viernes, 22 de noviembre de 2019

Mano de obra

de David Zonana. México, 2019. 82’.
22 de noviembre de 2019. Cines Yelmo, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Croossroads Zinemaldía/FICX).

Un grupo de albañiles está terminando la construcción de una vivienda muy lujosa en la Ciudad de México. Uno de ellos sufre un accidente mortal pero a su viuda le niegan la indemnización que intenta gestionarle su hermano que también trabaja en la obra. Tras el supuesto suicidio del dueño de la casa, empieza a vivir en ella. E invita a que también la ocupen varias familias compartiendo gastos.

La colaboración con el festival de San Sebastián nos ha permitido ver en Gijón esta película de la que tenía las mejores referencias. El contraste entre personajes populares que se instalan en esa arquitectura impersonal tiene una fuerza que hace que la película parezca imaginada por Buñuel y dirigida por un danés. Pocas veces el blanco inmaculado y las lineas posmodernas habrán tenido un contrapunto más surrealista que esas familias coloristas. Mano de obra es, además, muy coherente con ese contraste. El lenguaje es cálido y popular, pero el ritmo y el montaje tienen una frialdad muy nórdica. David Zonana se revela así como un director originalísimo. Algo así como Yorgos Lanthimos cuando dirigió aquella sorprendente película titulada Canino.

jueves, 21 de noviembre de 2019

As mortes

de Cristobal Arteaga Rozas. España, 2019. 75’.
21 de noviembre de 2019. Cines Yelmo. 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Rellumes).

En una aldea gallega un hombre mata a su mujer. No sabemos el motivo, pero parece que lo tenía muy claro. Van pasando los días y él manteniene relaciones normales con el vecindario mientras el cadáver de ella sigue sobre la cama.

Hace seis años Cristobal Arteaga Rozas dirigió El triste olor de la carne, aquella impresionante película en la que, en un único plano secuencia seguíamos por las calles de Vigo a un hombre con la vida embargada. Con el mismo actor nos lleva ahora a un entorno rural en el que sitúa una historia que comienza con una intensidad muy notable que luego no se mantiene. As mortes no está nada mal, pero la comparación con la anterior hace que casi me defraude.

Sacavém

de Júlio Alves. Portugal, 2019. 65’.
21 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio. 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Esbilla). V.O.S.

Imágenes sobre el cine de Pedro Costa, el prestigioso director portugués del que el sábado veremos Vitalina Varela. En Sacavém hay comentarios muy atinados pero ningún testimonio rutinario. Se repasan aspectos de las películas de Pedro Costa y se dan algunas claves sobre su trayectoria.

La forma es coherente con el tema. No es un documental con gente que habla sobre algo. Ni un repaso convencional a la obra un creador especial. Sacavém es un documental singularmente valioso para quien haya seguido el cine de Pedro Costa. Pero a mi me faltan referencias. Aunque en parte las compensa el estupendo coloquio posterior con Júlio Alves, un director modesto, sensato, muy sabio y que, además, habla muy bien nuestra lengua.

Rondas

de Stephan Komandarev. Bulgaria, 2019. 106’.
21 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio. 57º Festival de Cine de Gijón (Sección Oficial). V.O.S.

En la noche en que se cumplen treinta años de la caída del muro en Berlín y del comunismo en Bulgaria, tres parejas de policías hacen rondas en coche por las calles de Sofía. Les vemos mientras hablan, se escaquean, ayudan a otros, se corrompen y se comprometen. Son reflejo de un país europeo con sus virtudes y sus problemas. Igual que sus gentes. 

