miércoles, 20 de noviembre de 2013

Hahaha

de Hong Sang-soo. Corea del Sur, 2010. 116’.
19 de noviembre de 2013. Cines Centro, 51º Festival de Cine de Gijón (sección: Hong Sang-soo). V.O.S.


Antes de irse a Canadá un director de cine queda con un amigo para charlar y beber. Las fotos en blanco y negro de ese encuentro y las voces en off de sus brindis se intercalan con los relatos, que cada uno cuenta sucesivamente, de los momentos agradables de una estancia reciente en una ciudad costera. Los dos estuvieron en los mismos lugares, con las mismas personas y en el mismo tiempo. Pero (casi) no coincidieron.

Mesas con comida y alcohol como escenario y motivo. Conversaciones fluidas o truncadas. Irrupciones de lo banal y lo metadiscursivo en el relato. Escenas aparentemente descuidadas unas veces y con segundos planos relevantes otras (la chica tras el cristal del restaurante, el mendigo en el puerto...) Un zoom que de pronto nos acerca a los personajes. Música amable de piano al final de algunas escenas. Recurrencias de objetos (gorras rojas, paraguas iguales...) sin aparente significado.   Momentos surrealistas (el mendigo con el cuchillo, la ruptura a caballito...) u oníricos (el almirante medieval que recomienda tener una mirada propia). La reflexión filosófica y la estupidez en la misma mesa. Hasta aquí algunas de las cosas que he visto en una película que me ha parecido más inteligible y mejor estructurada que Woman is the future of man pero que no me ha interesado tanto como En otro país. Esos elementos, y seguramente muchos otros, permitirían elaborar un discurso teórico bastante solvente sobre esta película (y sobre el cine de Hong Sang-soo). Con sus guiños y extrañezas hasta podría relacionarse con el de Buñuel. Pero solo si se diseccionan las imágenes, si se deconstruye el relato (¿realmente hay relato?). Disfruté bastante viendo En otro país sin necesidad de analizar lo que estaba viendo. El fluir de la historia (¿había historia?)  me interesaba, me sorprendía y me agradaba. Pero con estas nuevas películas de Hong Sang-soo (anteriores en su filmografía) debo esforzarme para buscar (y en gran medida no encontrar) el interés. Tengo curiosidad por ver las dos últimas películas (las que ha hecho después de En otro país) de este director canonizado por tantos críticos. Y por comprobar si me gusta más el Hong Sang-soo más reciente que el que encumbraron los festivales. Si al final solo me quedo con la primera de las que he visto, ya tengo una hipótesis sobre los motivos de aquella excepción: la presencia de la francesa En otro país me metía en un tipo de historia que me resulta bastante ajeno.

Le passé

de Asghar Farhadi. Francia-Irán, 2013. 130’.
19 de noviembre de 2013. Cines Centro, 51º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S.


Ahmad vuelve a París desde Irán para divorciarse de Marie. Llevan cuatro años separados y ella está iniciando ahora una nueva relación con Samir. La llegada de Ahmad desvela los motivos por los que Lucie, la hija mayor de Marie, se lleva tan mal con su madre. Y las razones por las que la mujer de Samir intentó suicidarse.

Una historia cautivadora sobre los hilos que tejen las relaciones familiares. Los que están a la vista y los que permanecen ocultos. La llegada de alguien del pasado revela la trama del presente. Siempre que haya una buena urdimbre y un buen bastidor para tejerla. Y eso lo pone como nadie Asghar Farhadi en este tapiz familiar de colores cálidos y atmósferas invernales. La película avanza delicadamente. Contando poco al principio. Dejando intuir solamente la temperatura de las relaciones y el sentido de los recelos. Para ir componiendo después una historia en la que nada falta y nada sobra. A media hora del final (cuando el amigo de Ahmad le dice que corte su relación con Marie, que la vida sigue adelante sin nosotros) ya hemos visto una película magnífica. Pero Asghar Farhadi la continúa y nos muestra nuevos hilos que llevan al drama de Samir, cerrando de manera impecable una historia de sentimientos contenidos llena de encrucijadas. Como las que viven unos personajes, que en varias escenas parecen irse, pero luego dudan y finalmente vuelven. Como las de la propia historia, que tiene sus claves en un pasado del que Farhadi nos va desvelando información al ritmo perfecto para que podamos sentir en presente continuo lo mucho que estamos disfrutando con esta magnífica película. Quiero más pasado. Quiero saber más de lo qué ha hecho antes este gran director del que ya tengo claro que Nadir y Simin, una separación no fue flor de un día. Ya está tardando una retrospectiva del cine de Farhadi.

martes, 19 de noviembre de 2013

El triste olor de la carne

de Cristóbal Arteaga Rozas. España, 2013. 87’.
18 de noviembre de 2013. Casa de la Cultura, Avilés. 51º Festival de Cine de Gijón (sección: límites).


