sábado, 26 de enero de 2019

El blues de Beale Street

de Barry Jenkins. EE.UU., 2018. 119.
26 de enero de 2019. Cines Parqueastur, Corvera.

Tish queda embarazada. Pero justo entonces su novio entra en la cárcel. Le acusan de una violación que no ha cometido y por la que seguirá allí  cuando nazca su hijo. Será una situación difícil para los dos pero no pondrá en riesgo su amor. 

No tiene la intensidad de Moonlight pero se ve con mucho agrado. La historia es sencilla y fluye con contenida elegancia. Los saltos temporales están tan bien engarzados como esos movimientos de cámara que buscan captar los sentimientos de los personajes. Una música siempre oportuna y una fotografía cálida y bella hacen que El blues de Beale Street parezca dirigido por un Wong Kar-Wai fascinado por la novela de James Baldwin.

lunes, 21 de enero de 2019

Las herederas

de Marcelo Martinessi. Paraguay, 2018. 125.
21 de enero de 2019. Teatro Filarmónica, Oviedo.

Dos amantes maduras que viven como hermanas se ven obligadas a vender los objetos de valor que hay en su casa de Asunción. Una de ellas entra en la cárcel y en ese tiempo la otra gana algo de dinero haciendo de taxista para otras mujeres. Especialmente para una más joven de la que se enamora.

A pesar de la mala calidad del sonido en esta proyección, la contenida historia de Las herederas se hace más que interesante. Con una interpretación soberbia de Ana Brun y una cuidadísima manera de poner la cámara que apuesta por los encuadres intencionados y por una limitada profundidad de campo para concentrar la atención en los personajes, Las herederas vuelve a demostrar la gran calidad del trabajo de los cineastas paraguayos. Igual que me pasa con el cine islandés, creo que me resultaría fácil programar un ciclo con estupendas películas de esa querida tierra sin mal situada en el corazón de América. Ahí van algunos ejemplos del buen cine paraguayo: La hamaca paraguaya de Paz Encina, 108 Cuchillo de palo de Renate Costa, 7 cajas de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, La última tierra de Pablo Lamar o Tren Paraguay de Mauricio Rial Banti. Y, por supuesto, Las  herederas de Marcelo Martinessi, una película que tiene bien merecidos los premios que está recibiendo.

sábado, 19 de enero de 2019

Entre dos aguas

de Isaki Lacuesta. España, 2018. 136.
19 de enero de 2019. Centro Municipal Integrado Pumarín, Gijón.

Isra sale de la cárcel y Cheito acaba de volver a San Fernando tras un largo tiempo en un barco de la Armada. Son aquellos hermanos de La leyenda del tiempo que habían perdido al padre y se debatían entre el futuro deseable y el presente posible. Ahora cada uno tiene tres hijos, relaciones amorosas muy distintas e importantes dilemas a los que enfrentarse. Los dos siguen viviendo entre dos aguas.

La leyenda del tiempo es el título de la primera parte de este magnífico díptico y de aquel extraordinario disco que Camarón recomendaba que escucharan más veces quienes no lo entendían. Pero también es una buena descripción de la esencia del cine. Isaki Lacuesta parece asumirlo volviendo a mostrarnos en la edad adulta a unos seres que su mirada convirtió en inolvidables hace ya doce años. Entre dos aguas nos devuelve otra vez a su mundo. Entre dos mares. Entre las salinas y los caños que descubren las mareas en esa tierra extrañamente insular en que nació Camarón. Entre la esperanza y la marginalidad de unas vidas en la encrucijada. Entre el vacío oscuro que dejó el padre muerto y la luminosa calidez de la paternidad reciente. Entre dos aguas también revela la forma en que Isaki Lacuesta ha decidido acercarse a una historia en la que ficción y realidad no se distinguen, en la que el hiperrealismo no es veracidad sino verdad, en la que persona y personaje se funden y confunden, en la que la cámara se diluye en cada escena para asomarnos a instantes que solo pueden contemplar quienes los viven. Entre dos aguas es nítida, poética, luminosa y sugerente. Como las palabras que embelesan de los niños y las pieles tatuadas de los hombres que se siguen bañando como niños.

miércoles, 16 de enero de 2019

El silencio de otros

de Almudena Carracedo y Robert Bahar. España, 2018. 95’.
16 de enero de 2019. Casa de la Cultura, Avilés.