Hace dos años Stephan Komandarev se llevó merecidísimamente el premio al mejor guión por Destinos, aquella estupenda película sobre un taxista con la que conocimos a este director búlgaro en España. Así que no podía perderme esta nueva película en la que recorremos de nuevo las calles de Sofía, ahora en rondas policiales. El tono es diferente al de Destinos y el humor (bastante negro y muy nocturno) sustituye a la tensión que destilaba aquella historia intensísima. Cada parada de los policías es ya un corto extraordinario que merecería todos los premios, pero Komandarev consigue que esas pequeñas historias magníficamente trenzadas se conviertan en otro retablo imprescindible sobre el presente de su país y quizá también de Europa. Es una combinación impecable de intrahistorias mínimas y de miradas irónicas sobre el contexto que las enmarca. El suyo es un cine que atrapa a cualquiera, con diálogos perfectos y una tensión dosificada que convierte los cierres de estas rondas nocturnas en momentos de clímax sutilísimos magníficamente armonizados en esa escena final con letras tiernamente dislocadas. No sé qué premio ganará este año, pero cualquiera que tenga será bien merecido. En cualquier caso, ya tengo ganas de ver su próxima película con la que, según parece, cerrará la trilogía. Los búlgaros pueden sentirse muy orgullosos de tener un director como Stephan Komandarev. Y nosotros de haberlo tenido dos veces en la sección oficial de este festival.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Liberté

de Albert Serra. España, 2019. 132’.
20 de noviembre de 2019. Teatro Jovellanos. 57º Festival de Cine de Gijón (Pase especial). V.O.S.

Una noche en un bosque alemán antes de la Revolución Francesa. Encuentros sexuales disfrutados y contemplados por hombres y mujeres de distintas edades y condiciones diferentes. Hay carrozas varadas, novicias invitadas y hombres de hacen cosas o se las hacen. Es el placer de ver y ser visto. De hacer y dejarse hacer. De disfrutar con el dolor que se causa o con el que se recibe. Un libertinaje forestal que haría las delicias de Sade.

Animales nocturnos. Que se encuentran, se tocan, se dañan o se acarician. Entre ellos y a si mismos. Es un espectáculo en el que la mirada busca y no siempre encuentra. O a veces ve lo que no querría mirar. Les sucede a estos personajes que hablan poco antes de que la noche caiga y luego no dicen casi nada. No entendemos bien quiénes son ni cuáles son sus relaciones. Seguramente ellos tampoco. Ni los personajes ni los actores (de hecho, algunos ni siquiera lo son). Pero lo que importa es la densidad de esa atmósfera sexualmente estival entre los árboles. Con encuentros imprevistos e indefinidos en los que no importan las consecuencias. Es el placer en presente continuo. La realización de todos los deseos en medio de la noche. En su excelente presentación de la película, Albert Serra nos advierte de que será larga, densa y para muchos exasperante. De hecho, entiende que algunos se vayan de la sala antes de que pasen las dos horas y media largas que duran las imágenes de esa noche de placeres forestales. De hecho, así sucede y las salidas del público en la oscuridad del patio de butacas parecen prolongar las acciones y los sonidos de la pantalla. Quienes salen se levantan demoradamente y parecen molestos. No dicen nada, pero el ruido de sus cuerpos y de los contactos con las butacas, con las puertas y entre ellos me hacen pensar en que mientras se van están buscando o teniendo encuentros imprevistos en los bordes de la sala. Como en Serbis de Brillante Mendoza pero en el contexto aristocrático de este teatro gijonés. Liberté (y sus aledaños) es una experiencia exigente pero muy especial. Propia de un festival que no debe tenerle miedo a programar ese tipo de obras selectas por las que se supone que la gente va al Reina Sofía. No es cine para entretener, para pasar el rato, para desconectar enchufándose a resortes resabidos. Es un tipo de arte que merece tener su espacio y su tiempo: los de la última sesión de un día entre semana de un buen festival. Pero para muchos el verdadero espectáculo vino después de la proyección. Cuando el encuentro con Albert Serra se conviritió en un radical desencuentro con motivo de las dos primeras intervenciones en las que le reprocharon algunas decisiones en su película (no por lo sicalíptico de su contenido, sino por cuestiones de género). Y ahí comenzó un diálogo tan interesante como crispado sobre la corrección política, sobre la libertad y la responsabilidad del creador, sobre las funciones educativas de la ficción... En algunos momentos Serra hizo de Dalí y seguramente muchos solo vieron entonces su obligo. Por suerte, otros pudimos asistir al día siguiente a la lección magistral (que no master class) que dio en la escuela de Comercio sobre la metodología en el cine contemporáneo. Estuvo magnífico y demostró que no solo tiene grandes intuiciones como director, sino que también las tiene cuando habla sobre el cine. Le separa un mundo del carácter de Jaime Rosales o de Peter Brook y quizá no haya leído a ninguno de los dos pero, hablando de la fabricación cinematográfica o de la dirección de actores, expresa como nadie ideas que me han recordado a la lucidez del primero en las páginas de El lápiz y la cámara o a la sabiduría del segundo en cualquiera de sus libros. Fue un gusto escuchar a Albert Serra en la visita comentada que hace unos años hizo en Oviedo al Museo de Bellas Artes con motivo de la presentación de esa joya que es La muerte de Luis XIV. Y ha sido estupendo ver su nueva película en las mejores condiciones para una proyección pública y con el mejor contexto posible: el de sus lúcidos, egocéntricos y siempre fascinantes comentarios.

