de Jaume Claret Muxart. España, 2025. 106’.
18 de enero de 2026. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.
Es verano y Dídac recorre en bicicleta con su familia algunas zonas del Danubio. Su madre es actriz y su padre arquitecto. Él tiene dieciséis años y es el mayor de los tres hermanos. El fluir del río es también el de sus sentimientos ante la atractiva presencia de un chico que se baña, deambula y navega por allí.
El ritmo de las bicicletas hace que las imágenes del verde forestal fluyan como las aguas de ese río que se va ensanchando mientras crece la fascinación del protagonista. La belleza de las escenas acompaña la insularidad existencial de unos personajes que parecen estar solos en ese paraíso estival. No hay apenas encuentros con otras personas (apenas el de la madre con otra actriz y el de Dídac con un muchacho que se podría llamar Alexander o ser tan solo un sueño). Y es ahí, en la contención formal y en la posibilidad de que las evocaciones tengan más fuerza que la realidad, donde está lo mejor de una película que, en formato silente, tiene parentescos estimables con epifanías fluviales tan sobresalientes como La idea de un lago, de Milagros Mumenthaler, o Los exiliados románticos, de Jonás Trueba. Habrá que seguir la pista a Jaume Claret Muxart. Con este comienzo y lo que nos anticipó en el coloquio virtual que organizó MUSOC, se puede esperar mucho bueno de él.
