viernes, 28 de noviembre de 2014

Hill of freedom

de Hong Sang-soo. Corea del Sur, 2014. 67’.
28 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S. 

Kwon recibe un sobre con muchas cartas. Son de Mori, el amigo japonés que ha ido a visitarla y no la ha encontrado. Se le caen en una escalera y, quizá desordenadamente, las va leyendo. Mori se ha alojado cerca de su casa. A veces ha estado en La colina de la libertad, el café con cuya dueña ha intimado. Al final Kwon vuelve y lo encuentra la víspera de que él regrese a Japón. O no. Quizá él solo lo ha soñado.

Imágenes que relatan y relatos que se imaginan. Diálogos perpendiculares con mesa (y comida) por medio. Calles estrechas con cuestas y encrucijadas. Alguna escena que acaba en gritos o con algún personaje mareado. Conversaciones extrañamente sinceras con finales imprevistos. También hay botellas verdes y paragüas. Reencuadres inesperados que a veces sorprenden y otras ironizan. Y un piano suave que apenas subraya. Marcas de la casa del cine de Hong Sang-soo, ese Rohmer naif que no ganará nada en este festival pero que hoy no me ha defraudado.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Lola

de Brillante Mendoza. Filipinas, 2009. 110’.
27 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: Brillante Mendoza). V.O.S. 

Lola es abuela en tagalo. Y esta es la historia de dos. La que acaba de perder a su nieto y la que tiene el suyo en la cárcel por haberlo asesinado. Las dos abuelas deambulan bajo la lluvia buscando ayuda en Manila. Una para enterrar a su nieto. La otra para liberarlo.

Otra vez el hiperrealismo tosco de la cámara de Brillante Mendoza nos lleva por las calles (y canales) de Manila siguiendo un momento crucial en la vida de unos personajes humildes. Y otra vez es femenina la inmensa dignidad que muestran. En la luminosa Foster child seguíamos a una madre que protagonizaba un bellísimo canto a la vida con abrupto final anunciado. En esta película gris hay un drama pretérito cuyas consecuencias quisieran remediar estas nobles ancianas unidas dramáticamente por sus nietos. La torpeza de sus movimientos, la dureza de su vida cotidiana en esa áspera ciudad es constatada por la cámara atenta de Mendoza. En el coloquio nos comentó que la permanente lluvia quería ser metáfora de la dificultad con que se enfrentan a su entorno estas damas de la edad tardía. También nos habló de las enormes actrices que dan vida a esos dos impresionantes personajes inspirados en sendos casos reales. Una nueva lección del buen cine de un director capaz de demostrar que lugares tan modestos como Filipinas pueden ser tema y origen de joyas cinematográficas que nada tienen que envidiar a las que (no siempre) producen industrias cinematográficas tan poderosas (¿y eficientes?) como la norteamericana o la francesa.

El cinco de Talleres

de Adrián Biniez. Uruguay, 2014. 100’.
27 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección oficial).

Patón y Ale forman una pareja perfecta. Él es impulsivo y tiene pocas luces pero también es muy noble y afable. Ella es muy maja e inteligente, además sabe llevarlo. La relación entre ellos es alegre y juguetona. Y no cambia en este momento duro en que él ha decidido colgar las botas y retirarse del modesto equipo de futbol en el que ha estado jugando.   

No cuenta nada y lo cuenta todo. Habla de la pareja, del (otro) fútbol, de la familia... y del vertigo del presente cuando se abre un futuro nuevo. Un guión que fluye en conversaciones que da gusto escuchar a cargo de actores que da gusto ver. Esteban Lamothe está impecable en el papel de este futbolista impetuoso e irascible que, sin embargo, se hace querer. Nada nuevo de un actor que bordó el personaje de aquel estudiante por el que Santiago Mitre consiguió el premio a la mejor película hace tres años en este festival. También lo habíamos visto en su fugaz pero poderosa intervención en Pensé que iba a haber fiesta, la estupenda película de Victoria Galardi. Julieta Zylberberg (hace pocas semanas la vimos hacer de camarera en el segundo de los Relatos salvajes de Damián Szifrón) está también espléndida en esta película en la que interpreta la mejor parte de esta deliciosa pareja. El cinco de talleres es una historia sencilla de ese magnífico cine en el que no pasa nada mientras está pasando todo.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Kinatay

de Brillante Mendoza. Filipinas, 2009. 100’.
26 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: Brillante Mendoza). V.O.S. 