martes, 19 de noviembre de 2019

Santiago, Italia

de Nanni Moretti. Italia, 2018. 80’.
19 de noviembre de 2019. Cines Yelmo. 57º Festival de Cine de Gijón (Sección oficial). V.O.S.

Nanni Moretti repasa el contexto del golpe de estado de 1973 en Chile y lo que pasó después. Lo hace a través de los testimonios de chilenos que en Santiago o en Italia rememoran aquel tiempo y recuerdan la manera en que la embajada de Italia y luego su país acogieron a tantos refugiados chilenos que tuvieron que huir de la dictadura de Pinochet.

Un documental emotivo en el que da gusto ver lo bien que se lleva la expresividad del italiano con la musicalidad del acento chileno. Nanni Moretti muestra compromiso político y afecto por un país con el que el suyo supo portarse muy bien en aquellos tiempos en que la ilusión y la esperanza de un pueblo fueron truncadas por aquellos militares canallas que no dudaron en bombardear el palacio presidencial de su propio país. El documental es muy convencional en la forma (sucesión de caras contando recuerdos ante una cámara) y no está claro qué merezca estar en la sección oficial del festival, pero su contenido explica por qué el público ha llenado la sala esta tarde.

System Crasher

de Nora Fingscheidt. Alemania, 2019. 110’.
19 de noviembre de 2019. Cines Yelmo. 57º Festival de Cine de Gijón (Sección oficial). V.O.S.

Benni es una niña irascible y explosiva que no vive con su madre y está al cuidado de las instituciones alemanas de protección de la infancia. Ha pasado por varias familias de acogida y también ha tenido estancias hospitalarias en los momentos de crisis más graves. Su situación es muy difícil pero un cuidador hace todo lo posible por mejorarla.

Por el tema tiene algo que ver con Especiales, la película de Olivier Nakache y Erik Toledano que obtuvo este año el premio del público en el festival de San Sebastián. Pero la película alemana es más áspera y bastante mejor que la francesa. La protagonista y su entorno recuerdan a películas tan interesantes como Mommy de Xavier Dolan, Conducta de Ernesto Daranas o Las vidas de Grace de Destine Cretton. Nora Fingscheidt consigue un equilibrio sorprendente entre la ternura que a veces inspira esta Benni abandonada y el temible salvajismo de sus explosiones de agresividad. También logra huir de cualquier maniqueísmo en la presentación de un caso que no pretende ser paradigmático pero que resulta muy aleccionador para cualquiera que trabaje en profesiones relacionadas con la infancia y la adolescencia.  Pero más allá de lo bien que aborda un tema difícil como este, la película tiene la singularidad formal y la calidad que corresponde a la sección oficial de un buen festival. No sé si recibirá algún premio, pero ha sido estupendo poder verla en Gijón.

lunes, 18 de noviembre de 2019

La prunelle de mes yeux

de Axelle Ropert. Francia, 2016. 90’.
18 de noviembre de 2019. Cines Yelmo, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Axelle Ropert). V.O.S.

Dos hermanos griegos en París. Son vecinos de dos hermanas, una de ellas ciega. Siempre que se encuentran en el ascensor hay importantes desencuentros entre los cuatro. Hasta que uno de los hermanos se hace pasar por ciego y las cosas cambian con la que lo es de verdad.

Axelle Ropert solo ha hecho tres películas pero este año el festival de Gijón ha decidido poner uno de sus focos en ella. Así que un tercio de su obra me parece una comedia boba, simple y blandita. Impropia del pedigrí de cine independiente y de autor que desde hace muchos años caracteriza a este festival. Y mi opinión no mejora tras el coloquio que siguió a la proyección.

