de Chloé Zhao. Reino Unido, 2025. 125’.
24 de enero de 2026. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.
Agnes es una mujer indómita que tiene una vinculación singular con el bosque. La heredó de su madre, como también algunas intuiciones sobre su maternidad. Primero tiene una hija, Susana, y luego dos mellizos, Judith y Hamnet. Pero la inesperada muerte de este será una tragedia para ella y para William. Por eso la historia de Hamlet resultará catártica para los dos.
La directora de películas tan distintas como The rider, Nomadland o Eternals lleva al cine la novela de Maggie O’Farrell creando las atmósferas perfectas para una historia tan íntima e intensa como la de este drama. Su desarrollo es impecable con tres tiempos igualmente conmovedores: el de la pareja dichosa, el de la tragedia barruntada (y luego sufrida) y el de la catarsis de Agnes y William durante la representación en el Globe. Los tres tienen escenas conmovedoras como el primer parto tan natural en el bosque, el segundo más inquietante en la casa del padre, la decisión de Hamnet ante la enfermedad de Judith o la desesperación de Agnes y la impotencia de William. Sin embargo, es quizá la clave de bóveda del final de la historia, en ese teatro a cielo abierto, el momento con mayor intensidad de la película. Chloé Zhao tiene el acierto de prolongar casi sin límite la duración de ese segundo de silencio sagrado, que solo existe en el teatro, entre el final de una obra magna y la rotura de aplausos que aquí ni siquiera llegan. Y lo hace con una profundidad y una intensidad máximas. Un momento sublime con ese Hamlet que para ellos es su Hamnet yéndose al oscuro tras ser creado y despedido un padre torturado y una madre doliente que no había sido capaz de dejar que se fuera entre los dedos su hijo. Así que es más en el teatro que en la novela donde Chloé Zhao ha encontrado la mejor resonancia para hacer tan poderosa su película.
