lunes, 16 de marzo de 2026

Mr. Nobody contra Putin

de David Borenstein y Pavel Ilyich Talankin. República Checa, 2025. 90.
16 de marzo de 2026. Filmin. V.O.S.

En un centro educativo de una población rusa de los Urales, el responsable de medios audiovisuales y de la organización de eventos escolares asiste al creciente adoctrinamiento militarista de sus alumnos con motivo de la invasión de Ucrania. Son iniciativas gubernamentales que, poco a poco, van calando en unos niños y adolescentes que disfrutan aprendiendo a desfilar y a trastear con las armas que les traen los militares a sus aulas. Ese profesor cada vez se siente más solo, pero un director de cine extranjero le propone salir de Rusia y montar esta película con las imágenes que ha estado grabando. 
 
La vemos justo en el día en que esta película recibe el Oscar al mejor documental en una gala en la que los mayores galardones se los ha llevado Una batalla tras otra, un alegato directo contra el trumpismo. Sin embargo, estos premios antimilitaristas no se han visto acompañados por ningún comentario de las gentes del cine gringo contra ese presidente desquiciado. Solo Javier Bardem, un español, se ha atrevido a gritar alto y claro desde el escenario ¡No to war and free Palestine! (llevando la pegatina en español del No a la guerra). Por eso, cabe pensar que un documental tan nítidamente antimilitarista y pacifista como este quizá no ha sido premiado por eso, sino por su manifiesta oposición al tipo de la derecha del cartel, cuando es bien difícil establecer una prelación sobre el nivel de perfidia de gentes tan siniestras como Putin, Netanyahu o Trump. Lo mejor del documental es su denuncia de la obscenidad que supone ensalzar la guerra y promover el militarismo, acostumbrando a los menores al contacto con las armas, dentro de un centro escolar. Claro que, habiendo vivido la entrada de militares en patios y aulas asturianas y el rechazo de un equipo directivo a promover una educación para la paz, el desarme y los derechos humanos, porque eso podría incomodar a los uniformados armados que entran en el recinto escolar, uno piensa que los Urales no quedan tan lejos de aquí.