El lago del ganso salvaje

de Diao Yinan. China, 2019. 117’.
18 de noviembre de 2019. Cines Yelmo, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Croossroads Zinemaldía/FICX). V.O.S.

Un fugitivo espera a su mujer, pero llega otra. Ella se ofrece a ayudarlo, pero quizá solo trata de entregarlo a la policía. El motivo es que, tras una reunión de delincuentes, él disparó a un policía y ahora lo buscan por toda la ciudad.

Tiros, motos, lluvia, noche, garitos, persecuciones y un poco de comida al final. Con una fotografía que remite a la de Wong Kar-wai y una intensidad laberíntica que me recuerda a la de 7 cajas (después de ver la película de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori me resultó inevitable visitar el Mercado 4 en Asunción), El lago del ganso salvaje es una película muy nocturna, algo confusa y con no pocas claves que seguramente serán más comprensibles para los chinos que para mi. Me pasó lo mismo viendo Largo viaje hacia la noche, aunque la película de Bi Gan me parece bastante mejor que esta. Aquí me sobran persecuciones, sangre y truculencias que hacen que sienta un tanto perdido y casi me aburra la película. No me disgustó Black Coal, Thin ice, pero creo que el cine de Diao Yinan está sobrevalorado en los festivales europeos.

Les perseides

de Alberto Dexeus, Ànnia Gabarró. España, 2019. 70’.
18 de noviembre de 2019. Casa de la Cultura, Avilés. 57º Festival de Cine de Gijón (Sección oficial). V.O.S.

Mar vuelve en verano a la casa vacía de sus abuelos en un pueblo con poca gente. Allí encuentra un viejo mapa y unas casetes que hablan de muertos enterrados de cualquier manera hace mucho tiempo. Sus búsquedas en las tardes de tedio y las conversaciones con otra adolescente le hacen pensar en fantasmas. Y también en lo que hizo su abuelo durante la Guerra. Un secreto familiar que Mar va desvelando.

Adolescencia, memoria histórica y personajes que hablan en catalán. Suficientes motivos para que hoy hayamos llevado a más de doscientos alumnos a esta extensión matinal que el festival de Gijón ha hecho en la Casa de la Cultura de Avilés. La película es parsimoniosa y sugiere más de lo que muestra, pero sirve para comprender que la historia de un país no se aprende solo en segundo de bachillerato y que los silencios familiares esconden secretos que merecen ser desvelados. Cosas de las que hablar en un coloquio como el que hoy siguió a la proyección. Y de las que seguiremos hablando en las clases de mañana.

domingo, 17 de noviembre de 2019

The projectionist

de Abel Ferrara. EE.UU., 2019. 81’.
17 de noviembre de 2019. Cines Yelmo, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección oficial -no competición-). V.O.S.

Nicolas Nicolau dirige con pasión varios cines en el centro de Manhattan y en otras zonas más modestas como Queens. Abel Ferrara viaja con él a Chipre para conocer sus orígenes como hijo de trabajadores que emigraron a Nueva York a comienzos de los setenta. Cuando era adolescente combinaba sus estudios de secundaria con sus trabajos en los cines. Pero poco a poco su pasión y tenacidad le permitieron hacerse cargo de la gestión de muchos de ellos. La cosa le fue tan bien que en los ochenta pudo hacer un buen capital y comprar sus edificios. Pero su habilidad con los negocios y su voluntad de hacer dinero nunca han estado por encima de su compromiso con los cines y su empeño de que sigan estando presentes en la vida de las ciudades.

