miércoles, 25 de noviembre de 2020

El tiempo perdido

de María Álvarez. Argentina, 2020. 102’.
25 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: tierres en trance). Filmin.

Un grupo de hombres y mujeres bastante maduros de reúnen en un café para leer y comentar El busca del tiempo perdido, la obra magna de Proust. Y lo vienen haciendo desde hace muchos años

Tener tiempo para hablar del tiempo. Hacerlo al hilo de la novela más clásica sobre el paso del tiempo en uno de esos maravillosos cafés de Buenos Aires en los que se ha conseguido parar el tiempo para que los parroquianos aprendan a saborearlo. Y hacerlo justamente en el Café Tribunales, situado en la esquina de Lavalle con Uruguay (justo a la vuelta de la cuadra que tengo enfrente del hotel en el que me suelo alojar cuando voy a Buenos Aires, al ladito mismo de la Pizzería Gerrín y justo enfrente del teatro Metropolitan). Así que era imposible que me perdiera esta película hecha con un delicioso blanco y negro en la que da gusto escuchar las voces de estos colegas de lecturas venerables (las lecturas y ellos). Sin embargo, me hubiera gustado que la película captara más sus conversaciones y comentarios. Eso es justamente lo que hace bastante mejores a otras dos películas centradas también en encuentros de gentes maduras que sintonizan. Me estoy refiriendo a esas dos joyas que son La Once de Maite Alberdi y Cola, Colita, Colassa de Ventura Pons.

Il mio corpo

de Michele Pennetta. Italia, 2020. 80’.
25 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: retueyos). Filmin. V.O.S.

Oscar busca chatarra con su padre pero no es feliz al lado de él. Stanley es un inmigrante africano que también vive en Sicilia trabajando en lo que puede. Los dos parecen estar fuera del eje de una vida que no es la que quisieran llevar.

Como en Los Marziano de Ana Katz, aquí también hay dos historias que solo se conectan al final. Los silencios y los gestos son mucho más importantes que lo que se dice o se muestra. De hecho, la cámara parece estar en medio de dos realidades afines sin importunar nunca a quienes las están viviendo. Así que Michele Pennetta consigue transmitir poética de la miseria que resulta estimable por su buena factura y su coherencia.

Tipografic majuscul

de Radu Jude. Rumanía, 2020. 128’.
25 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: albar). Filmin. V.O.S.

En 1981 un adolescente rumano llamado Mugur Călinescu que escuchaba Radio Europa Libre escribió con tiza por las noches mensajes críticos con el régimen de Ceauscescu. La Securitate dio con él lo espió, lo interrogó pocos años después murió. El acceso a los archivos de aquella policía temible permite rescatar lo que él hizo y lo que hicieron cón él.

Imágenes televisivas de aquella época se intercalan con testimonios frontales de actores que interpretan a los protagonistas de aquellos hechos. Esa secuencia binaria se mantiene durante las dos horas largas que dura la película, algo que probablemente resultará menos tedioso para los rumanos que para los demás. De hecho, aunque me doy cuenta de que todo lo que se muestra es patético, los videos de propaganda televisiva que a los rumanos seguramente les parecerán entre surrealistas e hilarantes a mi me resultan a veces enternecedores por su ingenuidad. La parte hecha para esta película parece el trasunto de la obra de teatro en que se inspira. Y aunque eso no es un defecto, al final el dispositivo acaba resultando un tanto rígido y hierático. En eso acaba recordando también las maneras de aquel régimen detestable que se crítica en la película.

martes, 24 de noviembre de 2020

Amor sin ciudad

de Pedro Sara Violeta Pagán. España, 2020. 72’.
24 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: retueyos). Filmin.

Escenas de jóvenes en los márgenes mostrando retazos de sus vidas. Es una iniciativa de Matadero. Y seguramente resultará sanadora para quienes participan.