Hora y media siguiendo a Arturo Barrera por Vigo. Es una mañana especial para este hombre trajeado que recorre la ciudad haciendo gestiones para conseguir efectivo. Aunque sabe que no podrá evitar el embargo de su casa, del que su mujer no sabe nada.

Hiperrealismo cinematográfico. Una película filmada en un único plano secuencia que dura hora y media con una factura sorprendente e impecable. Le seguimos en su coche, en el autobús, caminando por la ciudad, en el taxi, con su hija. El discurso de Rajoy en el debate del estado de la nación que se oye en las radios es el contrapunto perfecto para un drama actual que tiene bien merecido el premio "Resistencias" que le ha concedido este fin de semana el festival de Sevilla. El agónico periplo por Vigo de este hombre sin futuro me ha recordado al que filmó hace veinte años Amir Naderi en aquel Manhattan by numbers que también nos hablaba de otra crisis desahuciadora y que  me cautivó el año pasado en este mismo festival. Un festival que se abre a la región y que, además de las de Enfants terribles, trae cada tarde a Avilés una película de otras secciones. La de hoy ha sido más que recomendable.

Blockbuster

de Tirso Calero. España, 2013. 103’.
18 de noviembre de 2013. Cines Centro, 51º Festival de Cine de Gijón (sección oficial)



Un actor veterano va a protagonizar el primer cortometraje de un joven director. Es el fin de su carrera para uno y el comienzo para el otro.

Mala con avaricia. Eso habría dicho de esta película si me tropezara con ella en la tele (justo antes de saltar a otro canal). Pero me la encuentro en la sección oficial del festival de Gijón. Recuperar a actores veteranos para hacer una película en la que varios actores veteranos son recuperados para una película parecía una buena idea. Pero la obviedad y los lugares comunes del guión son tan extremos que uno llega a dudar si pretenderá ser una autoparodia. Hace apenas diez días en el comentario de La ilusión relacionaba la película de Daniel Castro con otras tres recientes sobre gente que hace cine en España: Mapa, de León Siminiani, Los ilusos, de Jonás Trueba, y El tiempo de Plácido Meana, de Kike Narcea. Cualquiera de esas cuatro magníficas películas prestigiaría al festival que la premiara. Pero que este patético Blockbuster se haya colado en su sección oficial le hace daño al festival de Gijón y solo sirve para despistar a algún espectador desprevenido. Como yo.

Baby blues

de Katarzyna Roslaniec. Polonia, 2012. 100’.
18 de noviembre de 2013. Centro Niemeyer (Auditorio), Avilés. 51º Festival de Cine de Gijón (sección: Enfants terribles). V.O.S.


Natalia tiene un bebé.  Su madre se va de la ciudad y a partir de ahora ella deberá cuidarlo con Kuba, el padre del niño. Son dos adolescentes a los que esa responsabilidad les queda grande. Peligrosamente grande.

Ética versus estética. La película parece plantear ese conflicto, pero esta pareja de adolescentes apenas lo sienten. El monopatín (para él) y las pintas (para ella) son lo más importante. Pretende ser cine edificante que lleva al límite el problema de la responsabilidad, pero en esta historia el bebé tiene más interés por su contraste estético con estos jóvenes alocados que por las dificultades morales que les plantea. La directora quizá quiera emular al cine de Ken Loach pero le ha salido algo más parecido a (lo mejor de) Almodovar: vida y color. La proyección fue bastante especial. Por primera vez la sección Enfants terribles del Festival de Gijón viene a Avilés. Las casi mil butacas del auditorio del Niemeyer se han  llenado hoy (y seguramente se llenarán mañana) con alumnos de los institutos de la comarca. Ver una película poco convencional, escucharla en polaco mientras se leen los subtítulos en castellano (o en inglés), asistir al coloquio con la actriz tras la proyección y participar en la decisión de los premios dando una puntuación a la película a la salida, es aprender a vivir la experiencia de un festival internacional de cine. Y creo que les ha encantado. Algunos nos hemos empeñado en que esto sea posible también en Avilés. Y que lo de este año sea solo un precedente.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Like father, like son

de Hirokazu Kore-Eda. Japón, 2013. 120’.
16 de noviembre de 2013. Cines Centro, 51º Festival de Cine de Gijón (sección: gran angular). V.O.S.


