jueves, 25 de junio de 2026

Popel

de Oier Plaza Gartzia, República Checa, 2025. 87.
25 de junio de 2026. Centro Niemeyer, Avilés.

Unai Egia trabaja como profesor de Plástica en una ikastola vasca. Durante el confinamiento pandémico leyó El impostor, de Javier Cercas, y decidió investigar sobre Eric Moner, aquel deportado cuya identidad suplantó Enric Marco, ese extraño personaje que tan bien interpretó Eduard Fernández en Marco. Unai Egia averiguó que Eric Moner coincidió con Anjel Lekuona en el campo de Flossenburg y que los dos fueron asesinados en abril de 1945. Enric y Anjel vivieron aquellos terribles momentos con otros españoles y algún francés. Sobre varios de ellos, Unai Egia va averiguando más cosas y consigue contactar con sus familias. También llega hasta los responsables de los archivos del crematorio de Praga en el que trabajaban František Suchý y su hijo, unos héroes que arriesgaron sus vidas para identificar las cenizas de dos mil asesinados. Entre ellas, las de aquellos españoles que siguen enterrados bajo un mausoleo de Praga. Ocho décadas después, han podido ir allí sus familias.
 
Un libro es el detonante de esta película que al final nos lleva a otro libro. El primero es el de Javier Cercas, pero a Unai Egia le interesó bastante menos la impostura que motiva el relato que averiguar qué fue sobre aquel hombre que realmente estuvo en Flossenburg y es el origen de este documental magnífico y necesario. Al segundo libro no aluden Unai Egia ni Oier Plaza Gartzia en la película, pero uno no puede dejar de pensar en aquel otro ángel de la guarda español que era médico y durante la Guerra Civil tuvo que hacer de enterrador. Sobre su heroicos y poéticos afanes trata el magnífico libro de Paco Roca titulado El abismo del olvidoPopel incluye algunas animaciones expresionistas que añaden brillantez formal a una película que, con el interés de una historia contada en clave casi detectivesca (al estilo de El cuadro de Andrés Sanz), es uno de los mejores ejemplos de lo que puede hacer el cine por la justicia y la memoria. Y, por contraste, de lo poco que se ha hecho por ellas en esta España que se hace muy imperial en las muñecas y muy amnésica en las cabezas. Popel debería llegar a muchas salas de cine (públicas y comerciales), a muchas plataformas (también las públicas como RTVE) para que se habla de lo que en ella se muestra. Películas como esta ponen de manifiesto que mientras algunos disfrutan mirando al dedo de la impostura otros saben que lo que realmente importa es seguir buscando la verdad en los abismos del olvido.