de Jonatan Etzler. Reino Unido, 2025. 99’.
11 de septiembre de 2026. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.
Maria es una profesora de primaria que tiene en su grupo a Danny, un niño extremadamente disruptivo que la saca de quicio cada día. También tiene a Pauline, la némesis sabihonda y repipi de esa manzana podrida. Unas cosas llevan a otras y Maria acaba encerrando en el sótano de su casa a Danny. La comunidad educativa lo descubre y toma las riendas del caso. Aunque en un sentido inesperado.
En esta semana en que comienza el curso, en que PISA nos pisa y en que la IA parece estar a punto de salirse de la lámpara de tanto frotarla, se estrena esta película que nada tiene que ver con las típicas jeremiadas sobre las penurias docentes. De hecho, Bad Apples está tan lejos de los poemas pedagógicos o de las tragedias escolares como lo está Delicattesen del cine culinario. Aunque, por el tono y algunos detalles, se podrían encontrar afinidades entre las dos películas. Bad Apples no tiene truculencias gore, pero el mundo feliz de su solución final y el lóbrego centro de la historia sí que apuntan hacia el más siniestro de los dilemas éticos. El de la crítica al utilitarismo de Bentham en el cuento del niño encerrado bajo la ciudad feliz.
