domingo, 21 de junio de 2026

Qui som

de Salvador Sunyer, 2026. 104.
21 de junio de 2026. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Camille Decourtye y Blaï Mateu Trias lideran Baro d'evel, una compañía que combina la danza, las artes plásticas, la música y hasta el trabajo escénico con animales. Su próximo espectáculo será Qui som? y han sido invitados por el Festival de Aviñón para estrenarlo allí. Tienen dos años por delante y son momentos de ese proceso lo que vemos en este documental. 
 
Las formas de creación colectiva de esa compañía, el lugar de sus dos hijas en el trabajo y la vida de Camille y Blaï, lo que supuso que Oriol Pla dejara el proyecto de Qui som? para asumir otros compromisos (entre ellos, su monólogo Gula)... Son algunos de los elementos destacados de esta experiencia inmersiva en el largo proceso de creación de una compañía que bien podría ejemplificar ese concepto tan difuso de las artes vivas. Ni Salvador Sunyer ni los protagonistas de esta película pueden ofrecernos linealidad o precisión en el retrato de una forma de trabajo escénico que rechaza ambas cosas. En este sentido, poco tiene que ver esta película con joyas sobre la creación teatral como Empuñando el alma, la película de Arantxa Vela Buendía sobre el trabajo de Lluís Pascual en la preparación de El sueño de la vida, aquel texto de Alberto Conejero sobre cómo se podría continuar La Comedia sin título de Federico García Lorca. En este sentido, Qui som podría tener más parentesco con otros documentales magníficos sobre la creación plástica y escénica en los que aparecen trabajos de Miquel Barceló. Estoy pensando, por ejemplo, en El cuaderno de barro de Isaki Lacuesta en el que, junto al coreógrafo y bailarín Josef Nadj, Barceló ejecuta, ante los propios habitantes de Gogolí,  la performance “Paso doble”, en la que los dos brotan, golpean, moldean y desaparecen en un escenario de arcilla. O también en Constel-lació Comelade, el estupendo documental de Luis Ortas sobre Pascal Comelade en el que hay un momento en el que sus sonidos magnéticos se funden con la pintura efímera de Barceló en el patio del Fonseca en Salamanca. Buenas compañías para una película en la que a uno le acaban apeteciendo dos cosas: ver alguna obra de Baro d'evel y acercarse al Festival de Aviñón.