderson merece la pena.

lunes, 13 de agosto de 2018

Buenos vecinos

de Hafsteinn Gunnar Sigurðsson. Islandia, 2017. 89.
13 de agosto de 2018. Cines Van Dyck, Salamanca.

La mujer encuentra una noche al marido viendo un video sexual que grabó con una antigua novia antes de conocerla. Ella le echa de casa y le prohíbe que vea a su pequeña hija. Esos no serán los únicos problemas para él. Sus padres se llevan muy mal con los vecinos de su vivienda adosada. Primero por la sombra de un árbol, luego por la desaparición de una gata y finalmente por lo que le pasa a un perro. Así que las cosas terminarán muy mal. Sobre todo para él y para los otros dos hombres de este conflicto mayormente femenino.

Hafsteinn Gunnar Sigurðsson parece empeñado en refutar las tesis de John Carlin. En sus Crónicas de Islandia el genial periodista que se declara enamorado de aquel país sostiene que los islandeses son un modelo de promiscuidad tolerante, de buena vecindad y de convivencia perfecta en esas modélicas familias desestructuradas que parecen ser tan frecuentes allí. Buenos vecinos es casi el negativo de todo eso. Con un tono áspero en el que hay ironías pero también conflictos tremendos, que por momentos recuerdan al de la magnífica Custodia compartida de Xavier Legrand (aunque aquí las culpas son muy diferentes), Buenos vecinos es una prueba más de que un país tan pequeño como Islandia es casi garantía de buen cine. Así que algo de razón tiene que tener John Carlin para que allí se hagan películas tan interesantes. Aunque esta no sea nada complaciente con la convivencia vecinal en Reikiavik.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Solo

de Hugo Stuven. España, 2018. 92’.
8 de agosto de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.

Tras una noche con amigos en Fuerteventura, un joven surfista va con su tabla a una zona solitaria y cae por un acantilado. Se ha roto la cadera y tiene un corte importante en una mano, así que pasará dos días temiendo por su vida en una cala inaccesible antes de que lo rescaten en el mar. La soledad involuntaria de esas horas se mezcla con alucinaciones y evocaciones emocionadas de su vida.

Las impresionantes imágenes de Fuerteventura y los avatares de este hombre solo en medio de las rocas, la arena y el mar son lo mejor de una historia que recuerda a la impresionante 127 horas. Pero frente a la película de Danny Boyle, Solo tiene la ventaja de unos entornos espectaculares que animarán a quienes no hayan estado nunca en la costa occidental de Fuerteventura a querer conocer cuanto antes su sobrecogedora belleza. Hugo Stuven tiene el acierto de contar esta historia real sin combinar el sufrimiento del protagonista con las labores de búsqueda. Sin embargo, la relación con su novia (interpretada por Aura Garrido, una actriz que me encantó en Stockholm y en La Reconquista) y el postureo de esta bonita pareja en crisis (sobre todo él: su postureo y su crisis) no me parecen el mejor contrapunto para una historia que tiene el mayor interés cuando nos muestra el drama de un hombre solo a merced del mar.

jueves, 26 de julio de 2018

Whitney

de Adam Wiltzie. Reino Unido, 2018. 120’.
26 de julio de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.

La vida de Whitney Houston. Desde sus comienzos musicales con su madre en Newark hasta el éxito superlativo cuando cantó el himno de Estados Unidos o protagonizó El guardaespaldas. Y también el declive que la llevó a la muerte con solo 48 años.

Los documentales sobre cantantes con finales prematuros suelen ser muy interesantes. Incluso aunque uno no tenga especial interés por su obra. La abundancia de filmaciones diversas permite hacer recapitulaciones soberbias como la de Asif Kapadia sobre Amy Winehause o la de Alexis Morante sobre Camarón. Y también películas menos originales pero más que interesantes como la de Tom Volf sobre María Callas o la de Thorsten Schütt sobre Frank Zappa. La de Adam Wiltzie sería de estas últimas ya que el dispositivo es bastante clásico (con bastantes declaraciones sentadas, principalmente de su familia y entorno más íntimo), pero también contiene muchas filmaciones que nos acercan al personaje. Es verdad que se le da más importancia a las vicisitudes personales que a su trayectoria musical (en esto el de Amy Winehause era mucho más equilibrado y también más fascinante), pero las dos horas de la película se ven con interés y no se hacen largas.

miércoles, 25 de julio de 2018

No te preocupes, no llegará lejos a pie

de Gus Van Sant. EE.UU, 2018. 114’.
25 de julio de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.