¿Cine terapéutico o séptimo arte? Quizá sea interesante impugnar esa pregunta, pero no sé si eso debe ser relevante para seleccionar las películas que deben entrar en una de las secciones competitivas de este festival. Sobre las virtudes terapeúticas de ese proyecto no hay ningún motivo para dudar. Pero sobre lo otro, parece difícil pensar que no hubiera mejores películas para esta sección. Por lo demás, aprecio lo que se hace con los chicos que vemos en la pantalla (aunque no estoy seguro de que a todos les beneficie a largo plazo haber desnudado su alma ante la cámara) y debo decir que he disfrutado especialmente viendo el cálido fluir de la vida en la sala de estar de un pueblo salmantino.

Chaco

de Diego Moncada. Bolivia, 2020. 77’.
23 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: tierres en trance). Filmin.

Durante la guerra del Chaco un grupo de soldados bolivianos avanzan sin un destino claro a las órdenes de un capitán alemán. Aunque no hay escenas de enfrentamientos con los paraguayos las cosas acabarán muy mal para estos soldaditos de Bolivia.

Chaco es el contrapunto perfecto de La hamaca paraguaya, aquella magnífica película de Paz Encina sobre una pareja de ancianos que esperaban el regreso del hijo de aquella guerra. Es igual que esta película hable de la guerra del Chaco desde el lado boliviano y aquella lo hiciera desde el paraguayo. Con el conflicto armado en fuera de campo (en aquella aún más que en esta) las dos se centran en los dramas vitales de quienes sufrieron las consecuencias. La historia de aquella guerra y la que los paraguayos libraron setenta años antes contra la Triple Alianza, las conozco más desde el lado paraguayo. Y de algún modo ambas siguen dejando su huella entre los habitantes de ese país ubicado en la tierra sin mal de los guaraníes y en el que, quizá por aquel holocausto masculino de hace siglo y medio, tiene su mejor activo en la tenacidad y el empuje de sus mujeres. Lástima que sus gobiernos y los de su entorno hayan estado casi siempre a cargo de esos machos salvajes que aún son recordados en plazas y panteones.

9 fugas

de Fon Cortizo. España, 2020. 85’.
24 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: retueyos). Filmin. V.O.S.

Concierto instrumental sensible a los sonidos de los puertos. Historias fragmentarias sobre memorias ahogadas. Periplos femeninos en los márgenes de una ría.

El sonido es fascinante. Y muchas de las imágenes también. Para disfrutar convenientemente de esta obra sería necesaria la inmersión compartida en la oscuridad y el silencio propios de una sala de cine. En todo caso, la experiencia es hipnótica. Sin embargo, la forma me parece mejor que el contenido. Y el problema no son sus propósitos en relación con la memoria histórica o que el relato resulte a veces elusivo, sino que su intención poética se devalúa un poco cuando las escenas se hacen menos abstractas.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Lluvia de jaulas

de César González. Argentina, 2018. 82’.
23 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: tierres en trance). Filmin.

Imágenes cotidianas en las villas miseria de Buenos Aires. Seguimos a un adolescente por los vericuetos de unas callejuelas inmundas, en los interiores de infraviviendas y también paseando por Corrientes esquina Florida.

Casi podría hacer la valoración inversa a la que acabo de hacer sobre El cielo después de llover. Aquí es máxima la legitimidad de César González para construir una película que es, a la vez, testimonio y denuncia de una realidad sobre la que toma partido con toda la razón. Sin embargo, no consigue superar lo fragmentario de las imágenes ni articular un relato consistente, más allá de ese chico con gafas de sol al que seguimos casi todo el tiempo. Los comentarios, entre poéticos y marxistas, acaban por no ser ni cautivadores ni tampoco convincentes en su crítica. Y es una lástima porque una causa tan justa merecía una película mejor.

Como el cielo después de llover

de Mercedes Gaviria. Colombia, 2020. 76’.
23 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: tierres en trance). Filmin.

Mercedes vuelve desde Buenos Aires a Medellín para acompañar a su padre en el rodaje de La mujer del animal. Es la ocasión para recuperar los videos que él filmo sobre la vida cotidiana de la familia y para reflexionar sobre lo que esas imágenes significan para ella.

