lunes, 6 de abril de 2026

La Grazia

de Paolo Sorrentino. Italia, 2025. 133’.
6 de marzo de 2026. Cines Embajadores-Foncalada, Oviedo. V.O.S.

A Mariano De Santis solo le quedan seis meses como Presidente de la República de Italia. Tiene como asesora a su hija y sigue añorando a su mujer, que murió hace ocho años. Él es un afamado penalista al que le cuesta tomar decisiones. Entre sus responsabilidades está la ratificación de las leyes y la concesión de indultos. Ahora debe decidir si firma o no la ley de eutanasia que le propone el gobierno y si concede dos indultos, uno a un hombre que mató a su mujer con Alzheimer y otro a una mujer que mató al marido que la maltrataba. Los dos casos plantean incertidumbres relacionadas con el amor. Como las que agobian a Mariano De Santis sobre la lejana infidelidad de su esposa.    

La gracia es la belleza de la duda. De eso va esta película en la que una hija enseña a un presidente a plantearse la pregunta más relevante: de quién son nuestros días. Con diferentes énfasis a lo largo de su obra, Sorrentino ha abordado las tres cuestiones cruciales: el bien, la verdad y la belleza. Y en La Grazia las trenza con una reflexión sobre la incertidumbre, el amor y el poder. La elegancia de las imágenes y la sorpresa de algunas (ese papa negro y motero) son deliciosamente sorrentinianas. Como el impagable trabajo de un Toni Servillo que imanta y fascina hasta cuando se mantiene silente. En la trilogía de los presidentes, junto Il divo y Silvio (y los otros), sin duda La Grazia es la mejor. Pero también forma un díptico espléndido con La gran belleza (la envidia de tener el atrevimiento de llevar chaqueta roja y pantalón blanco, la amiga esteta y excesiva que quemaría los museos o el goce de esos cigarrillos mirando los tejados romanos). Las dos son obras mayores en el cine de un director que casi siempre es superlativo y arrebatador. Como se dice al final de la película, la gracia es la belleza de la duda. De lo que no hay duda es de la belleza polisémica (en italiano y en español) de esa palabra que subraya la moralidad del indulto y la elegancia de concederlo.