Contra el olvido. A favor de la memoria. Para que las ancianas que todavía viven puedan encontrar los restos de sus padres asesinados. Para que los torturadores de las postrimerías del franquismo no sigan impunes. Para eso cientos de españoles han tenido que presentar sus querellas en Buenos Aires y apelar a la justicia universal.  

El silencio de otros repasa el recorrido tenaz de unas organizaciones que no han encontrado el camino a la justicia en España y han tenido que buscarlo en Argentina. También recuerda aquel pacto del olvido que obligó a que la amnistía de quienes lucharon contra el franquismo tuviera que pagarse con la impunidad de sus adversarios. Y eso al final lo acaba pagando un país amnésico que aún no ha sacado los restos del dictador de donde él mismo quiso estar y sigue manteniendo a miles de españoles en los lugares en que fueron asesinadas. Un país en el que cuesta lo indecible que los nombres de los canallas no se perpetúen en nuestras calles y plazas. Hace unos años frente al Puente del Cardenal en Monfragüe se puso un rótulo que, nombrándolos, homenajeaba a unas decenas de extremeños que fueron asesinados en esa zona. Duró muy poco porque primero fue atacado y luego retirado. Es un ejemplo de la infamia de esa España que silenció las verdades y obligó a tantos españoles a vivir silenciados durante tanto tiempo.

martes, 15 de enero de 2019

Atardecer

de László Nemes. Hungría, 2018. 142’.
15 de enero de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Una joven que se ha criado en Trieste vuelve a Budapest para pedir tranbajo en la sombrerería que fue la casa de sus padres hasta que perecieron en un incendio cuando ella era una niña. En esa ciudad la joven iniciará una serie de búsquedas. La de un hermano del que no sabía nada. La de unos personajes con relaciones poco claras. Y la del destino que tiene en la corte de Viena la joven que cada año es elegida de entre las trabajadoras de esa extraña sombrerería de postín.

Proximidad máxima, profundidad de campo mínima, sonido omnipresente y seguimiento continuo del protagonista. Esos fueron los mimbres con los László Nemes consiguió que El hijo de Saúl fuera una de las películas más importantes que se hayan filmado sobre el Holocausto. Buena parte de esos recursos los utiliza también en Atardecer, añadiéndoles además una cuidadísima ambientación que nos hace sentirnos en el Budapest inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la historia se hace muy confusa. Uno no entiende lo que está buscando esa chica, ni las relaciones entre las gentes que parecen estar al tanto de unos secretos que al menos a mi se me escapan. Así que Atardecer me ha defraudado. Pero eso no empaña el extraordinario recuerdo que tengo de la sobrecogedora historia de El hijo de Saúl.

domingo, 13 de enero de 2019

El vicio del poder

de Adam McKay. EE.UU., 2018. 132.
13 de enero de 2019. Cines Parqueastur, Corvera.

La trayectoria de Dick Cheney. Desde el adolescente mediocre y bobo que tenía a su lado a una novia tenaz hasta el todopoderoso vicepresidente que se hizo con el control de todo y que tanto mal le hizo al mundo tras aquel septiembre de 2001.

Ágil. Irónica. Bien contada. Con un estupendo trenzado entre lo real y lo ficcionado. Así es la nueva y muy intencionada película de un tipo tan lúcido y tan creativo como Adam McKay. Nada que extrañe tras la gran calidad de su estupenda La gran apuesta. McKay viene a ser como otro Michael Moore atrevido pero con muchas más cualidades como cineasta. Con él comparte intenciones éticas y políticas, pero su estilo desenfadado pero riguroso, su capacidad para ironizar sobre todo y la frescura con que articula estas películas tan trepidantes sobre la economía o la política son cualidades notabilísimas que Adam McKay no comparte con nadie.

sábado, 12 de enero de 2019

La quietud

de Pablo Trapero. Argentina, 2018. 117.
12 de enero de 2019. Cines Groucho, Santander.

Dos hermanas se reencuentran en La quietud, la finca a la que también vuelve su padre en estado vegetativo. La reconstrucción de una relación fraternal que es casi amorosa y el descubrimiento filial de una verdad familiar sobre los manejos en tiempos de la dictadura coincide con este momento difícil en el que las dos hermanas están perdiendo al padre.

