sábado, 26 de septiembre de 2026

De repente

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2026. 196’.
26 de septiembre de 2026. Teatro Principal, 74º Festival de San Sebastián (Sección Perlak). V.O.S.

Marie-Lou Fontaine dirige una residencia de ancianos en París y se enfrenta a las inercias institucionales intentando llevar adelante una filosofía del cuidado llamada Humanitud. Consiste en cuatro reglas básicas: captar y mantener la mirada desde cerca, tocar a la persona mientras se le habla y se le escucha y, por último, fomentar que recupere la verticalidad y vuelva a caminar. Un feliz azar le hace conocer a Mari Morisaki, una directora de teatro japonesa que está representando en París una obra sobre la antipsiquiatría. Marie-Lou se formó como antropóloga y Mari estudió filosofía. Las dos sintonizan plenamente en un momento muy distinto de sus vidas. Y es que Mari tiene un cáncer terminal y le queda poco tiempo de vida.   
 
Tras Happy Hour, La ruleta de la fortuna y la fantasía, Drive My Car y El mal no existe, Hamaguchi nos ofrece una nueva joya, aún más sincera y comprometida. El cuidado, el teatro, la antropología y la filosofía me resultan muy próximos, así que valoro especialmente el riesgo que Hamaguchi asume al apostar por la ternura, la compasión y la crítica de ese mundo dislocado que, en un artículo reciente, he llamado postnormativo. Una francesa que habla japonés y una japonesa que habla francés, en una película que intercambia sin problema las dos lenguas, hacen que llame más la atención la escena de la pizarra en la que Mari escribe en  inglés su lúcida critica del capitalismo contemporáneo. Quizá porque Hamaguchi quiere hacer diáfana esa crítica al público global, quizá porque no quiere primar la cultura de ninguna de esas amigas o quizá, simplemente, porque el inglés es precisamente la lengua de eso que Mari denuncia. Reparar en ello mientras esas mujeres (en tantos sentidos desveladas) fundamentan y reflexionan sobre sus prácticas comprometidas, permite que su compromiso no inspire solo empatía sino también sintonía con mucho de lo que dicen y piensan. De repente es un verdadero regalo para las profesiones del cuidado, un detector de querencias (dis)funcionariales y un estímulo para ponerse manos a la obra. Para sostener la mirada, para entrar en contacto con tacto, para volver a hablar y también a caminar.