de Javier Marco. España, 2025. 95’.
30 de mayo de 2026. Cines Los Prados, Oviedo.
Lina es una exitosa presentadora de televisión que hace entrevistas muy ácidas. Entre quienes la odian está Pedro, un hombre que vive solo y le ha deseado lo peor en la red social en que participa. Inesperadamente, ella llega a su casa para ocupar la habitación que él alquila y pasar alejada de todo el peor momento de su vida. Son dos seres dolientes que viven atormentados por la culpa.
Esta joya de Javier Marco formaría un tríptico perfecto con dos de las películas más conmovedoras e interesantes del cine español: La soledad de Jaime Rosales y Una quinta portuguesa de Avelina Prat. Entre los personajes de las tres películas hay conexiones emocionales y dramas soterrados que explican esa necesidad de ostracismo autoimpuesto y purgador que hace tan fascinantes sus historias. Pero, si las otras dos son (con Cerrar los ojos -él- y Subsuelo -ella-), lo mejor que he visto de unos intérpretes tan magníficos como Manolo Solo y Sonia Almarcha, en A la cara alcanzan una sintonía interpretativa que multiplica su excelencia individual y les haría merecedores al Goya a la mejor interpretación conjugada. La película de Javier Marco tiene además un guion perfecto, con escenas que dan mucho que sentir y que pensar, pero evitando siempre los resortes de lo ya dicho, lo ya visto o lo que solo busca el nudo en la garganta. Hay simetrías, analogías, símbolos y referencias al mundo actual (y al pretérito) que acompañan, casi sin que se note, el centro de esta historia sobre dos seres heridos que encuentran en la compañía silente del otro una extraña y delicada dulzura. No sé si el buen hacer de Javier Marco será apreciado por los oficiantes de las ceremonias oscarinas y goyescas, pero los que entendemos de primaveras sabemos que quienes miran el asfalto de las carreteras transitadas no suelen ver la belleza delicada de las amapolas que tienen cerca.