Reconozco que ya me empiezan a parecer demasiadas las películas autorreferenciales con imágenes encontradas. Por otra parte, ser la hija de Víctor Gaviria y poder grabar con libertad la intrahistoria de una filmación real es una ventaja indudable. Sin embargo, Mercedes Gaviria consigue dotar a su relato de un pulso narrativo que nunca decae y tener habilidad no solo para seleccionar y ordenar materiales relevantes, sino  una notable lucidez para comentarlos. De hecho, la reflexión final a modo de epílogo sintético me parece realmente estupenda.

Implosión

de Javier Van de Couter. Argentina, 2020. 80’.
23 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: tierres en trance). Filmin.

Hace quince años Pablo y Rodrigo resultaron heridos en una masacre en su instituto de Carmen de Patagones. Ahora emprenden un viaje para encontrar a quien entonces les disparó.

Javier Van de Couter era con Anahí Berneri el responsable de aquella magnífica película llamada Alanis, así que las expectativas que tenía sobre Implosión eran máximas. Y en lo formal no me defrauda y vuelve a demostrar un modo de filmar con un naturalismo argentinísimo y soberbio. Sin embargo, el calado del tema de Alanis y la riqueza de matices que contenía aquella historia no los encuentro en esta película. Comprendo los sentimientos de los personajes y creo que están bien construidos, pero no encuentro muy sutil esta reflexión sobre la venganza. El desenlace está bien y evita la posible truculencia de un final más obvio, pero al lado de aquella mirada atrevida sobre un tema tan polémico y relevante como el de Alanis, esta Implosión no consigue conmoverme.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Together apart

de Youjia Qu. China, 2019. 52’.
22 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: retueyos). Filmin. V.O.S.

A la mañana siguiente de haber sido incinerado, el abuelo está en la casa haciendo las cosas de siempre con su mujer, con su hija y con su nieto. Luego saldrán y subirán a un autobús en el que estarán juntos por última vez.

Una atmósfera delicada, una fotografía deliciosa y unos diálogos entrañables componen esta pequeña joya sobre el duelo y la despedida. Ya solo por la hermosa escena del álbum de fotos de la familia y por la del final en el autobús merece todos los premios esta película que es tan breve como exquisita. Una maravilla.

Transoceánicas

de Meritxell Colell y Lucía Vassallo. España, 2020. 116’.
22 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: retueyos/tierres en trance). Filmin.

Meritxell Colell y Lucía Vassallo compartieron hace años afanes y vivencias en Barcelona y Buenos Aires. Desde entonces intercambian cartas filmadas en las que se van poniendo al día.

Los lectores de este blog saben lo mucho que quiero a Barcelona y a Buenos Aires. Y que siento una pasión radical por Latinoamérica y por los lazos que, desde un pretérito imperfecto y en un presente continuo, se siguen tejiendo entre las gentes que compartimos esta lengua. Conocí a Meritxell Colell en un taller de CinEd que dirigió en Gijón con su hermana antes de que estrenara Con el viento. Así, que de alguna manera, me siento concernido por este poema visual a dos miradas que sigue la senda de las correspondencias entre Erice y Kiarostami de la década pasada o las que, por iniciativa del CCCB, mantuvieron además de ellos, cineastas como José Luis Guerín y Jonas Mekas, Isaki Lacuesta y Naomi Kawase, Albert Serra y Lisandro Alonso, Jaime Rosales y Wang Bing o Fernando Eimbcke y So Yong Kim. El intercambio entre Meritxell y Lucía es aún más conmovedor porque trenza de una manera muy especial unas imágenes bellísimas con el latido biográfico de unas cineastas para las que el cine es un homenaje a la vida  y estas cartas un ensayo para convertirlo en diálogo continuo con la textura del tiempo. La casa y el cuerpo como nido, el cine como pasión que se disfruta y padece, la vida como aprendizaje continuo, la luz como pincel y el cielo como punto de fuga. Así es el maravilloso trabajo conjunto de estas dos amigas transoceánicas. Una experiencia magnífica que sabrá disfrutar quien se sienta invitado y conmovido por la intimidad de estas cartas.