Hay tres películas en esta nueva historia de Trapero. La sentimental sobre esas dos hermanas tan fascinantes, la política sobre ese vergonzante secreto familiar y la del retrato social sobre la naturalidad con que se saben seguras las élites argentinas. La primera es la que más me gusta. También me interesa bastante la tercera (como ese magnífico retrato de las clases emergentes de los noventa en las afueras de Buenos Aires que hizo Claudia Piñeiro en su estupenda novela Las viudas de los jueves). Sin embargo, la trama política de esta historia me resulta menos interesante. Quizá haya demasiada quietud para que quede claro lo se que pretende con ella.

lunes, 7 de enero de 2019

Pájaros de verano

de Ciro Guerra y Cristina Gallego. Colombia, 2018. 125.
7 de enero de 2019. Teatro Filarmónica, Oviedo.

En el desierto de Guajira, en el norte colombiano, una familia indígena Wayuu cambia su modo de vida tradicional cuando empieza a vender marihuana a los estadounidenses. Entre los años sesenta y los ochenta pasarán de ser ganaderos humildes a clanes organizados del primer eslabón del trafico de drogas. Algo que comprometerá sus formas de vida ancestrales.

Se inaugura la VII Muestra de Cine Social y Derechos Humanos con esta magnífica película del director de la no menos fascinante El abrazo de la serpiente. Los paisajes desérticos y casi abstractos del norte colombiano sirven de escenario poderoso para una historia que comienza pareciendo un bello reportaje etnográfico y que se va convirtiendo en una verdadera tragedia que va mucho más allá de los conflictos convencionales con el tráfico de drogas. Ciro Guerra y Cristina Gallego organizan el relato en cinco cantos que podrían ser los de una tradición oral que contara y cantara, como en la Iliada, el drama de unas gentes que, queriendo evitarla, vivirán los desastres de su propia guerra. Cálida y colorista hasta parecer casi africana, esta nueva película del director colombiano es todo un un homenaje a tradiciones y paisajes poco conocidos de su país. Y también un alegato contra los perjuicios que provocó en los pueblos tradicionales la trampa de servir a las necesidades de los gringos.

domingo, 6 de enero de 2019

Juliet, desnuda

de Jesse Peretz. EE.UU., 2018. 105’.
6 de enero de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Duncan y Annie son una pareja convencional que vive en un pueblo del sur de Inglaterra. Duncan está obsesionado con Tucker Crowe, una vieja gloria del rock de la que hace tiempo que nadie sabe nada. Casi sin querer, Annie entrará en contacto con él y eso cambiara su vida. Y también la del aquel músico americano.

Una comedia sentimental amable y grata. Más británica que americana, Juliet, desnuda es una historia sencilla que, sin grandes pretensiones, perfila bien a sus tres protagonistas y hace que sea fácil comprender sus cuitas y empatizar con la chica inglesa y el exmúsico americano. Algo obvio teniendo en cuenta que a este último lo interpreta Ethan Hawke, un actor que nunca defrauda.

viernes, 4 de enero de 2019

Silvio (y los otros)

de Paolo Sorrentino. Italia, 2018. 150’.
4 de enero de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Berlusconi y alrededores. Los de un trepa que busca acercarse a él organizando fiestas con chicas cerca de su mansión veraniega. Los del divo egocéntrico y patético al que vemos derrotado pero también tramando la manera de volver a ser presidente.

La estética tiene ese elitismo barroco y extravagante (y un punto surrealista) que hacía tan fascinantes las imágenes de La gran belleza o La juventud. Y la historia es la caricatura (es decir, la descripción naturalista) de un ególatra superlativo interpretado por un Toni Servillo camaleónico transmutado aquí en aquel insoportable Il Cavaliere. Paolo Sorrentino ya había hecho algo parecido con Giulio Andreotti en Il Divo, con lo que nos está ofreciendo un panorama de la historia reciente de Italia a través de la patética figura de sus líderes más vergonzosamente emblemáticos (lamentablemente su país sigue ofreciéndole ahora material para otros trabajos). En Silvio (y los otros) no solo se despacha a gusto con un personaje que bien lo merece sino que nos ofrece multitud de imágenes seductoras que ya valdrían la pena aunque solo fueran una ficción surrealista sobre el entorno y la intimidad de un Calígula o un Nerón redivivos en la Italia reciente.

jueves, 3 de enero de 2019

Yuli

de Icíar Bollaín. España, 2018. 109’.
3 de enero de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Yuli es Carlos Acosta. Un bailarín negro y cubano que alcanzó el mayor éxito internacional gracias a su talento natural y al empeño de su padre. Protagonizada por él mismo en la edad actual, la película va repasando su vida desde su infancia habanera hasta sus grandes éxitos en el Royal Ballet de Londres o el Houston Ballet. Yuli nos muestra la forja de un artista que siempre ha sido fiel a sus orígenes.