Quizá Nick es al cine lo que José Andrés a la cocina. Incluso hay un cierto parecido entre ellos. En el carácter, en sus raíces periféricas no traicionadas y en su compromiso con la ciudad y con la gente. Y también en su capacidad para enfrentarse con los poderosos para defender aquello en lo que creen. Abel Ferrara acompaña a este héroe de cerebro capitalista y corazón cinéfilo para que nos muestre sus afanes profesionales y nos cuente su vida. Y también la de esos cines urbanos que en los últimos cincuenta años él viene cuidando y defendiendo de la muerte segura que les depararía ese capitalismo anencefálico que propicia públicos domesticados con drogas seriófilas y formas de consumo amazonadas. Igual que hizo Sydney Pollack en sus Apuntes de Frank Gehry, Abel Ferrara acompaña al protagonista y se deja ver con él en un documental de apariencia modesta pero de intenciones y efectos muy notables. En esta sesión no hubo presentación ni coloquio posterior, pero nos resultó  inevitable aplaudir con fuerza al terminar la película. Algunos podrían aprender mucho de este documental en el que en ningún momento se cita a Netflix (no hay mejor desprecio que no hacer aprecio, decía mi abuela) y que, como este blog, reivindica algo que debería ser obvio: que el cine en el cine mejora nuestras vidas y hace más humanas nuestras ciudades.

De los nombres de las cabras

de Silvia Navarro Martín y Miguel G. Morales. España, 2019. 62’.
17 de noviembre de 2019. Cines Yelmo, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Llendes).

Imágenes en blanco y negro de indagaciones sobre los canarios. Entre arqueológicas y etnográficas. Todas con el valor añadido que les da saber que todas tienen más de cincuenta años y que muchas de ellas registran las (pseudo)investigaciones de Luis Diego Cuscoy, un aficionado a estos temas que quiso documentar con imágenes sus afanes por construir un imaginario pretérito para los canarios.

Las imágenes se suceden sin apenas hilo conductor. Si acaso su disonancia con la voz del etnógrafo aficionado que pregunta a los viejos del lugar por los nombres de las cabras y por otras muchas cosas con el tono propio de quien cree estar haciendo algo muy importante que pasará a la historia. El resultado es soporífero para el espectador, de dudosa relevancia para el investigador y supongo que un poco desasosegante para cualquier canario.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Meseta

de Juan Palacios. España, 2019. 89’.
16 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Rellumes).

Un ortomapa mesetario sirve de preámbulo. Luego bajamos a tierra y acompañamos a un rebaño de ovejas cruzando por debajo de una autovía. Finalmente las recogeremos con los perros antes de que llegue la tormenta. En medio, la vida cotidiana de las gentes de este paisaje ancho y fascinante de la meseta castellana.

Ni una sola vez se dice, ni en la película ni en el estupendo coloquio posterior, la España vacía (y mucho menos esa estupidez de la España vaciada -pobre Sergio del Molino, él no tiene culpa de lo que ha pasado con el título de su libro-). Y eso ya es un gran mérito de Juan Palacios. El otro es saber contar, no una historia, sino un espacio humano. Meseta es un estupendo documental que merece (que los está recibiendo) muchos premios. Sobre todo porque lo que muestra nunca es impostado. Parte de esa inspiración que el director reconoce que procede de esos veranos zamoranos de su infancia (los de la mía fueron, y siguen siendo, salmantinos). Meseta tiene la dosis justa de seriedad y de humor para que lo uno no se convierta en amargura o denuncia redundante y lo otro no banalice el valor de lo mostrado. Es una película que debería interesar a mucha gente. Entiendan o no lo que es o ha sido vivir en la meseta.

Ne croyez surtout pas que je hurle

de Frank Veaubais. Francia, 2019. 75’.
16 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección: Rellumes). V.O.S.

Tras el fin de una relación sentimental, Frank Veaubais quedó  varado y aislado en un pueblo de Alsacia que detestaba. Encerrado y deprimido pasa ese tiempo viendo cientos de películas antes de volver a París. Su voz nos cuenta en presente continuo como lo vive mientras vemos un mosaico casi infinito de imágenes de películas que ilustran elusivamente lo que nos va contando. 

No es un diario filmado pero sí es un diario. No son imágenes buscadas pero sí encontradas. Es un singular ejercicio de conexión (por asociación de ideas) entre un texto con gran valor (entre literario y de ensayo) y unas imágenes compuestas al ritmo justo que requiere un lector (aquí un espectador) inteligente y atento. Tiene la brillantez de un Houllebecq que no fuera cínico, ni misántropo, ni reaccionario, sino buena gente. O la calidad introspectiva del Manuel Vilas de Ordesa pero con más lucidez y menos masoquismo. Y tiene también una cualidad única: la de saber encontrar (quizá sin buscar) las imágenes adecuadas no para cada pensamiento, sino para el fluir del pensamiento y el de saber coserlas con la cadencia perfecta para que el espectador las disfrute sin tregua. Me cae muy bien Frank Veaubais. Por el cine que hace, por la forma en que piensa y por la lucidez y coherencia de lo que defiende. Ha sido un gusto ver aquí su magnífica película. Y escucharlo después en el estupendo coloquio que siguió a la proyección.