Peping y su novia se casan una mañana. Ya tienen un niño de pocos meses y también muchas ilusiones sobre el futuro. Tras la comida familiar Peping va a clase de criminología en la academia en la que se está preparando para ser policia. Luego un amigo le invita a participar en la operación que su jefes van a hacer esa noche. Sin saber de qué se trata sube con él en una furgoneta en la que van varios policias. El encargo es recoger a una prostituta que tiene deudas con el jefe y llevarla a una casa en las afueras de Manila. Allí la asesinarán y descuartizarán. Peping asiste a todo eso hasta el amanecer.

"La integridad solo se pierde una vez". Es el lema que Peping lleva en el uniforme de la academia de policia. Y toda una síntesis de este relato de iniciación con el que Brillante Mendoza nos hace partícipes de una jornada escalofriante en la vida de ese joven. Desde la mañana luminosa de la boda hasta la madrugada terrible en que Peping perderá toda posible inocencia. Es uno de los descensos a los infiernos más duros que yo haya visto en el cine. Y no por su truculencia (que la tiene), sino porque la cámara de Brillante Mendoza nos hace presenciar al lado del protagonista las circunstancias reales en que se forjan los canallas. Sufrimos con él en esa furgoneta en la que los silencios auguran un destino que se intuye terrible. Asistimos en esa casa a un crimen que resulta más desolador porque no se muestra de manera efectista, sino que se entrevé de forma hiperrealista a través de la mirada de este aprendiz espantado que se sabe iniciando un camino sin retorno. En Kinatay Mendoza podría compartir con Haneke la dureza de lo que propone en la pantalla. Pero al filipino no cabe reprocharle la gratuidad nihilista de la violencia que caracteriza a algunas películas del austriaco. Mendoza hace gran cine (aparentemente tosco y solo para paladares curtidos) desde el primer plano hasta el último llevándonos a conocer otra de las realidades de su país. Y de tantos otros del mundo en los que la diferencia entre los policias y los malvados, entre la inociencia y la barbarie, se anula cada noche. Es otra joya de un director magnífico al que el festival ha tenido el acierto de dedicar una sección especial. Hoy ha llegado a Gijón. Así que ha sido un gusto poder aplaudirle esta noche cuando ha presentado esta excelente y cruda película.

Titli

de Kanu Behl. India, 2014. 124’.
26 de noviembre de 2014. Teatro Jovellanos, 52º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S. 

Titli es el menor de tres hermanos que se dedican a robar coches en asaltos muy violentos. Él quiere escapar de su familia y tener una vida normal. Pero sus hermanos y su padre le obligan a casarse con una joven que mantiene relaciones con otro hombre. Un pacto entre los dos podría alejarles de todo eso.

Una película bien construida que combina un thriller sobre una familia de depredadores en Delhi con una historia sentimental en la que una pareja va modulando su contrato. Son dos horas que se hacen cortas en una película bien escrita, bien dirigida y bien interpretada. Nada me extrañaría que estuviera entre las premiadas.

martes, 25 de noviembre de 2014

Serbis

de Brillante Mendoza. Filipinas, 2008. 93’.
25 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: Brillante Mendoza). V.O.S. 

Una familia vive en (y de) un desvencijado cine de Manila que exhibe películas eróticas. Las rutinas y preocupaciones familiares se cruzan en escaleras y pasillos con los encuentros sexuales de quienes frecuentan la sala.

Family es el nombre de ese cine ruinoso por cuyos agujeros se cuelan cabras y ladrones en escenas surrealistas. Y también un intenso ruido urbano que nos agrede durante toda la película. Quizá para que relativicemos el otro daño. El de esas imágenes naturalistas de un microcosmos humano que podría ser metáfora de muchas decadencias: las de la familia, las de la sociedad filipina y hasta la del cine. La cámara de Mendoza no quiere denunciar ni juzgar. Solo muestra y señala. Pero no me emociona como en Foster child. En Serbis más bien me incomoda.

Party girl

de Marie Amachoukeli-Barsacq, Claire Burger y Samuel Theis. Francia., 2014. 95’.
25 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S. 

A Angélique le gusta la vida nocturna. Está en edad de jubilarse pero sigue yendo al cabaret en el que anima a los hombres a beber. Uno de ellos le propone casarse. Ella acepta y juntos preparan la boda.

Los encuentros de Angélique con sus hijos y el desencuentro con Michel tras la boda componen una historia que se inspira en la de la madre de uno de los directores. De hecho, es ella misma y sus hijos quienes interpretan a esos personajes. Y son precisamente las interpretaciones el mayor mérito de la película. Porque para reflejar las dudas y las cuitas (sentimentales y sexuales) de una mujer madura esta Party Girl francesa se queda a años luz de aquella Gloria chilena que dirigió Sebastián Lelio hace dos años.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Foster Child

de Brillante Mendoza. Filipinas, 2007. 98’.
24 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: Brillante Mendoza). V.O.S. 