Un arquitecto tenaz y ambicioso intenta educar así a su hijo. Hasta que el hospital les comunica que hubo un error entre dos niños que nacieron el mismo día. Las pruebas confirman que otros padres también tienen un hijo equivocado. Las dos familias son muy distintas. Sobre todo en la forma de afrontar el dilema y de entender la convivencia con los hijos.

Kore-Eda vuelve a la familia. A los hijos. A la separación. Pero ahora con una historia que podría parecer de sobremesa dominical televisiva, pero que él convierte en otra cosa. Like father, like son es un interesante juego de espejos entre dos maneras de ver las prioridades de la vida. Es fácil encontrar en esta película elementos que recuerdan a otras: la visita al abuelo, como en Still walking, los viajes y las huidas, como en Milagro, aunque sin la dureza y la desazón de la inolvidable Nadie sabe. Like father, like son es un relato bien construido que, como en el resto de su cine, da mucho que pensar y bastante que sentir. A diferencia de otros, Koré-Eda no hace trampa con las imágenes de niños. Solo las usa para contar buenas historias.

Pelo malo

de Mariana Rondón. Venezuela, 2013. 93’.
16 de noviembre de 2013. Cines Centro, 51º Festival de Cine de Gijón (sección: gran angular)


Junior está empeñado en alisar su pelo malo para ser como los cantantes. Pero su madre no le deja. Ni le toca. Ni parece quererle. Al contrario que al bebé. Quizá los dos hermanos no sean del mismo padre. Quizá por eso la abuela se ofrece a quedarse con Junior. Para hacerle cantante. Para que no le maten.

Hay algo oculto que debería explicar los temores de esa madre. Los motivos por los que perdió su trabajo de vigilante que ahora quiere recuperar. Las razones por las que trata de forma tan diferente a sus dos hijos. Las circunstancias de la muerte del padre de Junior. Pero ese misterio queda en un tiempo anterior que no se desvela. Eso añade cierto enigma a una historia que es deliciosa cuando sigue a Junior y a su pequeña amiga, que es turbadora cuando muestra la relación con su madre y que es casi un documental cuando enmarca la vida de esta familia en el tiempo de la enfermedad de Chávez y en el espacio de las colmenas caraqueñas (precioso el cartel de la película y preciosa la escena en que Junior y su amiga juegan casi a La ventana indiscreta desde su balcón). Pelo malo es, por tanto, una interesante mirada a una parte de la intrahistoria reciente de Latinoamérica. Una película grande sobre cosas aparentemente pequeñas.

Henri

de Yolande Moreau. Francia-Bélgica, 2013. 107’.
16 de noviembre de 2013. Cines Centro, 51º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S.


Henri se ha quedado viudo. Con su mujer llevaba un humilde restaurante, pero solo no sabe cómo hacerlo. Su hija le anima a contratar a una "mariposa blanca", una de las jóvenes que vive en una residencia para discapacitados psíquicos próxima al restaurante. El alcohol y la afición a las palomas llenan la triste vida de Henri, hasta que la relación con Rosette, la joven que le ayuda en el restaurante, le hace huir con ella de su duelo y de su vida anterior. 

"Quiero amar, quiero vivir, a pesar del vacío de todo el tiempo pasado, de todo el tiempo vivido, de todo el tiempo perdido". Lo dice Petula Clark en La nuit n'en finit plus, la canción que, en clave optimista, cierra esta hermosa película. Una historia que es mucho más que la superación del duelo de este hombre maduro. La suya era una vida triste desde antes de quedarse solo. Y será la tierna ingenuidad de Rosetta el espejo en que el podrá ver su propio pasmo vital y le dará el valor para fugarse de él con ella. Los dos quieren ser felices queriendo. Aunque ninguno parece saber cómo hacerlo. Hasta que llegan a ese apartamento enfrente de una playa de Middlekerke que me recuerda el inolvidable ambiente invernal del balneario de Punta del Este en el que también buscaban la felicidad los protagonistas de Whisky (aquella estupenda película de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll). La de Henri es, por tanto, una historia sencilla que parece contar poco, pero que sugiere muchísimo gracias a unos actores magníficos y a la capacidad de Yolande Moreau para crear atmósferas llenas de significado en tantas escenas perfectas (la noche sobre la montaña de vidrios, la suelta de las palomas, la cena de los discapacitados, los dos en la playa, la mesa con el gran oso de peluche de Rosetta, el regreso de Henri al restaurante, la composición de El angelus de Jean-François Millet...) Es la primera película que veo de la sección oficial a concurso pero si ganara algún premio el festival no perdería.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Woman is the future of man