El joven John Callahan se emborrachaba continuamente hasta que un día tuvo un grave accidente que lo dejó tetrapléjico. Aún así siguió bebiendo, hasta que con un grupo de ayuda mutua y entregándose a su pasión por el dibujo de viñetas para la prensa consiguió superar su alcoholismo y recuperar las ganas de vivir.

Gus Van Sant cuenta con buen tino esta historia de superación personal que tenía todos los mimbres para convertirse en melosa. Sin embargo, una bien trabada articulación del relato, que incluye las propias viñetas que Callahan dibujaba, hace que la historia no sea obvia y resulte interesante. Por lo demás, da gusto ver al camaleónico Joaquin Phoenix (aquí de pelirrojo subido) en prácticamente todos los planos de la película. Sin duda, sería muy distinta si no estuviera él.

martes, 24 de julio de 2018

La revolución silenciosa

de Lars Kraume. Alemania, 2018. 111’.
24 de julio de 2018. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

En 1956 los alumnos de un aula de secundaria del Berlín oriental deciden hacer un minuto de silencio en solidaridad con las victimas de la revuelta en Hungría contra la ocupación soviética. Es un gesto mínimo que tendrá graves consecuencias para todos ellos.

La estupenda ambientación en un Berlín en el que todavía no se había levantado el muro y un trasfondo ético que trasciende la incertidumbre de ese contexto político hacen que La revolución silenciosa me haya recordado a otra película sobre los tiempos de la Guerra Fría que también mostraba la ecología moral de unos alumnos y unas familias que, desde un aula, se enfrentaban y sufrían la furia de un poder totalitario. Me refiero a La profesora, la estupenda película de Jan Hrebejk, con la que la de Lars Kraume comparte muchas cosas (excepto la vertiente cómica que aliviaba aquel drama eslovaco y que no está presente en esta historia alemana). La sombra del pasado, la ingenuidad de algunas rebeldías y los dilemas que enfrentan a la delación con la supervivencia se dan cita en esta estupenda película basada en hechos reales que nos muestra cómo el totalitarismo construye y destruye a unos enemigos que ni siquiera tenían plena conciencia de serlo. La revolución silenciosa es una historia pequeña pero una lección grande.

sábado, 21 de julio de 2018

Happy End

de Michael Haneke. Austria, 2017. 110’.
21 de julio de 2018. Cines Ocimax, Gijón.

Una niña de doce años graba en su casa videos inquietantes (las rutinas en un baño, el envenenamiento de un hámster, una mujer que ha tomado pastillas). Tras el aparente suicidio de la madre irá a vivir a la mansión de la familia paterna. Él padre tiene ahora un hijo pequeño con otra mujer y también tiene una amante. Su tía dirige la empresa familiar. Y el abuelo tiene principios de Alzheimer y muchas ganas de suicidarse. También la niña lo intenta.  

Haneke nos presenta las relaciones de esta familia de modo bastante fragmentario. Los tres videos iniciales, además de un prólogo, son una declaración de que deberá ser el espectador quien intente (y quizá no consiga) atisbar las intenciones de unos personajes que poco a poco se van definiendo. La historia no es compleja pero sí desangelada y perturbadora. Uno quiere compadecer a esos personajes a los que, sin faltarles nada, parecen afectivamente maltrechos. Pero intuye que, además de una historia de intimidades tristes, Haneke está haciendo un retrato más sintomático. De hecho, el agujero existencial al que los personajes se asoman está bien simbolizado por ese inmenso hueco excavado por la constructora familiar cuyos bordes se desmoronan. La familia vive en Calais, no lejos de ese túnel en el que casi termina Europa y que explica la presencia de esos inmigrantes que en dos escenas magníficas (la segunda parece un homenaje a Buñuel) hacen de contrapunto de esta familia burguesa. Para este irónico Happy End, que parece hablarnos de eutanasias y suicidios no solo personales, Michael Haneke cuenta con las magníficas interpretaciones de una jovencísima Fantine Harduin, de Isabelle Huppert y sobre todo de un Jean-Louis Trintignant extraordinario (seguramente en su último trabajo). En la magnífica escena de la conversación con la niña su personaje conecta esta historia con la de Amor. Así que Happy End resulta una película inquietante, emotiva, desangelada, compleja, simple, luminosa, sombría, humana y pesimista. Un Haneke distinto. Pero también puro Haneke.

