lunes, 23 de febrero de 2026

El último arrebato

de Marta Medina y Enrique López Lavigne. España, 2025. 108.
30 de enero de 2026. Cines Parqueastur, Corvera.

Una película sobre otra película. Unos cineastas acercándose a las circunstancias en que Iván Zulueta dirigió aquel Arrebato que primero fracasó y después se convirtió en obra de culto. Es una evocación en la que participan algunos de los que hicieron aquella película. Y casi una invocación de los enigmas cinéfilos de sus imágenes y de aquella inquietante cámara.    
 
"Pedro solo mira sus cintas, su pantalla y su cámara. Lo que Pedro envía a José es quizá la primera correspondencia fílmica del cine español. E Iván Zulueta nos la manda a nosotros para que desentrañemos en qué medida esos dos personajes protagonizan o revelan una historia. Quizá la suya. O quizá la de aquellos tiempos arrebatados que precedieron a las movidas." Así terminaba mi reseña de Arrebato y parece que estuviera anticipando las intenciones de esta película. En el año en que Richard Linklater ha estrenado Nouvelle Vague rescatando la forma en que Jean-Luc Godard filmó Al final de la escapada, Marta Medina, Enrique López Lavigne y Jaime Chavarri han hecho algo parecido con la película emblemática de Iván Zulueta. El último arrebato y el primero dialogan magníficamente en un juego de espejos que desborda el cine documental. De hecho, las dos películas tienen tanto de ficción como de introspección entre cineastas. Aquí da gusto ver a Jaime Chávarri, a Cecilia Roth y, especialmente, a Eusebio Poncela (quizá este fue su último trabajo). Pero también es muy interesante lo que dice Carlos Heredero al comienzo de la película, emparentando la pasión cinéfila de Iván Zulueta y sus personajes de Arrebato con la del protagonista de Vida en sombras, aquella extraordinaria película que Llorenç Llovet-Gràcia había dirigido tres décadas antes. No hay duda de que, a pesar de los destinos trágicos de algunos de sus miembros, la generación de la movida ha tenido un reconocimiento y una reivindicación que no han recibido creadores españoles de tiempos anteriores y mucho más difíciles. Quizá por la amnesia general que se encontró Max Aub cuando visitó España. O quizá porque, como también supo Agustín Gómez Arcos,  la movida ochentera era bastante psicodélica, pero también muy adanista.