de Olivier Assayas. Francia, 2025. 156’.
7 de marzo de 2026. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.
Vadim Baranov (o Vladislav Surkov) habría sido la mano derecha de Putin desde su llegada al poder hasta 2020. Alejado del Kremlin, recibe en su casa a un escritor al que le va contando la forma en que aquel gris funcionario de la KGB se fue convirtiendo en el nuevo zar de Rusia. Es un relato sobre la gestación de su omnímodo poder y, a la vez, un repaso de la geopolítica rusa y desde los tiempos de Yeltsin, el desbordamiento del capitalismo de los oligarcas, la guerra de Chechenia, el hundimiento de Kursk, la revolución naranja, la invasión de Crimea y las Olimpiadas de Sochi.
Salvando las distancias entre Putin y Fernando de Aragón, se podría decir que Vadim Baranov tenía el realismo político de Maquiavelo y una fina intuición para manejar la lógica mediática de las democracias algorítmicas. Olivier Assayas y Emmanuel Carrère aciertan al mostrarnos la antesala del presente global, la historia reciente de Rusia y el perfil de su actual zar, dejando que sea la voz narrativa de ese asesor lúcido, sosegado y taimado, la que nos vaya contando, casi al oído, sus recuerdos. Uno solo lamenta escuchar en inglés, y no en ruso, este relato de dos horas y media que se hacen muy cortas y que se une a esa serie de aportaciones cinematográficas a la comprensión de la historia contemporánea tan interesantes como Margin Call, de J.C. Chandor, Comportarse como adultos, El capital, ambas de Costa-Gavras, Citizenfour, de Laura Poitras, Snowden, de Oliver Stone, Merkel, de Stephan Wagner, La imagen perdida, de Rithyi Panh, The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer, Hammarskjöld, de Per Fly, Expediente Netanyahu, de Alexis Bloom, El juicio, de Ulises de la Orden, o The apprendize, de Ali Abbasi. Así que El mago del Kremlin, además de muy interesante, es una película que ayuda a entender mejor estos tiempos difíciles.