de Hong Sang-soo. Corea del sur, 2004. 88’.
15 de noviembre de 2013. Cines Centro, 51º Festival de Cine de Gijón (sección: Hong Sang-soo). V.O.S.


Dos amigos se reencuentran en un día de invierno. Uno vuelve de estudiar cine en Estados Unidos, el otro es profesor de arte en la universidad. Los dos comen juntos en un restaurante y recuerdan la relación que mantuvieron con una misma joven. Tras la comida deciden ir a verla. Finalmente pasarán la noche en su casa.

Este verano había visto en Madrid En otro país. Aquella película me dejó la mejor impresión del cine de Hong Sang-soo. Así que he recibido con mucho agrado el ciclo que le dedica estos días el festival de Gijón. Sin embargo, esta película no me ha interesado tanto. El desaliño que no me resultaba molesto en la anterior me confunde en esta historia triangular. Los saltos temporales me parecen abruptos y extraños. No entiendo la tensión con que se rompen algunas conversaciones, ni me resulta próximo el carácter de los personajes. Supongo que de eso se trata, de mostrar lo depredador (y patético) de cierta masculinidad poco recomendable. Pero no me parece suficiente para que la película me agrade. De momento me quedo con escenas como la del restaurante en que vemos perpendicularmente una conversación interrumpida por las propuestas simétricas de los dos amigos a la camarera, o esas mesas llenas de comida en las que el exceso (también de alcohol) parece ser el motor de algunas acciones. Singularidades de un director que hace hablar (mucho) a sus (pocos) personajes pero que hoy no me ha recordado a Rohmer. Confío en que las próximas películas me devuelvan las sensaciones que tuve con En otro país y me despejen la perplejidad con que he visto esta película tan aclamada.

A promise

de Patrice Leconte. Francia, 2013. 95’.
15 de noviembre de 2013. Cines Centro, 51º Festival de Cine de Gijón (sección oficial -fuera de concurso-). V.O.S.


Friederich es un joven y brillante ingeniero que en 1912 entra en una empresa siderúrgica. Su propietario es Karl Hoffmeister que en pocos meses lo convierte en su secretario personal y lo lleva a vivir a su mansión. Allí va creciendo su complicidad con Charlotte, la joven esposa de Hoffmeister, hasta que éste le pide que se traslade a México para dirigir una mina durante dos años. La guerra prolongará una separación que pondrá a prueba la promesa que los dos se habían hecho de retomar su amor al regreso.

Patrice Leconte preside este año el jurado del festival de Gijón. Por eso la inauguración se hace con esta última película suya que he podido ver en el pase previo. La historia está basada en Viaje al pasado, la novela de Stefan Zweig que Leconte lleva a la pantalla con un guión donde lo tácito es tan importante como lo dicho y lo que se dice evoca a veces lo implícito. Las imágenes del cine de Leconte tienen la fuerza de un 3D de los sentimientos (El marido de la peluquera, Monsieur Hire...). Aquí también es así. La película es un preciosista y sutil relato de un triángulo amoroso de época. Pero Leconte se permite romper esa estética con unos curiosos movimientos de cámara, a modo de pequeños reencuadres de las planos, que hacen algo más subjetiva la mirada y nos acercan a aquel mundo burgués de hace un siglo en Alemania.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Bernadette + Make it new John

de Duncan Campbell. Reino Unido, 2009 y 2010. 37’ + 55’. 
14 de noviembre de 2013. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Dos mediometrajes que comparten un tiempo (los años setenta) y un lugar (Irlanda del Norte). Bernadette Devlin, una joven activista republicana, y John DeLorean, un visionario que fracasa en la producción masiva de un coche fantástico, son los ejes de estas dos singulares historias.