martes, 17 de julio de 2018

Mary Shelley

de Haifaa Al-Mansour. EE.UU., 2017. 120’.
17 de julio de 2018. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

La juventud de Mary Wollstonecraft Godwin. Desde su adolescencia en casa de su padre hasta el reconocimiento de la autoría de su Frankenstein. Vemos la relación que tuvo en esos años con Percy Shelley, con su hermana y también con Lord Byron. En Escocia, en Ginebra y sobre todo en Londres.

Haifaa Al-Mansour nos contó una magnífica historia en La bicicleta verde. Todo en aquella película tenía fuerza porque su directora supo dotarla de una notable coherencia entre el relato y la forma. Pero, como Isabel Coixet con La libreria, parece que Haifaa Al-Mansour ha sucumbido al embrujo de lo británico. Tanto que casi ni nos damos cuenta de que una parte crucial de la historia sucede en Suiza.  Las ambientaciones están cuidadísimas y eso se agradece, pero la musicalización está subrayadísima y eso se hace insoportable. Creo que Al-Mansour se ha confundido de romanticismo y, aprovechando el tirón de aquella escritora, ha creído que lo mejor era armar un melodrama muy británico, una historia muy romántica pero en el otro sentido. Las buenas historias (no solo en el cine) no se sostienen solo porque sean verdaderas. Son buenas cuando deja de importarnos que sus protagonistas hayan existido. Y este no es el caso.

sábado, 7 de julio de 2018

Jefe

de Sergio Barrejón. España, 2018. 90’.
7 de julio de 2018. Cines Ocimax, Gijón.

El jefe solo tiene una semana para evitar su empresa quiebre. Y también su matrimonio. Como no puede volver a casa,  a los días de broncas con su consejo de dirección les siguen noches de complicidades con una limpiadora colombiana a la que van a despedir. Las cosas se van torciendo día a día, pero finalmente descubre la trama que lo explica todo.

A la vista del cartel era muy poco probable que me animara a ver esta película que tenía todos los boletos para estar llena de tópicos vergonzantes. Sin embargo, había leído que Luis Callejo estaba estupendo en este personaje de jefe ibérico y efectivamente es así. Jefe es mucho más (y mucho mejor) que esas películas americanas y francesas que abundan en nuestras carteleras en las que hacer comedia se reduce a yuxtaponer tópicos. De hecho, yo diría que esta película no es una comedia. Es más bien un entretenido juego en el que, sin salir nunca de esa empresa  (solo en la estupenda escena inicial), se le saca bastante partido a los arquetipos de despacho. Es una cuenta atrás que, sin muchas pretensiones, le da mil vueltas a esas otras películas que, con carteles tan malos como este, tienen aseguradas varias semanas en nuestros cines.

martes, 3 de julio de 2018

Tully

de Jason Reitman. EE.UU., 2018. 94’.
3 de julio de 2018. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Su tercera maternidad le pone las cosas difíciles a Marlo. Atender a la niña mayor y al niño que tiene tantos problemas hace que la recién nacida la deje sin descanso. Así que la llegada de Tully, la niñera que le paga su hermano, resulta providencial para ella. Tully es una joven deliciosa con toda la vida por delante y muchas ganas de hacérsela fácil a Marlo. Como un ángel de la guarda especialmente cercano. 