John-John es un niño de tres años que vive en un barrio pobre de Manila. Su madre actual es Thelma, una mujer estupenda que cuida de los niños abandonados que una fundación pone a su cargo antes de que sean adoptados. Vemos los últimos días de John-John en ese entorno pobre. Y también su entrega a una familia americana en un lujoso hotel de Manila.

Una película extraordinaria. Esa es la impresión con que salgo de ver esta joya de Brillante Mendoza, el director filipino al que el festival dedica una sección especial este año. Tras el plano inicial de los rascacielos de Manila, la cámara baja y me muestra en primer plano un entorno de chabolas. Luego me lleva a descubrir la vida que albergan. A conocer algunas de las personas que allí viven. Siento que todo lo que veo sucede en tiempo real y es una historia verdadera. Disfruto contemplando escenas prodigiosas como la del baño de John-John, sus deliciosas meadas en cualquier parte, la forma en que el hijo adolescente de Thelma prepara la comida y demuestra que ha heredado la calidad humana de su madre. Luego salimos juntos de ese entorno humilde y nos vamos al hospicio del que Thelma recibirá dos nuevos niños después de entregar a John-John. Allí veo a más niños y a ella acariciando al más pequeño y desvalido. De camino al hotel Thelma nos da otra lección de dignidad y solidaridad cuando un pobre se acerca al taxi y le pide limosna. Ya de noche nos encontramos con la familia americana y dejamos a John-John. A la salida acompañamos el llanto desconsolado de Thelma. La cámara de Brillante Mendoza es perfecta. Nos pone al lado de esos seres que uno quisiera no dejar nunca. Pero también se queda quieta cuando debe: lejos y sin importunar a la madre que se despide del niño, haciéndonos ver desde abajo cómo ella y su hijo adolescente suben esa escalera final que parece una metáfora. Ya digo, hoy he visto una película extraordinaria.

Hope

de Lee Joon-ik. Corea del Sur, 2013. 123’.
24 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: rellumes). V.O.S. 

Una niña de ocho años es brutalmente violada. Pero con la ayuda de sus padres conseguirá superarlo.

El tema no me animaba a verla. Sin embargo, algún comentario positivo escuchado en el festival me llevó a elegir esta película. Craso error. La historia es previsible, melodramática, efectista, con subrayados en la banda sonora que hacen parecer de arte y ensayo la programación cinematográfica de las sobremesas televisivas. La interpretación de la niña es lo único que se salva. Pero no salva a la película.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Blind dates

de Levan Koguashvili. Georgia, 2013. 99’.
23 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: rellumes). V.O.S. 

Sandro es un profesor de mediana edad que vive con sus padres en Tbilisi. Ellos lo tratan como a un niño y están empeñados en que conozca a alguna buena mujer con la que pueda casarse. Con su amigo Iva tiene encuentros esporádicos con chicas de otras ciudades que no le satisfacen. Pero con Manana sí se entiende. Ella es una peluquera cuyo marido está a punto de salir de la cárcel. Cuando queda libre las cosas se complican para Sandro. La empleada de Manana está embarazada del marido y él se ve involucrado en todo eso.

Una película ocre. Cálida y triste a la vez. Es el color de su fotografía y también el de esos envejecidos entornos que parecen confirmar la imagen desvencijada de las ciudades ex soviéticas. Los personajes también son ocres. Entre pasmados y tiernos. Ni simpáticos ni desagradables. Pero el conjunto compone una película interesante que cuida los encuadres en escenas singulares. También hay ironía. Pero muy sutil. Casi ocre.

White bird on a blizzard

de Gregg Araki. EE.UU., 2014. 91’.
23 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S. 

La madre de Kat desaparece sin dejar rastro No tenía buena relación con su marido ni tampoco con ella, así que después de un tiempo los dos van asumiendo su ausencia. Pasados unos años Kat vuelve de la universidad para pasar unos días en casa. Ese regreso le hará descubrir algunas cosas que no sabía de la desaparición de su madre.

