de Anders Thomas Jensen. Dinamarca, 2025. 116’.
21 de abril de 2026. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.
Tras muchos años en la cárcel, Anker quiere encontrar el botín del robo por el que fue condenado y que, antes de ser detenido, pidió a su hermano Manfred que enterrara cerca de la casa de sus padres. Pero ahora Manfred dice llamarse John, John Lennon, y está dispuesto a suicidarse si alguien no le llama así. A Anker le cuesta entender que ahora ese hermano desquiciado no tenga recuerdos de quién era antes de pasarse a los Beatles.
Todo comienza y termina con una animación sobre una leyenda vikinga que viene a sostener que los defectos particulares desaparecen cuando se convierten en universales. La segunda animación, que hace de epílogo, lleva esa idea al límite hasta alcanzar la paz perpetua. En medio, hay una historia tan violenta como tierna, tan explícita como surrealista y tan barroca como sencilla. Cosas que comparte con la, también extraordinaria, Jinetes de la justicia. En las dos hay malos muy malos, tenaces muy tenaces y familias muy dañadas por lo uno y lo otro. Pero si en la primera eran los algoritmos y los datos el motor de la historia, aquí es la disociación psiquiátrica y la pasión musical. Las situaciones no pueden ser más disparatadas e hilarantes, pero están trenzadas con una sofisticación argumental tan inteligente que resulta diáfana y conmovedora. Así que El último vikingo (y el cine de Anders Thomas Jensen) es igual de apto para los que disfrutan con la truculencia como para quienes no la soportan. Una deliciosa locura que le hace bien a todos. Hasta el muy serio Anker sale más empático y casi acaba sonriendo.