Se escuchan aullidos

de Julio Hernández Cordón. México, 2020. 67’.
22 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: tierres en trance). Filmin.

La niña revive lo que hacía su padre cuando era adolescente. Como un fantasma (y hay otro) él le va susurrando palabras al oído que ella repite en voz alta. También hay una mujer lobo, testimonios de gentes mayores y una tenaz búsqueda del viejo lago Texcoco.

Parece un ejercicio estival de unos niños con una cámara. Si solo fuera eso quizá podría tener su gracia pero, convertido en película para la sección latinoamericana de un festival, la cosa cambia. Aunque se comparta el discurso ambientalista y sean gente estupenda los lugareños que hablan frente a la cámara (me encanta la camiseta verde con la caricatura del logo de Starbucks que lleva el tipo de la derecha), el título de la película bien podría describir la reacción del público que la viera en una sala. Y es una lástima teniendo en cuenta la diversidad y el excelente nivel del cine que se hace en nuestra lengua. Como pudimos comprobar la semana pasada en el festival de Huelva.

Los Marziano

de Ana Katz. Argentina, 2011. 89’.
22 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: Ana Katz) FICXTV.

Los hermanos Marziano están muy distanciados y lo están pasando muy mal. Luis porque en el campo de golf del lujoso country en que vive han aparecido unos pozos en los que está cayendo la gente (él también). Juan porque de repente ha notado que es incapaz de leer. Delfina le invita a venir a Buenos Aires para que le vea un buen neurólogo. Será también la ocasión para encontrarse con Luis.

Casi dos películas en una. Las de unos hermanos pasmados que viven en mundos muy distintos y que solo se verán al final. La escena del encuentro hará que confluyan estupendamente las dos historias.  Por lo demás, siempre da gusto ver a actores argentinos tan estupendos como Guillermo Francella, Mercedes Morán, Rita Cortese o Arturo Puig. Es la segunda película que veo de Ana Katz y no tengo ninguna duda de que quiero ver las otras que nos ofrece este festival.

Stray

de Elizabeth Lo. EE.UU, 2020. 72’.
22 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: retueyos). Filmin. V.O.S.

Seguimos a unos perros callejeros en su deambular diario por Estambul. Acompañamos sus búsquedas de comida y sus encuentros con gentes de la zona y con esos niños refugiados que quieren que se les deje cuidar a alguno de ellos.

La cámara a la altura de los perros recorriendo lugares y no lugares de Estambul. Los primeros hacen deliciosa la película con esos entornos que se intuyen del Gálata, las mezquitas y el Bósforo. Los segundos la hacen aún más conmovedora con esos encuentros con los nadies que vienen de Siria y corren casi la misma suerte que los perros. La película tiene mucho que ver con Perros del espacio, el estupendo documental de Elsa Kremser y Levin Peter que vimos en mayo en el DocsBarcelona sobre las primeras misiones soviéticas al espacio para las que se uso a perros que vagaban por las calles de Moscú. Aquella película era etológicamente más atrevida y también más áspera, pero las dos componen un díptico poético sobre los márgenes de la urbanidad desde el punto de vista canino.

One of these days

de Bastian Günther. Alemania, 2020. 120’.
22 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: albar). Filmin.

Manos encima. Ese es el nombre del concurso que organiza cada año un concesionario de automóviles de Texas. Se llevará una estupenda camioneta quien aguante más tiempo sin quitar su mano de ella. Habrá veinte participantes seleccionados por sorteo entre quienes se apunten a la prueba. Así empieza una tortura que dura varios días.