Volver a La Habana y a la danza es siempre muy grato. E Icíar Bollaín nos ofrece ambas cosas con esta película que es una hermosa historia sobre la pasión y la coherencia no solo de un artista sino también de quienes, como su padre o sus profesoras cubanas, se empeñaron en que llegara a serlo. La historia está bien contada y tiene el aliciente magnífico de esas coreografías del propio Acosta que van ilustrando metafóricamente distintos momentos de su vida.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Tiempo después

de José Luis Cuerda. España, 2018. 95.
28 de diciembre de 2018. Cines Parqueastur, Corvera.

En 9177 algunos siguen creyendo en la revolución. Por ejemplo, un hombre que vive en las afueras del Edificio Representativo y que quiere para vender zumo de limón en una comunidad distópica, ibérica y añeja en la que hay un rey de bastos, dos peluqueros con distinta fortuna, una pareja de la guardia civil, un rústico pastor de ovejas y otros muchos personajes tan surrealistas como fascinantes.  

Tiempo después de Amanece que no es poco José Luis Cuerda lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a demostrar, aún con mayor maestría, el poder evocador de las palabras cuando trenzan filosofía, literatura, revolución, chascarrillos y lugares comunes en un sitio tan singular como ese edificio que tanto se parece a las Torres Blancas. Igual que la poesía Tiempo después es intraducible. Su guión torrencial y delicioso no se queda en la superficie de la lengua sino que explora la belleza de su calado, el sedimento que en ella van dejando los usos de las gentes. Por eso José Luis Cuerda es tan elitista y tan popular, porque sabe ser a la vez clarísimo y sutilísimo. Su cine es el de poeta ibérico provisto de cámara, un maestro de la escenografía y de la música (algún desfile me ha recordado a los de Kentridge), un español sanamente descreído y amante de nuestro propio descreimiento.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Apuntes para una película de atracos

de León Siminiani. España, 2018. 85.
27 de diciembre de 2018. Centro Niemeyer, Avilés.

León Siminiani siempre quiso filmar una película de atracos. Y el que lideró un tipo de Vallecas le ha dado la oportunidad de hacerlo. No es una película de ficción. Es la reconstrucción a dos voces de las circunstancias y las consecuencias, del mérito y el gusto que da atracar bancos desde las alcantarillas.

Hace casi seis años Siminiani vino al Niemeyer a presentarnos aquella joya titulada Mapa. En la reseña que escribí entonces la comparé con la extraordinaria Photografic Memory de Ross McElwee por la brillantez con que Siminiani sacaba partido a la más radical primera persona. Aquí también lo hace, pero su yo está ahora más matizado. Si el contexto personal de Mapa era una pasión amorosa, aquí es la primera paternidad lo que seguramente modera ese ombliguismo del yo que caractarizaba a aquel documental y que ahora deja espacio para un tú extraño pero entrañable con la figura de ese atracador que, escribiendo desde la cárcel y hablando enmascarado, casi comparte la autoría de la historia. Así que Siminiani sigue haciendo un cine magnífico. Ojalá que su próxima película no se haga esperar tanto y que el Centro Niemeyer recupere aquella magnífica costumbre de traernos a los directores para presentarlas.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Un asunto de familia

de Hirokazu Kore-Eda. Japón, 2018. 121’.
23 de diciembre de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.
5 de febrero de 2019. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Una familia japonesa lleva una vida modesta en una pequeña casa rodeada de edificios.  Allí viven el hombre, la mujer, la abuela, una adolescente, un niño y también otra niña más pequeña que encontraron llorando una noche. El hombre enseña al niño a robar en supermercados, la mujer se gana la vida planchando y la chica enseña su cuerpo en un tugurio. Pero todos son felices juntos. Fuera hace más frío.