El director de Juno, Up in the Air y Hombres, mujeres y niños no lo podía hacer mal. Y contando con una Charlize Theron magnífica en ese papel de madre superada estaba claro que había que ver la nueva película de Jason Reitman. Sin embargo, el resultado es aún mejor de lo esperado. No solo por el magnífico personaje de Marlo y su radical proximidad con esa Tully que no puede ser mejor aliada, sino también por esos niños peculiares y deliciosos, por ese marido que no resuta mostrenco y por esos extraordinarios retratos escolares que Reitman nos regala en apenas tres escenas mínimas. Leyendo la sinopsis o sabiendo el tema del que trata (maternidades, familias y vida americana) Tully podría parecer una película de género llena de tópicos. Pero no es así. Un montaje perfecto, unos personajes de ironía y ternura variables y un guión magnífico (que en su tramo final se reconstruye haciendo aún más perfecto el conjunto que sus muy deliciosas partes) hacen que la última película de Reitman sea absolutamente imprescindible. Lo será para padres y madres que estén viviendo (o recuerden) esos trances. Pero sobre todo para quienes disfruten con un tipo de cine que es fácil y emotivo pero también muy lúcido y muy bien hecho. Bien por Jason Reitman.

En la playa de Chesil

de Dominic Cooke. Reino Unido, 2017. 110’.
3 de julio de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.

Florence y Edward llegan vírgenes al matrimonio. Vemos las muchas cosas que les unen antes del día de la boda. Y vemos también ese difícil momento en el que no saben qué hacer esa noche. Su fracaso será dramático porque no tendrá retorno.

La historia previa y la jornada de la boda están bien contadas. Y es especialmente destacable la escena en la playa. Sin embargo, la película se habría quedado en poco si (como debería) terminara ahí y nos dejara imaginar el futuro de unos personajes que se nos presentan no como patéticos sino como trágicos. Ian McEwan y Dominic Cooke debieron pensar eso mismo cuando decidieron añadir los dos epílogos. El primero, con la hija de Florence comprando un disco en la tienda de Edward, aporta poco y escora hacia el tópico. Pero el segundo, con un Edward anciano llorando en el patio de butacas durante el último concierto de Florence, resulta más que prescindible. Una lástima, porque los dos actores están muy bien y el drama de ese amor asexuado podría dar para más.

lunes, 2 de julio de 2018

Casi 40

de David Trueba. España, 2018. 87’.
2 de julio de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.

Él vende ahora cosméticos ecológicos. Ella hace tiempo que dejó su carrera de cantante. Los dos pasarán unos días juntos por tierras extremeñas y castellanas. Es una pequeña gira que él ha organizado para que ella cante en librerías y bares con encanto. Y será una oportunidad para que los dos recuerden su amor adolescente.

David, Jonás y el tiempo. Sería un buen título para un ciclo sobre los últimos trabajos del tío y el sobrino en los que hay conversaciones, viajes en furgoneta, canciones que se cantan completas, garitos y librerías entrañables y también reencuentros con amores tempranos. Todos esos mimbres me encantan (especialmente los que los dos comparten con Richard Linklater, ese otro Trueba americano). Así que veo con especial agrado esta película de palabras y de paisajes. De diálogos casi rohmerianos en los que uno se siente siempre concernido y de lugares deliciosos que siento especialmente míos. Las dos primeras ciudades por las que pasan estos ruteros plácidos son Plasencia y Salamanca. Y las dos primeras librerías en las que ella canta son La Puerta de Tanhäusser y Letras Corsarias. Así que ya solo faltaba que hubieran pasado por Béjar y se tomaran una caña en La Alquitara para que sintiera que el Todas las canciones hablan de mi de Jonás o El todo me recuerda a ti de David tuvieran un significado aún más especial para mi. Casi 40 es una película apta para todas las edades en la que, además de mucha ternura, David Trueba permite que sus personajes (sobre todo él) se desquiten contra esas maneras imbéciles de vivir determinadas edades que parecen creer que no existen otras. Así que a la espera de ese ciclo sobre el tiempo y los Trueba (por ejemplo, en el Teatro Cervantes durante la Semana de Cine Español de Béjar) me dispongo a disfrutar como todos los años de esos lugares de película que tanto me gustan desde hace bastante más de cuarenta.

domingo, 1 de julio de 2018

Los perros

de Marcela Said. Chile, 2017. 94.
1 de julio de 2018. Cines Renoir Princesa, Madrid.