¿Historias? En cierto sentido sí, porque las dos están hechas a partir de retales de (y para) la historia. Son como puzzles de imágenes de archivo con intenciones de experimentación formal y de comprensión de un tiempo convulso en Irlanda del Norte. Un tipo de cine que entonces se llamaba de arte y ensayo. Muy propicio para la hermenéutica (y para el bostezo).

jueves, 14 de noviembre de 2013

El vendedor

de Sebastien Pilote. Canadá, 2011. 105’. 
13 de noviembre de 2013. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.

El vendedor es Marcel Lévesque, un hombre que vive enfrente del concesionario de coches en el que trabaja. A sus sesenta y siete años no piensa jubilarse. Su éxito como vendedor y el cariño de su hija y su nieto llenan su vida. Hasta que un accidente le quita lo que más quiere.

La poderosa imagen de un alce muerto que está siendo retirado de una carretera canadiense abre esta película invernal. A continuación nieve, tedio y parsimonia. Un paisaje y un ritmo muy adecuados para mostrar una vida de aburridas esperas  en un concesionario y de encuentros amables con compradores a los que Marcel ha de cautivar. Y sabe hacerlo, incluso en unos tiempos en los que la fábrica de papel que da vida a la región está a punto de cerrar. Como el sentido de su vida cuando entendamos el dramático significado de aquella escena inicial. El tono documental de la primera parte se transforma en tragedia al final de esta historia mínima. El vendedor es, por tanto, una ópera prima sencilla, bien contada y con momentos contenidamente emotivos (las voces grabadas de la hija y el nieto, la rutina del reparto de coca-colas, la reuniones semanales con los compañeros, el otro drama del cliente al que Marcel salva...) Seguramente no gustará a los espectadores impacientes a los que molesta la lentitud del ritmo de unas vidas que son felices mientras no les pasa nada.

martes, 12 de noviembre de 2013

La vida de Adèle

de Abdellatif Kechiche. Francia, 2013. 175’. 
11 de noviembre de 2013. Cines los Prados, Oviedo.

Adèle es una adolescente que despierta al amor. Primero el de un chico, pero no le satisface. Luego el de Emma, la joven del pelo azul con la que descubrirá la pasión, la convivencia y el sufrimiento por el abandono.

"Tu presencia, tu pose, es sublime". Se lo dice (con razón) un amigo de Emma a Adèle. Y eso debe pensar también Kechiche que decide que la cámara no se separará ni medio metro de su rostro durante casi toda la película. Su boca, siempre entreabierta, su bonita mirada y sus cabellos despeinados hacen de la muchacha una tentación indudable para su novia, para la cámara, para el director y hasta para el jurado de Cannes. Pero la vida de Adèle, propiamente dicha, no es tan interesante. El sexo es tórrido y explícito, pero los diálogos con familias y amistades son bastante insulsos y las escenas escolares resultan excesivas. Como las tres horas de una película que usa todos los resortes para ganarse a públicos bien diversos: los masculinos heterosexuales, los femeninos homosexuales y los que piensan que una película francesa es buena si tiene escenas escolares, diálogos culturales y momentos gastronómicos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Séptimo

de Patxi Amezcua. España, 2013. 88’.
10 de noviembre de 2013. Parqueastur, Corvera.

El juego de cada mañana consiste en que el padre baja por el ascensor y los niños por la escalera. A ver quién llega antes. Pero esta mañana ellos no llegan. Nadie sabe dónde están. Han sido secuestrados. Y solo hay dos horas para pagar el rescate.

No hay peligro. Es un thriller de angustia llevadera. A una pareja como esa las cosas no le pueden salir demasiado mal. Aunque se estén separando. Y, efectivamente, la jornada acaba bien. Al menos para los niños. Por lo demás, siempre es agradable volver a Buenos Aires para ver a Darín haciendo de Darín mientras Belén Rueda consigue que su personaje interprete bien su papel en este secuestro. Lástima que la ciudad solo salga (casi) en vistas aéreas mientras nosotros no salimos (casi) de unas escaleras y un ascensor. Al final solo me queda una duda sobre la historia de esta española y este argentino que parecen compartir tantos reproches como afectos. ¿Pretenderá ser una metáfora de las relaciones entre nuestros países? Si es así que se reconcilien cuanto antes. Aunque solo sea por el bien de los niños.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Ilusión

de Daniel Castro. España, 2013. 70’.
7 de noviembre de 2013. Centro Niemeyer, Avilés.