Video blues

de Emma Tusell. España, 2019. 74’.
16 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección oficial -no competición-).

Vemos los videos familiares de Emma. Desde que su padre la filmaba con su hermana en las vacaciones familiares antes del aquel accidente en que murió, hasta las reuniones de amigos cuando su madre ya tenía cáncer. También hay videos suyos más recientes. Y siempre su voz y la de Javier comentando lo que vemos. 

En el coloquio que siguió a la proyección, Emma Tusell reconoció que se animó a hacer esta película cuando vio Mapa de León Siminiani. Pero nada que ver. Tampoco tiene nada que ver con esos videos encontrados que a veces  son la ocasión para componer películas tan raras, pequeñas y magníficas como Sobre la marxa de Jordi Morató o Os días afogados de César Souto Vilanova y Luis Avilés Baquero. Tampoco tiene ningún parentesco con esos diarios filmados tan magníficos como Photografic memories de Ross McElwee, Stories we tell de Sarah Polley o Guest de José Luis Guerín. Yo digo, Video blues no tiene nada que ver con todo eso.

Blanco en blanco

de Theo Court. Chile, 2019. 100’.
16 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección oficial).

Pedro va a la casa de Mr. Porter en la Tierra de Fuego. Allí tiene el encargo de retratar a la adolescente con la que se va a casar el potentado. Él es un fotógrafo con vocación de artista que queda fascinado por esa niña y le hará más retratos y más intencionados. Luego tendrá ocasión de plasmar también su arte retratando el exterminio de los indígenas de la zona que llevan a cabo los empleados de Mr. Porter. Él lo documenta fotográficamente con mucho gusto.

Blanco en blanco compondría un díptico perfecto con Jauja, la película de Lisandro Alonso que también tiene un pase especial en esta edición del festival. Y casi formaría un tríptico temático con El movimiento de Benjamín Naishtat que también estuvo hace cuatro años en este festival. Con unas imágenes impresionantes y ese actor siempre magnífico que es Alfredo Castro (del que acabamos de ver en el festival de San Sebastián otra  interpretación estupenda en El príncipe de Sebastián Muñoz ), Blanco en blanco es una propuesta doble sobre los cruces entre el arte y la ética. Esos que generan tanta polémica a propósito de obras como las de Balthus o Nabokov o en los que se confunde la denuncia con el morbo cuando se trata de levantar acta de algunos dramas humanos. Theo Court no tiene miedo a que su película resulte demasiado parsimoniosa y eso ahuyente a muchos públicos. Igual que Lisandro Alonso, busca una coherencia estética que requiere esos ritmos demorados y esas imágenes bellamente ásperas propias de un Sur radical que acaba siendo mucho más que un paisaje para los humanos.

Un blanco, blanco dia

de Hlynur Pálmason. Islandia, 2019. 109’.
16 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio, 57º Festival de Cine de Gijón (Sección oficial). V.O.S.

Un policía retirado del servicio reconstruye una casa para su hija y su nieta. Lo hace mientras vive un intenso duelo por la pérdida de su esposa. En ese tiempo descubre que ella tenía una relación con otro hombre. Él ahora no sufre solo por los celos, también por esa ausencia que ahora siente doble.

