de Steven Spielberg. EE.UU., 2026. 145’.
15 de junio de 2026. Cines Parqueastur, Corvera.
Daniel Kellner huye de la corporación para la que trabajaba llevándose pruebas de la llegada de extraterrestres a nuestro planeta y de que sus tecnologías están siendo usadas por su empresa. Paralelamente, la periodista de televisión Margaret Fairchild adquiere poderes extrasensoriales desde que cruzó su mirada con la de un cardenal que entró por la ventana de su casa. El y ella son perseguidos por los esbirros de la corporación, pero acaban encontrándose y así el mundo, casi al borde de la guerra, conocerá la gran revelación.
Hay algo de buena nueva en la última historia de Spielberg, un puntito de conexión con el catolicismo y una notable presencia de esos hombres de negro, que llevan gafas negras, pinganillos negros y que no dejan de perseguir a los buenos en sus enormes coches muy negros y muy gringos. Son dos horas y media de poderes extraños, secretos secretísimos, muchas huidas y otras tantas persecuciones que hacen entretenida esta película. Sin embargo, ofende un poco que las imágenes secretas de la recogida de cadáveres alienígenas pretendan resultar muy trágicas y muy conmovedoras a pesar de su gran parecido con las imágenes públicas de los cadáveres de niños palestinos sacados de los escombros de Gaza que tan poco efecto han tenido en el país amigo de Netanyahu. Mal vamos si para Spielberg los problemas de este mundo solo tendrán solución cuando lleguen los extraterrestres (incluido ET, al que se le ve bastante acabado en su cameo final). Por lo demás, resulta muy cansino eso de que si los extraterrestres llegan a la Tierra fijo que lo hacen por gringolandia.
