de Mailys Vallade, Liane-Cho Han Jin Kuang. Francia, 2025. 77’.
21 de febrero de 2026. Cines Embajadores-Foncalada, Oviedo.
El despertar a la vida de una niña belga en Japón. Al principio no sabe que está en Japón, que es belga, ni siquiera que es un ser vivo. Son descubrimientos a los que asistiremos junto a ella. Los colores, las flores, los peces, el agua, el lenguaje, los seres queridos (otros no tanto), la existencia de un pasado o la incertidumbre ante el futuro forman parte de un mundo que se despliega ante esa niña que aún no tiene tres años.
Amélie es, al principio, poco más que un tubo metafísico (está en el título original de película, que no es en inglés como aquí). Es algo así como un vacío divino que poco a poco despierta a un universo tan real como mágico. La historia me ha recordado a la de Hola, mundo, el bonito libro de Cristian David López, y nos propone reflexiones en clave poética sobre muchas cosas, algunas muy serias, como las culturas y la memoria. Pero también es visualmente vibrante, con esa sinfonía continua de colores alrededor de unos preciosos ojos verdes que miran sin prejuicios. Es una película de animación (del despertar de un alma) apta para todos los públicos, desde los menores de tres años hasta los mayores de cien. Lástima que esta tarde en la sala solo hubiera una niña. En películas como esta, las preguntas de los pequeñines y los comentarios de los padres suelen ser como una segunda banda sonora muy grata.