Otra joya del maestro Kore-Eda. Una nueva reflexión sobre los lazos que unen a las familias verdaderas, esas que no tienen por qué ser verdaderas familias. Su nueva mirada sobre el desvalimiento humano recuerda a la que hizo inolvidable a aquel grupo de hermanos en Nadie sabe. Pero en Un asunto de familia Kore-Eda ha querido que sea multigeneracional este cálido retrato del hogar familiar como único cobijo frente a la intemperie existencial. Los planos individuales y frontales del tramo final de la película y la relevancia de esos cristales tan propicios para las confesiones (en la cárcel, en el autobús) recuerdan un poco ese tono de thriller que en cierto modo tenía El tercer asesinado. Sin embargo, en Un asunto de familia dominan los cuidados planos interiores que tanto recuerdan (como en Still Walking) al cine de Ozú. Y también esas escapadas (algunas literales) de los personajes por una ciudad que (igual que en Nadie sabe o en Milagro) no parece amable con ellos. Una ciudad en la que la protección familiar parece ser excepción asediada, como muestra ese plano cenital en el que los protagonistas apenas consiguen entrever, en medio de los edificios, los fuegos artificiales nocturnos en un cielo que les resulta ajeno y desde el que parece que nosotros los contemplamos. Y es que la caligrafía de Kore-Eda, siempre contenidísima, atiende por igual al conjunto y al detalle, al texto y al encuadre, al grupo y a cada personaje. El suyo es un cine reposado que emociona sin estridencias, que sabe contar grandes historias pequeñas con dispositivos sencillos y transparentes. Por eso es un cine magistral. Propicio para las hermenéuticas delicadas aunque tenga el mayor valor académico.

sábado, 22 de diciembre de 2018

La búsqueda de la felicidad

de Dominic Savage. Reino Unido, 2017. 101’.
22 de diciembre de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.

La desazón depresiva de una madre londinense la lleva a dejar a sus hijos y a su marido e irse a París.

En La herida Fernando Franco retrató como nadie el dolor más profundo con una Marián Álvarez increíble en aquel papel inolvidable. Dominic Savage está lejos de aquella maestría pero consigue que la primera parte de su historia resulte interesante. Y en gran medida porque Gemma Artenton también interpreta muy bien a esta bella ama de casa depresiva. Pero la escapada a París de su personaje (que se almibara aún más con el título que aquí se ha dado a la película) no sirve de contrapunto adecuado a la desazón inicial. Savage quizá arriesga menos de lo que debería en esa segunda parte que podría haber sido mucho más catártica.

domingo, 16 de diciembre de 2018

La noche de 12 años

de Álvaro Brechner. Uruguay, 2018. 122.
16 de diciembre de 2018. Laboral Cinemateca, Gijón.

Tres prisioneros tupamaros durante la dictadura. Y doce años terribles en los que fueron sometidos a la máxima privación sensorial. Uno de ellos era Pepe Mujica.

La opresión en estado puro. La que fuera de campo se intuye que sufrió el pueblo uruguayo y la que sentimos desde el punto de vista de unos hombres a los que se quiso privar de cualquier punto de vista. Las imágenes y el montaje son agobiantemente hipnóticos y el sonido adquiere todo el relieve que seguramente debió tener para unos cautivos que tardaron mucho tiempo en volver a ver un cielo estrellado o un paisaje abierto. Álvaro Brechner consigue situarnos durante dos horas en ese tremendo lugar psicológico en el que estuvieron durante doce años aquellos tres hombres. No sé si con La noche de 12 años llegará a tener la fama que consiguió Alan Parker con El expreso de media noche, pero desde luego bien la merece. Y no solo por haber hecho una película singularmente intensa y especialmente útil en estos tiempos desmemoriados, sino porque ha sabido sacar lo mejor de un elenco magnífico. A los extraordinarios trabajos de Antonio de la Torre en el papel de Mujica y de Chino Darín y Alfonso Tort en el de sus compañeros de cautiverio, se une el de Soledad Villamil en una escena magnífica que aporta algo de esperanza entre tanta barbarie. Y qué decir de Silvia Pérez Cruz que nos regala cuatro canciones extraordinarias (hace solo un par de semanas nos emocionaba con algunas de ellas en el memorable concierto que dio aquí con Marco Mezquida) y demuestra nuevamente que también sabe ser una actriz deliciosa. Así que La noche de 12 años es, por muchos motivos, una película sobresaliente.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Mudar la piel

de Ana Schulz y Cristobal Fernández. España, 2018. 89.
13 de diciembre de 2018. Centro Niemeyer, Avilés.

