lunes, 28 de septiembre de 2026

La bola negra

de Javier Calvo y Javier Ambrossi. España, 2026. 158’.
28 de septiembre de 2026. Cines Parqueastur, Corvera.

Cómo podría haber sido aquella obra de Lorca. Cómo podría haber sido la relación entre Rafael Rodríguez Rapún y el soldado que lo custodiaba en Santander. Y cómo podría habernos llegado aquella obra. Tres tiempos entreverados entre lo real y lo imaginado.
 
Este año se cumplen noventa de la muerte de Lorca y cuarenta de que en el María Guerrero Amancio Prada pusiera música deliciosa con Pedro Iturralde a los Sonetos del amor oscuro que poco antes habían sido publicados en el ABC.  El amor duerme en el pecho del poeta es uno de ellos y quizá sean esos versos los que hacen más conmovedoras las historias de amor y memoria que se traban en La bola negra. Ese es también el título de una posible obra de teatro de la que solo quedan los nombres de los personajes y unas pocas líneas de texto (apenas el diálogo entre Carlos y su hermana de lo que habría sido el comienzo del primer acto). Alberto Conejero partió de ella en La piedra oscura y ahora Javier Calvo y Javier Ambrosi lo hacen en esta película sobre las huellas de la muerte de Lorca en la memoria del siglo XX español. La bola negra pretende reivindicar y poner en el centro del imaginario contemporáneo lo que fue relegado al ámbito de lo tácito, oculto y oscuro: la homosexualidad de Lorca. Seguramente es un acto de justicia poética y en estos tiempos, también oscuros, en los que los años treinta nos amenazan incluso desde el futuro, conviene congratularnos  de que tantos jóvenes se hayan emocionado en las salas de cine con esta historia en la que la ficción y la realidad coquetean con descaro en favor de las causas de los olvidados y los perseguidos. Pero, como en la canción de Pedro Pastor, conviene no limitar a ninguna causa primordial esa reivindicación. Porque Lorca fue homosexual (y a mucha honra), pero también feminista, gitano, negro, niño, gallego, cubano, porteño, andaluz, barraquero y republicano. Y todo ello porque era teatrero y poeta (valga la redundancia), porque se atrevió a gritar hacia Roma y contra la Guardia Civil. Por todo eso lo mataron. No solo por maricón, sino porque miraba a la Luna, defendía la belleza y la alegría y conocía el secreto, a la vez diáfano y oscuro, para saber contagiarlas a la gente más allá de su lugar en el mundo y su tiempo en la historia. Así que, bienvenida sea esta bola negra que recupera los ecos de las palabras de Lorca: "Pero sigue durmiendo, vida mía. ¡Oye mi sangre rota en los violines! ¡Mira que nos acechan todavía!".