Shailene Woodley formaba una modélica pareja con Ansel Elgort en Bajo la misma estrella, una película sobre (y para) adolescentes que vi este verano. Ayer volví a verle a él interpretando a otro buen adolescente en Hombres, mujeres y niños. Hoy ella protagoniza esta historia (otra más) sobre iniciaciones juvelines y sobre la vida sin una madre. La película también parece querer dirigirse al público adulto con la subtrama de la amarga ruptura  de ese matrimonio ochentero (un poco a lo Revolutionary Road treinta años después). Al final la historia se convierte en una suerte de thriller en el que cobran sentido algunas pistas oníricas. Gregg Araki quiere acoger a muchos públicos, pero quizá no consiga satisfacer a ninguno.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Words with gods

de Guillermo Arriaga, Héctor Babenco, Bahman Ghobadi, Emir Kusturica, Mira Nair, Hideo Nakata, Warwick Thornton, Álex de la Iglesia y Amos Gitai. México, 2014. 129’.
22 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: rellumes). V.O.S. 

Nueve miradas sobre la religión. O sobre la religiosidad. Espiritualidad aborigen, de Warwick Thornton, El hombre que robó un pato de Héctor Babenco, El cuarto de Dios de Mira Nair, Sufrimientos de Hideo Nakata, El libro de Amós de Amos Gitai, La confesión de Álex de la Iglesia, Nuestra vida de Emir Kusturica, A veces mira hacia arriba de Bahman Ghobadi y La sangre de Dios de Guillermo Arriaga. Nueve directores que se acercan a otras tantas religiosidades: aborigen en Australia, Umbanda brasileño, hinduismo, budismo, judismo, catolicismo, culto ortodoxo, islamismo y ateísmo.

Vargas Llosa ha ordenado los cortometrajes que componen esta interesante película sobre lo religioso que parece ser la primera de una tetralogía (Hertbeat of the word) que también tratará temas como la identidad sexual, las drogas o la política. Todos los acercamientos son muy personales y la mayoría más que interesantes. En clave irónica se sitúan los cortometrajes de Álex de la Iglesia sobre el catolicismo y de Bahman Ghobadi sobre el culto musulmán. Magnífica es también la reflexión final sobre la muerte de Dios con que Guillermo Arriaga cierra una película en la que es difícil decidir que historia/religiosidad es la mejor. Pero ninguna acaba pareciendo despreciable.

Is the man who is tall happy?

de Michel Gondry. Francia, 2013. 89’.
22 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: llendes). V.O.S.

Noam Chomsky habla con Michel Gondry sobre muchas cosas. Sobre la educación (la suya y la nuestra), sobre el lenguaje, sobre el innatismo, sobre la ciencia, sobre el ser humano... Temas más que fascinantes para cualquiera que no rechace pensar.

Una conversación animada con Noam Chomsky. Ese es el subtítulo (y una buena descripción) de la película. Lo que dice el sabio americano es más que interesante. Toda una magnífica lección de filosofía (y de muchas más cosas) en hora y media. Pero una lección animada. Porque apenas vemos a Chomsky ni a Gondry. El director (me encantó su historia en la película Tokyo que vimos hace pocas semanas en el festival de Valladolid) ilustra con animaciones más que oportunas el pensamiento del entrevistado haciendo aún más atractivas sus palabras. Su forma de expresar gráficamente ideas me ha recordado a ese video de Ken Robinson sobre la educación (Cambiando paradigmas) que merece la pena ver en Internet. Y la afinidad no es solo formal.

Hombres, mujeres y niños

de Jason Reitman. EE.UU., 2014. 116’.
22 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección oficial fuera de competición). V.O.S. 

Unos adolescentes americanos (y sus padres) ven afectadas sus relaciones por su intensa vida en el mundo virtual. Y eso perturba sus afinidades sentimentales y su vida sexual. A veces de manera dramática.

Adolescentes y matrimonios enredados. Familias americanas apantalladas. Esos podrían ser también los títulos de esta entretenida película. Su lugar natural podría ser la sección Enfants terribles, ya que trata de adolescentes y tiene intenciones edificantes. Como el ejemplo de esa pareja de jóvenes modélicos que saben distanciarse por igual de la ignorancia de los adultos y de la abducción por lo virtual que sufren muchos de sus iguales. Para el cine está siendo un reto llevar a la pantalla las relaciones en el tercer entorno. Y se está resolviendo bien a juzgar por películas españolas recientes como Hermosa juventud de Jaime Rosales, 10.000 km de Carlos Marqués-Marcet o Todos tus secretos de Manuel Bartual. Hombres, mujeres y niños también es un buen ejemplo de cómo llevar a la gran pantalla los problemas que surgen en las otras. No es extraño si quien lo hace es el director de películas bien construidas como Juno o Up in the air

viernes, 21 de noviembre de 2014

Still the water

de Naomi Kawase. Japón, 2014. 110’.
21 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: gran angular). V.O.S. 