Una película sobre Juan, un vasco que trabajó como mediador en conflictos difíciles como el de su propia tierra. Y sobre Roberto, un espía del CNI que se infiltró en la organización que Juan dirigía y acabó comprendiendo su sentido.

Mudar la piel es una película sobre la (des)lealtad entre dos hombres que llegaron a ser buenos amigos. También es un testimonio relevante sobre episodios muy oscuros de nuestra historia reciente. Y pretende ser el relato de un reencuentro que se reconoce fallido. Lo mejor, en todo caso, es la sensatez de ese Juan al que da gusto escuchar y, casi en fuera de campo, el drama de ese Roberto que parece arrepentido de aquella traición al amigo.

martes, 4 de diciembre de 2018

Un día más con vida

de Raúl de la Fuente y Damian Nenow. España, Polonia, 2017. 82.
4 de diciembre de 2018. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Ryszard Kapuściński en Ángola en los días anteriores a su independencia. Es noviembre de 1975 y él no solo ejerce de reportero comprometido. También es consciente del calado histórico del momento que está viviendo y que, en algún sentido, también protagoniza. 

Un polaco y un español dirigen una historia de animación sobre la estancia del más importante periodista polaco en un país en el que todos hablan portugués. Pero en su película todos hablan inglés (excepto los protagonistas reales de aquellos hechos que recuerdan, obviamente en portugués, lo que entonces vivieron). Y es que la anglopatía lingüística que nos asola llega a extremos tan absurdos como convertir en angloparlantes a los todos lusófonos que combatían en Angola y al periodista polaco que lo contaba. La enfermedad es grave y empiezo a pensar que este complejo angloenvidioso, más que una muestra de papanatismo, está convirtiéndose en un verdadero suicidio lingüistico que a nadie parece preocupar. A mi sí. Y es una lástima porque de lo que aquí querría hablar es únicamente de esta estupenda película cuyo contenido es tan magnífico como su forma. Lo primero es obvio tratándose de una estupenda adaptación al cine animado del libro de Kapuściński. Lo segundo también por ese espléndido maridaje entre imágenes reales, imágenes creadas con la técnica de rotoscopia (como la estupenda de Tehran Taboo de Ali Soozandeh que estuvo el año pasado en el festival de Gijón) y testimonios actuales muy interesantes de algunos de quienes los protagonizaron. Así que, ya digo, salvo por su aberración lingüística, Un día más con vida es una película muy recomendable.

El amor menos pensado

de Juan Vera. Argentina, 2018. 136’.
4 de diciembre de 2018. Cines Los Prados, Oviedo.

Marcos y Ana acaban de despedir a su hijo que se ha ido a estudiar a España. Ellos se llevan muy bien pero al quedarse solos se replantean su relación y acaban separándose. Cada uno tendrá otras historias, pero ninguna será mejor que los veinticinco años de recuerdos y complicidades que habían compartido. 

Una estupenda opera prima con una historia muy grata sobre un matrimonio de la burguesía porteña que se hace querer. La complicidad entre los personajes y la fluidez de sus diálogos es muy notable. De hecho, Juan Vera consigue que su historia recuerde a las de Linklater, pero con la ventaja de situarla en Buenos Aires y de contar con unos actorazos con una química impresionante. Que Ricardo Darín esté soberbio en el papel de maduro delicioso es algo que no sorprenderá a nadie después de ver tantas películas que él ha convertido en magníficas. Pero El amor menos pensado no funcionaría si junto a él no estuviera también Mercedes Morán, una actriz que ya me pareció excelente en películas tan estupendas como La ciénaga, Betibú, Neruda y hace bien poco en El ángel. Así que ha sido una delicia regresar a ese Buenos Aires burgués (casi neoyorquino) con esta historia tan amable como bien contada.

domingo, 2 de diciembre de 2018

O tempo futuro

de Xoan Escudero. España, 2017. 74.
2 de diciembre de 2018. Centro Niemeyer, Avilés.

Bárbara Iglesias es una chica de Pontevedra que participa en el campeonato del mundo de bobsleigh que se celebra en Innsbruck. Lo hace con Cristina Ibaseta, una chica de Gijón con la que tiene algún desencuentro. Al final las dos quedan en duodécimo lugar.

Quizá la película le venga bien a la federación asturiana de deportes de invierno, pero no veo qué pinta en la programación de cine del Niemeyer. De hecho, ni  siquiera creo que le interese a las protagonistas que, por cierto, no salen muy bien paradas.