de Alejandro González Iñárritu. EE.UU., 2026. 128’.
5 de octubre de 2026. Cines Parqueastur, Corvera.
Digger se enriquece sin límite surtiendo de petróleo y gas a Estados Unidos y al mundo. Sus prospecciones árticas siguen sin freno a pesar de que han provocado la deriva de un inmenso iceberg que arrasará el norte de Europa y de otro que se extenderá desde Alaska. Es un gringo alineado con el presidente de Estados Unidos en la idea de que es preferible el fin del mundo que el del capitalismo. Rusia y China son los fetiches a los que aluden para justificar que sigan sacando del subsuelo esa leche negra que acabará con todo. Porque, según Digger, hasta los europeos más quejumbrosos no dejan de demandarla. De eso va esta historia que se sitúa veinticinco años después del colapso. O esta escenificación que otros podrían estar contemplando entonces.
Tom Cruise casi está irreconocible, pero la caracterización no le quita mérito a una interpretación magnífica de un personaje histriónico que parece heredero de aquellos poceros ambiciosos de hace más de un siglo. Digger es una película apabullante en el mejor sentido de la palabra. Es mucho más que una historia distópica sobre el destino que le espera al mundo. Lo es por la naturaleza dual del relato, por su cautivadora brillantez formal (en cierto sentido emparentada con Birdman) y , sobre todo, por la demoledora crítica que contiene de la cultura norteamericana contemporánea y la impunidad con que los monstruos que la lideran están destruyendo el mundo. Aunque no tuviera tanta intención y una puesta en escena (nunca mejor dicho) tan extraordinaria, Digger ya sería una obra maestra que recuerda a óperas descomunales que solo se ofrecen en los mejores teatros. Así que Alejandro González Iñárritu añade a su magnífica filmografía esta magnífica película que hace parecer formalmente contenido a Lanthimos. Una obra mayor que denuncia y lleva al límite los excesos de esos gamberros desquiciados que hoy gobiernan el mundo.