Los pactos de la Moncloa. Ese es el título del musical que quiere hacer Daniel Castro para devolver la ilusión a la gente. Para él eso es mucho más necesario que el cine de Haneke. Aunque no consigue que nadie produzca su película, no renuncia a su idea de llegar a ser un gran cineasta. Por eso ensaya en su cuarto de baño las canciones del musical y las entrevistas futuras en Cannes.

Estupenda ironía subjetiva sobre el drama de un creador imposible. Una semana en la vida de este tipo ilusionado, jeta, bobo y tierno empeñado en hacer cine en España. ¿Un iluso? Daniel Castro no lo parece. De hecho, consigue hacer una película de ese otro cine español que, con pocos medios y mucho ingenio, tanto nos ha hecho disfrutar este año. Un cine en el que destacan algunas historias que tratan precisamente sobre gente empeñada en hacer películas: Mapa de Leon Siminiani, Los ilusos de Jonás Trueba, El tiempo de Plácido Meana de Kike Narcea o esta Ilusión de Daniel Castro. Son cuatro joyas recientes que, además de esa mirada autorreferencial, comparten su condición de pruebas evidentes de que la crisis del cine español no está en su capacidad de ofrecer trabajos excelentes. Tras la sobredosis Haneke de hace unas semanas, las ironías y el desparpajo de Daniel Castro demuestran que, aunque no reciba tanta atención como el del austriaco, se está haciendo un cine magnífico en España.

jueves, 7 de noviembre de 2013

El último Elvis

de Armando Bo II. Argentina, 2011. 92’.
6 de noviembre de 2013. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas.

Carlos es Elvis. Cantando y sintiendo como el de Memphis escapa de su triste vida en Buenos Aires. Su obsesión le hace vivir distanciado de su familia, pero cuando su mujer sufre un accidente se hace cargo de su pequeña hija Lisa Marie. Hasta que ella sale del hospital y él puede dirigirse a Memphis buscando el final.

Elvis es el horizonte de Carlos. Lo que da sentido a su vida y lo que la limita cuando está a punto de cumplir cuarenta y dos años. Su pasión le impide ser un buen padre, pero no sentir que debería serlo. Por eso se alegra tanto de que su mujer se recupere y vuelva a ocuparse de la niña. Solo entonces podrá unir su destino con el de su mito. El ambiente y el personaje me han recordado al magnífico cine de Mike Leigh. Estoy pensando en aquel doliente Phil que interpretaba Timothy Spall en All or nothing. Aquí John McInerny está sobresaliente en el papel (también musical) de este Elvis redivivo. Con una fotografía y una ambientación perfectas, Armando Bo ha sabido crear una atmóstera que parece separada del presente y ubicada en un limbo temporal muy adecuado para este personaje que vive anclado  en su propia deriva. Hasta que decide ser coherente con su sueño y llevarlo hasta el final.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Solo Dios perdona

de Nicolas Winding Refn. Francia, 2013. 90’.
5 de noviembre de 2013. Cines los Prados, Oviedo.

Un norteamericano asesina en Bangkok a una prostituta. Luego el padre de ella lo mata a él. Esos crimenes desencadenan nuevas venganzas que enfrentarán a la madre y al hermano de aquel asesino con un carismático lider de la policia tailandesa.

Tres películas en una. La de unos encuadres perfectos con colores cálidos y personajes parsimoniosos. La de una violencia extrema que parece evocar mitos sangrientos. Y la de unos diálogos bobos que nos sacan de las otras dos. Más hierático que nunca, Ryan Gosling no consigue meternos en esos laberintos existenciales creados por el director que nos lo descubrió en Drive. Desagradable más que vistosa, la película resulta bastante prescindible.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Guerrillero Quintana

Luis Felipe Capellín. España, 2013. 55’.
3 de noviembre de 2013. Centro Niemeyer, Avilés.

Guerrilleros, maquis, bandoleros. Hombres que se echaban al monte por militancia o por necesidad. Como Adolfo Quintana, el fugado cuya persecución y muerte reconstruye este documental con los testimonios de quienes lo conocieron.