La idea de la historia es muy sencilla pero el desarrollo acaba siendo mucho más interesante que el de Danzad, danzad, malditos. La necesidad y la ambición convertidas en motor de la competición. La resistencia convertida en espectáculo. Y el mérito hipostasiado aunque su contenido sea irrelevante. De esto hablan precisamente dos libros magníficos que deberían ser de lectura obligada para muchos: La tiranía del mérito de Michael Sandel y  Contra la igualdad de oportunidades de César Rendueles (Pedro Sánchez está leyendo este último y me parece estupendo). Esta magnífica película evidencia la estupidez que supone aceptar que puede tener algo que ver el merecimiento de una camioneta con aguantar más tiempo con la mano sobre ella. Frente a eso la lotería de Navidad es más bonita y más justa porque se reduce solo a un azar festivo y no presupone que quien gana algún premio lo tiene bien merecido. No como sucede con el fútbol, ese espectáculo reglado y ubicuo con efectos narcóticos. O con nuestro sistema educativo, en el que aceptamos que merecen ser médicos o estudiar matemáticas y física quienes son muy buenos haciendo análisis sintácticos de oraciones subordinadas o tienen mucha habilidad para memorizar los estándares de la historia de España. Absurdos que también alcanzan a la selección de los que serán funcionarios docentes durante cuatro décadas porque han leído bien un texto que han escrito durante un par de horas sobre un tema sorteado. One os these days es cine del bueno (también en sentido ético) que no solo pretende atraer al espectador sino hacerle pensar. Si se entiende bien, lo que plantea en esta película resuena muy oportunamente con lo que denuncian Sandel y Rendueles en sus libros (la lectura de este último es, además, una verdadera delicia).

sábado, 21 de noviembre de 2020

Isabella

de Matías Piñeiro. Argentina, 2020. 80’.
21 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: albar). Filmin.

Doce piedras. Dos actrices. Un hermano. Unas pruebas para una obra. Colores escenográficos. Medida por medida. Shakespeare. Tiempos dislocados. Y encuentros. Muchos encuentros.

El cine como fugas a la manera de Bach. Matías Piñeiro entiende sus historias como sutiles modelos para armar. Si Hong Sang-soo fuera argentino y menos tosco podría parecerse a Matías Piñeiro. Claro que para eso tendría que haber recibido una pizca de los universos de Borges, tener mucho cariño al teatro y cierta obsesión por Shakespeare. Hace ocho años lo tuvimos en el Niemeyer presentando Viola, otra historia magnífica que me dejó con muchas ganas de ver su anterior Rosalinda y también de que llegara esta última película de su tríptico de inspiración shakespeariana. Ahora que he podido disfrutarla me quedan aún más ganas de ver el resto de su obra. Así que estaría muy bien que en el próximo año este festival le dedicara uno de sus focos. Matías Piñeiro no es un director para públicos que rechacen las historias no lineales. Pero si se aceptan los hermosos juegos que nos propone en sus puzles filmados es fácil reconocer que es un cineasta fascinante y muy singular.

Poppy field

de Eugen Jebeleanu. Rumanía, 2020. 81’.
21 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: retueyos). Filmin. V.O.S.

En su casa recibe la visita de su amante que viene de París para pasar unos días con él. Fuera es un policía cuyos compañeros no saben que es homosexual. Un incidente en el que unos activistas homófobos han entrado en un cine para interrumpir la proyección  de una película de temática homosexual hace que su grupo deba intervenir. Allí es reconocido por un joven con el que tuvo algún encuentro. Él quiere impedir que el jóven le señale como homosexual, lo que le llevará a agredirle y la cosa se complicará.

Está claro que algunos países europeos aún tienen mucho que aprender en referido a los derechos de las personas y a la libertad sexual. Esta película lo demuestra y lo denuncia de manera muy oportuna. El preámbulo de los amantes sirve para incrementar la tensión de la parte que se desarrolla en el cine. Y en esta hay un tono teatral con largos planos que le vienen muy bien a esta historia. Así que esta primera película de Eugen Jebeleanu resulta bastante intencionada y también interesante.

La fortaleza

de Jorge Thielen Armand. Venezuela, 2020. 109’.
21 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: tierres en trance). Filmin.