El punto de partida tiene algo en común con el magnífico planteamiento de El condado, la película de Grímur Hákonarson que vimos en octubre en la Seminci. Pero la película de Palmason es mucho mejor. Ya solo por ese impresionante prólogo doble que tiene un equilibrio perfecto con esos dos cierres inolvidables (una cámara que avanza siguiendo a un coche en una carretera y una cámara que retrocede mirando a un hombre y una niña en una cueva, una casa vista desde fuera transformada por el tiempo y las estaciones y luego vista por dentro en la intimidad de un instante revelador), Un blanco, blanco día es una película de factura cuidadísima y contenido más existencial que truculento. Con los mimbres de esta historia cualquier otro director se habría preocupado por darnos todas las claves y colocarnos en la perspectiva del cine de suspense. Pero Palmason esquiva esa tentación y hace que su película sea otra cosa mucho mejor. Más islandesa y más fascinante (valga la redundancia). Así que no empieza mal un festival que en la segunda jornada ya nos depara una película que podría merecer varios premios.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Ham on rye

de Tyler Taormina, EE.UU., 2019. 85’.
15 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio, 57º Festival de Cine de Gijón (sección: Esbilla). V.O.S.

Más o menos veinticuatro horas en la vida de unos adolescentes. Es el tiempo en el que se preparan, van, se divierten (o  no) en un bar en el que toman bocadillos y bailan. También los vemos en el regreso. Siempre desde muy cerca. Como si fuéramos con ellos. Con grupos de amigos distintos y diversos que asisten a esa especie de ceremonia de iniciación.

Tyler Taormina consigue filmar las atmósferas y los sentimientos. Y lo hace dándole muy poca importancia a los diálogos y mucha a las imágenes, a los sonidos y a las músicas. También a los gestos personales y a las relaciones tácitas o expresas. Es como un Linklater que hubiera prescindido de un guión escrito y todo lo fiara al poder de la cámara para captar los ambientes, los tactos y los contactos. Ham on Rye es una película muy singular. Con textura propia. Deliciosa para quien disfruta viendo vivir a las gentes sin tener que saber quiénes son ni qué les pasa. Sus historias son desvaídas y dejan espacio para que el espectador entre en ellas y las interprete.  Por lo demás, la proyección de esta estupenda película ha estado precedida de Nimos, un inquietante cortometraje de Yorgos Lanthimos sobre un chelista que se encuentra en el metro con una joven que le acabará sustituyendo en su casa.

Fukuoka

de Zhang Lu. Corea del Sur, 2019. 88’.
15 de noviembre de 2019. Escuela de Comercio, 57º Festival de Cine de Gijón (sección: Rellumes). V.O.S.

Jea-moon y Hae-hyo llevan veintiocho años sin querer verse. Cuando estaban en la universidad eran muy amigos pero los dos se enamoraron de una misma chica y eso los separó. Ahora Jea-moon tiene una librería de viejo a la que va una extraña joven que le propone hacer un viaje a la ciudad japonesa de Fukuoka. Allí tiene un bar Hae-hyo y el reencuentro les hará revivir a los dos aquel triángulo que se parece un poco al que ahora forman con esa joven.

Este año no tenemos ninguna película de Hong Sang-soo en el festival de Gijón. Pero su fantasma habita en esta película. Hay calles impersonales, encuentros extraños, diálogos banales, algunos enfados, alcohol efectivo y no pocas simetrías (la librería atestada y el bar vacío, la joven que los separa y la que ahora los reúne, el parroquiano que no habla en el bar desde hace diez años y los amigos que se detestan desde hace veintiocho). También hay lugar para lo fantástico (el don mágico para las lenguas de la joven, las voces que Jea-moon oye en su librería). De modo que si la hubiera firmado Hong Sang-soo me lo habría creído. Eso sí, estaría entre las películas que menos me interesan de él. Así que, puestos a elegir, prefiero el original que la copia.

jueves, 14 de noviembre de 2019

La despedida

de Lulu Wang. EE.UU., 2019. 100.
14 de noviembre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

La abuela vive en China y le acaban de disgnosticar un cáncer avanzado. Ella  no lo sabe y sus hijos van a verla fingiendo que es para una boda. Desde Nueva York también llega su nieta que no comprende por qué no le dicen la verdad.

El tema podría dar para matices y emociones intensas en otra película. Pero en esta la cosa da muy poco juego. Por lo obvio del planteamiento, por la falta de tensión narrativa y por el simplicidad con que se construyen los personajes. Es verdad que el doblaje lo empeora, pero La despedida (¿por qué en España se titula The farewell?) se queda muy lejos de otras magníficas películas sobre temas como este. Algunas hechas en el Extremo Oriente.