Luis Felipe Capellín no es hombre de cine, sino de lucha. Lo dijo él mismo al presentar la película. Su lucha es ahora contra el olvido. Así que la memoria ha llenado esta tarde el cine del Niemeyer. En la pantalla con una biografía trágica. En la sala con un público entregado, como corresponde a familiares, paisanos y camaradas del protagonista. Entre los testimonios del documental destacan los de Gerardo Iglesias que hilvana el recuerdo de las peripecias de Quintana y las de su propio padre con los avatares del partido comunista y del país durante la postguerra. En el coloquio Capellín completó su relato con referencias tan interesantes como la entrevista entre Stalin y Pasionaria que puso fin a aquella lucha y que quizá fue la causa remota de la muerte de Quintana y de otros guerrilleros. O la emotiva evocación de lo que debieron sufrir antes de morir en la cárcel de Oviedo aquellos a los que la tortura convirtió en delatores de sus propios camaradas. Así que es bastante honesta esta lucha contra el olvido de Luis Felipe Capellín. Y necesaria en un país tan dado a la amnesia.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Don Jon

de Joseph Gordon-Levitt. EE.UU, 2013. 88’.
1 de noviembre de 2013. Cines los Prados, Oviedo.

Jon vive feliz con sus amigos, su familia, su buga, su iglesia, sus ligues... Y su porno, que es lo que más le gusta. Hasta que conoce a Bárbara, una chica diez con la que descubre lo que significa tener novia y dejar de consumirlo (porque ella se lo prohibe). Esa abstinencia le hace replantearse las prioridades de su vida.  

No hay comparación. Del Tenorio televisivo en blanco y negro a este Don Jon hedonista hay que ver lo que ha mejorado el día de difuntos. Y yo que lo vea. Porque ha sido un placer poder ver a este tipo genial (como personaje, como actor, como guionista y como director) encontrar primero y renegar luego de esa morbosa petarda que Woody Allen convirtió en la icónica actriz que es Scarlett Johansson. Los actoristas ya tendrían muy buenos motivos para ver esta estupenda película. Yo, que soy más de directores, he disfrutado lo indecible por la forma en que Joseph Gordon-Levitt se ha dirigido a si mismo y ha escrito esta más que irónica historia. Porque, además de ser una mina para la sonrisa durante hora y media, es también un espejo sobre la forma en que vivimos y/o (no entremos en detalles) entendemos la vida sexual (y la sentimental, y la familiar...). Hay también, por tanto, mirada reflexiva en esta película: la de la hermana que solo habla una vez, la de un catolicismo que limpia el alma y ayuda a muscular el cuerpo, la que diferencia a la rubia que quiere formar una familia y la pelirroja que ya no la necesita. Así que, aunque no lo parezca, esta trepidante diversión da bastante que pensar. Y lo mejor: sin dejar de sonreir.

Vivir es fácil con los ojos cerrados

de David Trueba. España, 2013. 108’.
1 de noviembre de 2013. Cines los Prados, Oviedo.

Antonio es un profesor apasionado. Por enseñar inglés y por las canciones de los Beatles. Cuando John Lennon viene a Almería para hacer una película Antonio no lo duda y emprende el viaje para conocerlo. En su ochocientos cincuenta acoge también a Juanjo, un adolescente que huye de su padre, y a Belén, una joven que no quisiera ser madre todavía.

Lo peor y lo mejor de aquel país se dan cita en esta deliciosa película que transmite la bondad de unas gentes y (la aspereza de otras) en aquel tiempo en el que Almería era un lugar en el que los extranjeros hacían películas y Fraga se bañaba. Tras el magnífico regreso a los ochenta con su Madrid 1987, David Trueba nos muestra cómo era España en aquella otra década prodigiosa. Y lo hace con unos personajes que se hacen querer: ese quinto beatle machadiano que encarna magistralmente Javier Cámara, ese catalán lleno de seny interpretado por el magnético Ramón Fontseré, esos jóvenes ingenuos que inspiran esperanza gracias a Francesc Colomer y Natalia de Molina. Pero al mostrarnos aquellos tiempos David Trueba también nos habla del presente. "En este país los jóvenes están desesperados, les han tapiado el futuro". Se lo dice al catalán ese (buen) profesor que sabe que su función es ayudar a los alumnos a derribar esas tapias. "No se puede vivir con miedo". "Nunca os dejéis robar la dignidad". Se lo dice a ellos para que no tengan que sentir nostalgia del futuro. O del pasado, ahora que (otra vez) algunos quieren que las mujeres no decidan sobre su maternidad y la escuela no favorezca la igualdad.