Mariana vive la vida plácida propia de la alta burguesía chilena. Es hija de un potentado y está casada con un argentino con el que aún no tiene hijos. Últimamente toma clases de equitación con un hombre maduro que le interesa especialmente. Es un coronel retirado al que van a procesar por lo que hizo en tiempos de la dictadura. A ella esta situación la atrae. Quizá porque quiere conocer qué responsabilidades tuvo en todo aquello su propia gente. 

Los perros son importantes en esta historia que vemos desde el punto de vista del personaje que interpreta magníficamente Antonia Zegers. Los perros son también esos hombres (su padre, su marido, el coronel...) que dominan y atraen a esta mujer cobarde pero atrevida, ignorante de lo que pasó pero interesada por conocerlo, fascinada por un mal que a la vez le repugna y finalmente tan conservadora como desleal hacia su estirpe. Marcela Salid nos sitúa en este punto de vista complejo para mostrarnos el interior radical de unas clases altas chilenas que ya retrató magistralmente desde la mirada de una joven en El verano de los peces voladores, su primer largo de ficción que tuvimos la suerte de ver hace cinco años en el Festival de Gijón. Así que ha sido un lujo encontrarnos ahora en Madrid con esta nueva película suya que, además de mostrarnos, con un elenco perfecto, las intimidades y vergüenzas de las élites chilenas, adopta el punto de vista de ese personaje complejo que le va tan bien a Antonia Zegers. Buen guión, buenos actores y buena dirección. ¿Qué más se puede pedir? Solo una cosa: que podamos ver pronto en España lo próximo que haga Marcela Said.

sábado, 30 de junio de 2018

En tránsito

de Christian Petzold. Alemania, 2018. 101’.
30 de junio de 2018. Cines Golem, Madrid. V.O.S.

Durante la ocupación nazi de Francia un hombre tiene que abandonar el país. Ha conseguido los papeles de un escritor fallecido que pensaba hacerlo con su mujer. El hombre se hace pasar por él y tiene todo preparado para salir en barco desde Marsella. Mientras espera cerca del puerto la fecha de la partida conoce a una mujer que  busca a su marido. Y que tenía previsto irse con él.

Amores imposibles. Identidades secretas. Fronteras peligrosas. Tres hilos conductores para los tres estupendos largometrajes que he visto de Christian Petzold. En tránsito es un melodrama espléndido con el tiempo dislocado. En lugar de ambientarlo en la época que narra, Christian Petzold toma una decisión más barata pero muy arriesgada. Nos cuenta la misma historia y en los mismos lugares pero en tiempo presente. No es una actualización del relato. Es una forma de subrayar sus nexos potenciales con otras diásporas dolientes bien cercanas. Pienso en los barcos que llevaron a tantos españoles a aquel México acogedor. O en esos otros que a duras penas consiguen encontrar cobijo ahora en este Mediterráneo que ha renunciado a ser la animada charca compartida que describía Platón. Ayer asistíamos en el Pavón Kamikaze a un esbozo teatral en forma de lectura dramatizada. Hoy, viendo esta película, he tenido una sensación parecida. La voz de un narrador nos acompaña y distancia de una historia tremenda que vemos dislocada (me apetecía escribir discronada). Y eso hace que aún resulte más extraño este intenso melodrama que parece invitarnos a reflexionar sobre los tránsitos. Los de quienes buscan la felicidad y los de quienes se cruzan en sus caminos.

viernes, 29 de junio de 2018

Custodia compartida

de Xavier Legrand. Francia, 2017. 93’.
29 de junio de 2018. Cines Golem, Madrid. V.O.S.

La juez decide que la custodia será compartida, así que el padre podrá tener al niño algunos fines de semana. No sabemos cómo ha sido el divorcio ni por qué la mujer y el niño le tienen tanto miedo. Pero poco a poco veremos que esa no era la mejor solución.