En una isla japonesa frente a un mar a veces calmado y a veces embravecido una pareja de adolescentes despiertan al amor. Y lo hacen mientras se enfrentan a la muerte. Él ante el cadáver que una noche encuentra en la playa. Ella aprendiendo a despedirse de su madre enferma.

Tras ver la contenida manera en que Naomi Kawase ponía la cámara en las correspondencias fílmicas que intercambió con Isaki Lacuesta en Todas las cartas (la extraordinaria iniciativa que organizó el CCCB hace unos años como extensión de las correspondencias entre Erice y Kiarostami) tenía mucho interés por ver esta película de la japonesa que ha contado con producción española. Reconozco la elegancia de algunas imágenes y las buenas intenciones de esta historia sobre iniciaciones y despedidas. Pero no me gusta ese tono metafísico que comparte con el cine de Malick y que tanto me cansa. El árbol centenario frente a la agonizante, el cordero degollado en el que la adolescente ve escaparse el alma, la danza alegre con que la familia y los amigos acompañan su muerte (¿homenaje al último Kurosawa o idiosincrasia insular nipona?) están bien filmados y seguramente darían para reflexiones con pretensiones filosóficas. Pero yo las veo un tanto metafísicas. 

Tales

de Rakhshan Bani-Etemad. Irán, 2014. 88’.
21 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección: rellumes). V.O.S. 

Varias historias encadenadas en Teherán. Los nexos están en unos personajes que se van dando el relevo en un taxi, en un centro de acogida de mujeres, en la casa de una familia humilde que recibe una carta, en unas oficinas burocráticas, en el metro, en la furgoneta en que unos trabajadores despedidos van a reclamar sus derechos... Un director de cine que tiene dificultades para hacer una película abre y cierra estas bellísimas historias.

Segunda joya en la primera tarde. Un lujo de apertura para cualquier festival. La directora nos pone ante siete sencillas historias magníficamente encadenadas en las que uno no sabe si su cámara (a veces de video) retrata la realidad de lo que pasa o las interpretaciones de unos actores en estado de gracia. En cualquier caso, uno sabe desde muy pronto que está asistiendo a una hora y media de cine mayúsculo. Los diálogos son impresionantes. Radicalmente locales y radicalmente universales. Hay mirada política, de género, humanista... Pero sin los toscos subrayados del mal cine de tesis. Abbas Kiarostami, Amir Naderi, Jafar Panahi, Asghar Farhadi. Y también Rakhshan Bani-Etemad. Con creadores así Irán podría jactarse de estar entre los países en los que se hace mejor cine en el mundo. Pero lamentablemente algunos de sus directores tienen que hacerlo fuera o sorteando enormes dificultades allí. Pero eso no impide que, como hoy, uno pueda esperar lo mejor cuando va a ver una película iraní. En la sección rellumes el público también vota. Y para mi ha sido un placer poner un diez en la tarjeta.

Calvary

de John Michael McDonagh. Irlanda, 2014. 100’.
21 de noviembre de 2014. Cines Centro, 52º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S.


El cura de un pueblo irlandés recibe en confesión el aviso de que el domingo siguiente morirá. Quien lo va a matar es uno de sus feligreses, del que abusó otro cura cuando era niño. La visita de su hija (el protagonista se ordenó sacerdote después de enviudar) y los encuentros con los vecinos van marcando los días de espera.

No ha podido empezar mejor el festival. Asistimos al pase de prensa de la película que lo inaugurará luego en el Jovellanos y nos encontramos con esta joya que es un western en las costas de irlanda, un caleidoscopio humano en una comunidad rural y una reflexión perfecta sobre el catolicismo a comienzos del siglo XXI (reivindicando el perdón, eso que tanto le reprochan los protestantes). O simplemente una película estupenda. La interpretación de Brendan Gleeson es impresionante en el papel de ese cura que vive el calvario más contenido que yo haya visto en un cine. Cada diálogo es una maravilla en la que la sencillez de lo cotidiano (no exenta de ironías) no impide plantear cuestiones de gran calado. También hay guiños al metarrelato que los personajes principales expresan en momentos tan magníficos como ese portentoso y sencillísimo plano de la confesión que abre la película (MacDonagh recuerda en esos momentos a su hermano Martín que en Siete psicópatas construía una increible historia metadiscursiva). Asi que, nada más empezar el festival ya tiene garantizado que los premios al mejor actor, al mejor director, al mejor guión y a la mejor película tendrán al menos un buen candidato.