Tras un accidente en el que acaba con su coche en un río y de que sus padres no quieran saber más de él, Roque decide volver a la jungla en la zona del estado venezolano de de Bolívar. Allí quiere restaurar el campamento en el que había vivido hace tiempo. Sin embargo, lo encuentra en ruinas y tiene que buscar los medios para reconstruirlo trabajando un tiempo en una mina de oro. 

Redención en medio del Amazonas de un personaje a la deriva que interpreta (o quizá no tanto) el propio padre del director. Las escenas de los encuentros con el amigo son de un naturalismo que no se puede fingir. Por lo demás, La fortaleza tiene en la belleza de sus imágenes el contrapunto perfecto a esa parsimonia existencial que hace difícil distinguir si lo que vemos corresponde a situaciones posibles o simplemente a las ensoñaciones del protagonista. En la parsimonia y la aspereza en unos entornos naturales bellísimos, la película de Jorge Thielen Armand recuerda un poco a las formas de filmar de Ciro Guerra en El abrazo de la serpiente. Lo cual es un gran elogio pero también una advertencia para aquellos a los que el cine de pocas palabras les provoca bostezos.

¡Al abordaje!

de Guillaume Brac. Francia, 2020. 95’.
21 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: albar). Filmin. V.O.S.

En una noche de verano Félix conoce a Alma en París. Ella volverá a su ciudad a la mañana siguiente y él decidirá ir a verla con un amigo y pasar allí una semana. El viaje lo harán en el coche de otro chico. Al principio las cosas van mal y hay bastantes tensiones, pero la semana de convivencia irá puliendo todas las asperezas.

Al principio parece una historia boba que podría derivar en lo que para mi sería lo peor: una comedia francesa. Sin embargo, ¡Al abordaje! es una historia apta para muchos públicos en la que encuentro cierto sustrato rohmeriano en lo estival, en lo juvenil y en lo imprevisto. Quizá no sea lo que podría esperarse como película inaugural de un festival que se proclama de cine independiente, pero lo cierto es que la película de Guillaume Brac es muchísimo mejor de lo que su título podría dar a entender.

Mi amiga del parque

de Ana Katz. Argentina, 2015. 86’.
21 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: Ana Katz). FICXTV.

Liz está sola con Nicanor, su bebé. Su marido está en Chile y ella está pasando un momento difícil. En el parque conoce a Rosa que también cuida de un bebé. Liz cree que es su hijo, pero luego sabrá que es el hijo de su hermana Renata. Con las dos tendrá una relación complicada, a veces peligrosa y a veces muy próxima.

Comienza el festival de Gijón que en estos tiempos pandémicos se desarrollará en dos plataformas: las tres secciones oficiales en Filmin y el resto en FICX.TV. En esta edición ha habido cambios importantes en las secciones y ha desaparecido el querido logo que identificaba al festival desde hace tantos años. Uno de los focos está dedicado a Ana Katz, una directora argentina de la que no había visto ninguna película. Por suerte, también habrá bastante cine latinoamericano, lo que no deja de ser una excelente noticia (el festival de Huelva ha estado mucho mejor que el de Sevilla). Mi amiga del parque es una historia magníficamente construida en torno al personaje de esa madre primeriza y preocupada que conocerá a dos hermanas hacia las que, tanto ella como nosotros, sentiremos desconfianza. Siendo películas muy distintas, en Mi amiga del parque Ana Katz adopta la misma  estrategia que Verónica Chen en Marea Alta. Las dos colocan al espectador en la perspectiva propia del temor elitista para luego mostrarnos que los problemas pueden estar también en las propias miradas. Mi amiga del parque es una película naturalista filmada en torno a un parque que conozco, pero que a cualquiera le resultará muy cercano. Igual que las sensaciones de esa madre inquieta que no sabe si lo que está sintiendo tiene que ver con esa nueva condición irrenunciable. Así que ya tengo una cosa clara: que intentaré ver todas las películas de Ana Katz que se programan en este festival.