Xavier Legrand consigue meternos en el abismo de esta dramática ruptura familiar que este padre violento no es capaz de aceptar y que acaba siendo un infierno para los demás. Nuestro lugar está siempre en medio de esta familia quebrada asistiendo a la tensión que provoca la desesperación de un padre a la deriva que se empeña en no permitir que los demás se salven. Uno se pregunta cómo se ha filmado ese miedo creciente del niño y cómo puede haber tanta verdad en unas interpretaciones tan tremendas. La acelerada tensión del tramo final tiene el buen gusto de evitar un final truculento y efectista. También por eso Custodia compartida es una magnífica película que da tanto que pensar.  

Formentera Lady

de Pau Durà. España, 2018. 85.
29 de junio de 2018. Cines Renoir Princesa, Madrid.

Un veterano jipi que vive desde hace muchos años en Formentera tiene que hacerse cargo de su nieto. Algo que no tenía previsto y que no sabe hacer.

Aún le faltan bastantes años para llegar a la edad del personaje de Lucky que protagonizó Harry Dean Stanton en la extraordinaria película de John Carroll Lynch. Sin embargo, hay algo que me lo recuerda en la actitud vital de este jipi insular que borda el gran José Sacristán (un lujo que Pau Durà y él hayan venido esta tarde a presentar la película en esta sala de los Renoir). Aunque se intenta evitar el entrañabilismo generacional, la aceleración del tramo final y, sobre todo, la salida de su isla de este héroe crepuscular hacen que Formentera Lady no llegue a ser la película que promete. Una lástima, porque me había hecho a la idea de que esa maravillosa isla podía estar cerca de la frontera con México.

jueves, 28 de junio de 2018

Demasiado cerca

de Kantemir Balagov. Rusia, 2017. 118.
28 de junio de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Una familia judía de una república caucásica tiene que afrontar el drama del secuestro del hijo menor y su mujer. Para pagar el rescate tendrán que venderlo todo.

Demasiado cerca es una opera prima impresionante. Balagov nos cuenta esta historia desde el punto de vista de la hija mayor, una joven magníficamente interpretada por Darya Zhovner que tiene una intensa complicidad con los personajes masculinos: ese padre amigo y compañero, ese hermano amado y rival y también ese amante rústico y sosegado. Su contrapunto es la madre. Ella adora al hijo perdido y está dispuesta a todo por él. La elegantísima fotografía es cálida y oscura a la vez y el formato 4:3 enfatiza el realismo de una historia que tiene algo de tragedia griega. Seguramente se nos escapan algunas claves contextuales de la historia (la integración -o no- de las comunidades judias en ese entorno, el papel de la religión en esa zona tan desconocida para nosotros, el significado de ese terrible video en VHS sobre matanzas en Chechenia que ven sin querer unos jóvenes...), pero Demasiado cerca es una magnífica película que cuenta con unas interpretaciones portentosas (no solo la de Darya Zhovner) y una dirección sobresaliente a cargo de este joven cineasta ruso llamado Kantemir Bagalov. Ojalá podamos ver pronto en España lo próximo que haga.

martes, 26 de junio de 2018

Borg McEnroe

de Janus Metz. Suecia, 2017. 103.
26 de junio de 2018. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

En 1980 Borg ganó por quinta vez consecutiva una final en Winbledon. Fue contra McEnroe en un enfrentamiento agónico que puso a prueba el carácter de ambos.

Aunque al principio parece que la película tratará de los dos, poco a poco va quedando claro que estamos de parte (como es lógico) del sueco de gesto contenido y no del americano de rabietas inolvidables. El actor que interpreta a Borg lo clava y eso es fundamental en una película que quiere presentarnos el sufrimiento íntimo de aquel tenista que no conocía la derrota. Quien no sepa que el tenis es el deporte más agónico, perfecto y elegante quizá lo intuya con esta película que animará a más de uno a sentarse ante el televisor para ver completa una buena final entre esos deportistas entregados y leales que son (casi siempre) los tenistas.